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domingo, 30 de septiembre de 2018

Peruanos en el Holocausto

PERUANOS EN EL HOLOCAUSTO




El genocidio de judíos cometido por el régimen nazi durante la II Guerra Mundial es uno de los tantos temas que me apasionan y no por el morbo que este tema genera, sino porque me parece increíble lo que se hizo contra esta comunidad sin que alguien haga algo por evitarlo, aún ocurriendo en sus propias narices. el otro tema que acapara siempre mi atención es buscar el protagonismo de peruanos en los grandes acontecimientos mundiales y este no es la excepción. ¿Cómo? ¿Acaso hubo víctimas peruanas en este trágico acontecimiento? La respuesta es un rotundo SÍ. 

El primero que ha tratado el tema ha sido el periodista Hugo Coya, a quien ya me he referido en diversos artículos previos. Su libro pionero "Estación final" nos presenta muchas historias de peruanos residentes en Europa al momento de la guerra, que fueron asesinados solo por ser judíos. 

Es por ello que esta vez reproduciré -con ligeras modificaciones- un artículo del autor publicado por el diario El Comercio el 15 de mayo del 2016.


PERUANOS CAMINO AL ESPANTO (*)







La maldad del tiempo destruye y reconstruye todo hasta que la memoria se torna frágil, incierta, transformándose en distorsión, olvido. Los momentos amargos se edulcoran, cambian de tonalidad, se matizan, apaciguan culpas y hacen más ameno el pasado. La historia se vuelve relativa, inexacta, depende apenas del trazo de quien escribe. Solo los testigos impiden la deformación de los acontecimientos porque pueden narrar en primera persona qué sucedió, sin concesiones ni atenuantes. La maldad del tiempo transforma a los seres humanos también en pasajeros de un destino ignoto, cuya única certeza siempre será la muerte, indescifrable, irreversible y lacerante.

La maldad del tiempo borra huellas, diluye sensaciones, imágenes, testimonios, como viene ocurriendo con los pocos testigos que aún quedan del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. 

(1) El exterminio de millones de judíos en la II Guerra Mundial perpetrado por la Alemania nazi es uno de los acontecimientos más terribles de la historia de la humanidad y tal vez el más negro de todos. Y aunque hayan fotos, vídeos, libros y hasta sobrevivientes que atestigüen que esto sí ocurrió, existen muchas personas interesadas en negarlo, aduciendo que todo es un montaje cuidadosamente planeado por el sionismo estadounidense para desprestigiar al nazismo alemán y esencialmente a su líder, Adolfo Hitler, amparándose en que cada vez son menos los sobrevivientes de tan macabro acontecimiento. La mayoría de sobrevivientes testigos de tales atrocidades ya falleció. Solo quedan aquellos que en ese momento eran muy jóvenes y que hoy bordean las seis y hasta siete décadas de edad. ¿Qué pasará cuando el último testigo haya fallecido? ¿Se llegará al extremo de creer que todo fue una invención? ¿Que nunca ocurrió? ¿Que todo lo que se dijo fue mentira? De ser así, se estaría dando paso a que algo similar vuelva a ocurrir.


PERMANENTE RECORDATORIO 
La reciente muerte de Victoria Barouh Avayü, conocida por su nombre de casada como Victoria Weissberg pone en relieve esa tamática situación que nos priva de una mujer cuya simple existencia poseía un carácter extraordinario para la historia nacional y del mundo, al haber sido la única persona nacida en el Perú que sobrevivió a este espeluznante capítulo. A sus casi 91 años, su corazón dejó de latir el 29 de abril de 2016, debido a una insuficiencia cardíaca congénita en su casa de Miami, cuando se celebraba el séptimo día de la Pascua judía, religión que profesaba y que la hizo conocer el infierno nazi, y a la que se aferró para seguir existiendo.

“Creo que Dios le dijo: ‘¡Suficiente!’. Y se la llevó”, me dijo su hijo León al informarme, acongojado, su partida.
   
En la única serie de entrevistas que concedió, Victoria me relató cómo pudo esquivar la muerte que la amenazaba a cada instante en los cuatro campos de concentración en los que estuvo. “Durante todo ese tiempo traté de no pensar en el hambre, en la gente que iba muriendo alrededor, en el miedo, en la soledad, en mi familia, en la vida... Pensar podía ser peligroso”, me dijo, quebrando un silencio que se había impuesto sobre ese terrible episodio y que no se había atrevido a compartir, con todos sus detalles, durante más de sesenta años ni siquiera con sus propios hijos. El ser humano guarda en lo más profundo de su mente los momentos más atroces para no enloquecer y continuar andando.

Con el paso de los años y, en un intento por sanar las profundas heridas, regresó a Auschwitz y recorrió ese que fue el antepenúltimo campo de la muerte en el que estuvo antes de ser transferida al de Bergen-Belsen; luego como trabajadora-esclava en Alemania; y, finalmente, a Theresienstadt (Hoy llamado Terezin), en la otrora Checoslovaquia, donde los británicos la liberaron a fines de junio de 1945. 


Añadir leyenda

Exhibiendo orgullosa el número A-7085 que le tatuaron los nazis en su brazo derecho al convertirla en prisionera, Victoria Weissberg, sus hijos, nietos y bisnietos volvían todos los años a Auschwitz —cada vez que su salud se lo permitía— para participar en la llamada Marcha por la Vida, junto a unas doce mil personas provenientes de todo del mundo. Este tipo de peregrinaciones es común en muchos sobrevivientes del holocausto. 

(2) Campos como Auschwitz, Sobibor, Ravensbruck, Sachsenhausen, Dachau o Treblinka -por mencionar solo los más conocidos- anualmente son visitados no solo por turistas curiosos sino por cada vez menos sobrevivientes del holocausto judío perpetrado por los nazis en el II Guerra Mundial. Y no es que se trate de masoquismo puro, sino que para ellos tienen una significación muy especial; en ellos perecieron sus padres, hijos, hermanos, esposos y demás familiares y amigos solo por el hecho de ser judíos. Para ellos, visitar los "campos de la muerte"  es rememorar el pasado, un pasado violento, lleno de injusticias y muerte solo porque a los ojos del nazismo, eran el mayor enemigo de la humanidad, unos parásitos de raza inferior y por tanto, merecedores de ser exterminados.
    


Estaba orgullosa por haber sido una de las pocas personas que logró salir con vida del mayor campo de exterminio de la Segunda Guerra Mundial, puesto que otro millón cien mil personas no pudo hacerlo, de las cuales el 90% profesaba la religión judía. El otro 10% fueron católicos, Testigos de Jehová, homosexuales, gitanos, disidentes políticos, personas con deficiencias físicas y miembros de alguna etnia que no fuese aria (Eslavos por ejemplo). 

La mayoría de esas víctimas perdió la vida por el hambre, los trabajos forzados, las cámaras de gas, los hornos crematorios, los experimentos médicos, las enfermedades sin atención, las sesiones de tortura o los balazos.

(3) Muy pocos saben que la "Solución Final" también apuntaba al exterminio de otros grupos étnicos considerados inferiores, entre ellos los Gitanos o Romaníes, que por su condición de nómades, de origen incierto, estaban mal visto en la sociedad, especialmente por considerar que se dedicaban al pillaje, al secuestro y a la adivinación. Los Eslavos por su parte, a pesar de ser europeos y blancos, también estaban en la "lista negra" del nazismo. Se les consideraba inferiores y merecedores de muerte. Esta es la razón por la que Hitler fue tan dura en la invasión a Europa Oriental donde millones de rusos y polacos -por mencionar solo algunos- fueron brutalmente masacrados. Por último, los Testigos de Jehová (adoradores de un "dios falso"), los disidentes políticos y hasta los homosexuales, fueron recluidos en estos infames campos. Y no es que todos hayan muerto en las cámaras de gas, un gran npumero pereció por los malos tratos, las torturas, el trabajo extenuante y las epidemias, que eran bastante comunes dado el hacinamiento, la mala alimentación y las condiciones insalubres en las que vivían.

OTROS TESTIGOS
La historia de Victoria no es la única de una persona nacida en nuestro país que pasó por los campos de concentración. 

La vida de Héctor Levy Wurmser fue forjada también por el sudor, la sangre y el fuego. Nació en San Luis de Cañete, el 7 de junio de 1898, debido a que su padre —Nathan— llegó de Francia para instalar una fábrica dedicada a la producción industrial de azúcar. Mientras su padre trabajaba en la hacienda Casablanca y su madre ayudaba en la enfermería en la misma finca, Héctor aprendió a hablar en español, disfrutó sus primeros años de vida, aprendió a leer y escribir, creció y formó una familia. 

La vida lo condujo a París y creyó que por haber servido a Francia como miembro del ejército durante la Primera Guerra Mundial no le pasaría nada junto a su esposa e hijos. Por ello, se negó a enviarlos a Argelia (colonia francesa en el Norte de África considerada segura), donde huyó el resto de su familia al estallar la guerra. Los hechos le demostrarían cuán equivocado estaba.

Su esposa Irene y sus dos pequeños hijos fueron arrestados junto con él por las propias autoridades colaboracionistas francesas y enviados a Auschwitz. Gerard (de cuatro años) y Michelle (de apenas siete meses de nacida) son las víctimas más jóvenes que el Perú posee en los registros de la Segunda Guerra Mundial. Su esposa y los padres de Héctor murieron en las cámaras de gas y él fue fusilado, a modo de escarmiento, al reclamar un poco de agua y alimento para los prisioneros tras dos días ininterrumpidos de trabajos forzados. 

(4) Francia fue rápidamente derrotada por Alemania. No fue ni la sombra de ese país que combatió en todo momento a Alemania en la I Guerra Mundial. Tal fue el impacto que causó el que haya sido sorprendida exactamente con la misma estrategia con la que Alemania atacó en la I Guerra Mundial (por la frontera belga) que no se pudo recuperar y prefirió capitular. Se formó un gobierno provisional conocido como la "Francia de Vichy", donde gobernaba el General Phillipe Pétain, héroe de la I Guerra Mundial, pero que ahora había pactado con Hitler, dejando a su merced gran parte de su país. Su gobierno fue abiertamente colaboracionista con el nazismo, al punto de perseguir y entregar a los alemanes a todos los judíos que habitaban el territorio que él controlaba. Los Levy fueron víctimas de esta actitud servil y discrimitatoria de Pétain.

La calle en la que nació en San Luis de Cañete lleva actualmente su nombre, un recuerdo de su paso por este mundo, de sus penurias, sus alegrías, sus tristezas; de todo aquello que hicieron sus padres y familiares para llegar a nuestro país.



Por su parte, los hermanos limeños Eleazar y Jabijo Assa Adout fueron, asimismo, capturados el 23 de marzo de 1943 en sus casas de Marsella, y obligados a tomar el convoy número 52 con destino al campo de exterminio de Sobibor (Polonia), donde llegaron tres días después. El convoy estaba formado por 994 personas y, como mínimo, murieron 950 de ellas al llegar, cuando fueron gaseadas. 





Apenas 44 personas de este convoy se salvaron de morir en la cámara de gas, entre ellas, estos hermanos peruanos, quienes más tarde ofrecieron su vida a cambio de salvar a centenares, cuando se encargaron de abrir las puertas principales —a sabiendas de que ello representaba una muerte segura— en el más exitoso levantamiento en un campo de concentración, el 14 de octubre de 1943. 

Otros peruanos asesinados en Auschwitz fueron los primos Jaime, Rosita y Florita Lindow, muertos porque sobrepasaban los sesenta años. Ellos forman parte de la legión cercana a los sesenta millones que murieron en la Segunda Guerra Mundial.

LA HEROÍNA
En esa época de espanto y barbarie sin límites, una persona nacida en nuestro país, sin embargo, dio uno de los más hermosos ejemplos de solidaridad y altruismo. Magdalena Truel Larrabure abandonó su condición de mera espectadora de los atropellos en el París ocupado por los nazis para unirse a la Resistencia francesa, impulsada por su fe católica, a sabiendas de los riesgos que corría y del hecho de que podía escapar, ya que no tenía restricción alguna para regresar al Perú. 

Se transformó en una de las mejores falsificadoras de documentos del grupo clandestino de franceses que luchaban contra los invasores, salvando de una muerte segura a centenares de niños judíos, miembros de la Resistencia y soldados aliados para que pudieran infiltrarse en las líneas enemigas sin ser descubiertos. 

Fue detenida en la capital francesa el 19 de junio de 1944, cuando acudió a uno de los locales de la Resistencia para recoger un poco de tinta. Después fue conducida al campo de concentración de Sachsenhausen y murió el 3 de mayo de 1945 durante una de las llamadas ‘marchas de la muerte’. Se encuentra sepultada en el cementerio de Stolpe, en Alemania.

Su historia había permanecido oculta durante décadas hasta que pude conocerla y plasmarla en mi libro Estación Final, abriendo paso para acabar con esa maldad que impregna el tiempo. En breve, la historia comenzará a hacerle justicia.

Un grupo de productores de Hollywood leyó mi obra y prepara una película que permitirá que el mundo conozca a esta entrañable mujer. Por su parte, el escritor Raúl Tola acaba de concluir una novela basada en su historia y yo me encuentro inmerso en la escritura de otro libro que permita revelar hechos aún desconocidos sobre su vida.

PIEZA CLAVE 
El periodismo, el cine y la literatura son los guardianes de la memoria colectiva, agentes que rechazan tenazmente el olvido y el punto final. Son convocadores constantes de un interminable ejercicio de recordación que muestra cómo fueron aquellos caminos de destrucción para que la humanidad no vuelva a deambular por ellos.

Caminos como los que recorrió la peruana de origen arequipeño Elvira Josefina Concepción de la Fuente Martínez, cuya participación en la Segunda Guerra Mundial comenzó a ser conocida el 12 de agosto del 2005, cuando los Archivos Nacionales Británicos desclasificaron su expediente. 

Elvira había sido una de las pocas integrantes de una compleja red de espionaje usada por Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial denominada Comité XX o Doble Cruz. Estuvo formada por agentes dobles que trabajaban para Gran Bretaña y cuya misión era proporcionar información falsa sobre los aliados a los nazis para que estos últimos realizaran acciones bélicas erradas. 

Con una biografía intensa en la que desafió la moral, las costumbres y las tradiciones de la época, Elvira contribuyó a la derrota definitiva de los nazis al desinformar acerca del lugar exacto del desembarco de Normandía y, además, de salvar a Londres de un inminente ataque con armas químicas. Pieza clave de la mayor operación de engaño jamás ideada durante un conflicto, y que terminó por derrotar a Hitler y sus huestes. 

EL JUSTO
Esa maldad del tiempo que ha permitido desconocer el caso del cónsul del Perú en Suiza, José María Barreto, quien contravino las órdenes expresas del gobierno de no conceder visas ni documentos a los judíos en 1938. Sin recibir nada a cambio, Barreto emitió pasaportes peruanos para 58 judíos, incluyendo 14 niños que se encontraban prisioneros en Vittel (Francia), y estaban listos para ser deportados a los campos de exterminio. En 1943, la Policía suiza descubrió uno de esos pasaportes a nombre del judío alemán Gunther Frank y lo comunicó a la cancillería peruana.

El diplomático fue destituido de inmediato, murió en la miseria y, décadas después de conocerse su historia, se transformó en el primer peruano en ser declarado Justo de las Naciones en el 2014, título que ostenta una pequeña minoría que supo mantener la piedad cuando todo rastro de humanidad había desaparecido, como ocurre siempre en las guerras. 

Verdugos, luchadores, víctimas, testigos de una barbarie que siempre, como todo recuento tamizado por la maldad del tiempo y del espacio obliga, algunas veces, a menciones simplistas, repletas de lapsus y lagunas. 

HISTORIAS TAMBIÉN NUESTRAS
Con el paso de los años, supervivientes como Victoria desaparecerán del todo al igual que nosotros, que zarparemos también en este barco que es la vida, aunque su travesía perdurará en los vestigios que dejen y que nosotros olvidemos sobre ellos. Solo sus recuerdos y quienes podamos reproducirlos serán una lucha constante contra el olvido, una auténtica victoria contra la muerte. Porque, al final, nadie estará realmente muerto mientras su recuerdo permanezca vivo.

En el Holocausto, una ideología criminal suprimió la vida de millones de personas, y debemos recordarlas una y otra vez para que no se repita. 

“Tengo más recuerdos que si tuviera mil años”, decía el poeta francés Charles Baudelaire para recordar la lucha permanente de los hombres contra esa maldad del tiempo que nos condena inexorablemente a la amnesia.

Si dejamos que el tiempo borre la historia, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos no podrán decir como el poeta Roland Dubillard: “estoy seguro de que mi muerte me recordará algo...”.

La historia es compleja y una gran tragedia nunca puede ser interpretada apenas mediante estereotipos reduccionistas o cifras, dejando de lado sus causas, orígenes, contexto político, económico y social, como los de aquella crisis que gestó un régimen racista, xenofóbico y homofóbico para convertir a Alemania, Europa y el resto del mundo en un gigantesco campo de batalla. Los testigos evitan esas distorsiones y nos lo recuerdan siempre.

Después de todo aquello que ya conocemos, existen aún personas y organizaciones en diferentes partes del mundo que se niegan a reconocer lo ocurrido o que lo ponen en duda. Los extremistas políticos y religiosos discurren aquí y en otras partes del mundo con sus ideologías plagadas de odio, de segregación, de marginación, de discriminación al diferente.

Las historias de Victoria, Magdalena, Elvira, José María y de todos los que sufrieron los estragos de los conflictos también son nuestras. Representan una advertencia constante acerca de las amenazas que surgen cuando los fanáticos se aproximan y detentan el poder. 
“La gente no debe dejar de luchar. Incluso cuando se piense que no hay salida, siempre habrá una razón para volverse a levantar. Siempre habrá una esperanza para seguir adelante”, fueron las últimas palabras de Victoria antes de acabar de contarme su historia. Ella partió y, muy pronto, no quedará ningún testigo vivo de la Segunda Guerra Mundial porque la maldad del tiempo avanza sin pausa.

El silencio y el olvido se tornan indiferencia y aumentan el riesgo de que el mundo avance en dirección a ese pasado de barbarie. La amnesia puede hacer que se repitan estos terribles acontecimientos y que los supervivientes del Holocausto sigan abandonando este mundo sin la certeza de que su historia no se repetirá.











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(*) Hugo Coya, Peruanos camino al espanto, diario El Comercio, 15/05/16

lunes, 17 de septiembre de 2018

Peruanos en el "Día D"

En un campo de entrenamiento en Canadá aparecen nuestros compatriotas George Sanjinez (1), Luis Chirichigno (2),Arnoldo Zamora (3), Carlos Pérez Barreto (4) y Carlos Oyangúren (5), junto a otros voluntarios que partirían al norte de Francia para liberar Europa del dominio nazi. 
LOS PERUANOS DE NORMANDÍA

Desde que empecé a escribir este blog me propuse destacar la presencia del Perú –o mejor dicho, de los peruanos- en la historia mundial, y así lo he hecho. Francisco de la bodega y Quadra, Túpac Amaru II, José Santos Chocano son solo algunos. Dentro de este rubro, busqué destacar la participación peruana en el conflicto bélico más importante de toda la historia, la II Guerra Mundial. Y es precisamente en ella, donde mayor presencia de peruanos he hallado y sobre los cuales he escrito en su momento sendos artículos. Madeleine Truel, Elvira Chaudoir, Ernesto Pinto Bazurco, José María Barreto y George Sanjinez Lenz fueron los primeros.  Precisamente es sobre este último que volveré a escribir, pues este domingo 16 de setiembre de 2018, el diario El Comercio, aprovechando el 79° aniversario del inicio de la II Guerra Mundial (1/09/39), publicó un artículo dedicado a los peruanos que desembarcaron, como parte de las tropas aliadas, en la costa de Normandía, en la operación militar más grande de toda la historia, que habría de durar entre el 6 de junio y el 20 de agosto de 1944 y que significaría el inicio del fin del régimen nazi de Adolfo Hitler.







“Las balas trazaban el cielo en la playa de Courseulles-sur-Mer, en Normandía. Habían pasado varios días desde el Día D [6 de junio de 1944], pero los combates estaban lejos de terminar. Saltamos a un mar helado lleno de cadáveres. La mayoría había recibido disparos en las piernas y brazos y habían quedado desangrados mientras intentaban regresar nadando a los botes que estaban a 5 kilómetros de la orilla. Vi caer al primer compañero del cuarto pelotón. Mi pelotón. Mi amigo. Cuando llegamos a tierra aún quedaba un campo lleno de minas, un alambrado de púas y un acantilado de 30 metros de alto. Eso sin contar a los soldados, cañones y ametralladoras”.
A sus 101 años, Jorge Sanjinez revive una escena que lleva casi ocho décadas en su memoria. Él formó parte de la Brigada Pirón en el desembarco de Normandía, un grupo compuesto por unos 2.200 soldados que se enrolaron en las Fuerzas Belgas Libres, tropas que lograron escapar de Bélgica y unirse a los aliados luego de que el rey Leopoldo III capitulara ante los nazis en mayo de 1940.
En tierras sajonas, las filas belgas pasaron a estar bajo el mando del Ejército Británico y fueron rebautizadas en honor al mayor Jean Baptiste Pirón, un experimentado soldado que había combatido en la I Guerra Mundial y los entrenó en bases de EE.UU. y Canadá.
Sanjinez fue uno de los cinco peruanos que llevaron el uniforme de esta brigada. Carlos Pérez-Barreto y Carlos Oyanguren desembarcaron a su lado aquella tarde de agosto. Desde Londres, el chiclayano Luis Miguel Chirichigno y el puneño Arnoldo Zamora coordinaban la logística del batallón y a la vez sobrevivían a los incesantes bombardeos nazis sobre la capital inglesa. El francés André Layseca, que había llegado a vivir al Perú pocos años atrás, se encontraba en la Segunda Compañía Motorizada.
— Camino a la guerra—

Cada uno fue a la guerra por razones distintas. Sanjinez por aventurero, Layseca quería vivir un combate y Chirichigno quería conocer Europa.
Barcos con voluntarios chilenos y argentinos recogieron a los peruanos del puerto del Callao en enero de 1943, atravesaron el canal de Panamá, hicieron una corta escala en Cuba y desembarcaron en Nueva Orleans. Luego, recorrieron la costa este de EE.UU. en trenes, hasta llegar a Montreal, donde fueron entrenados por seis meses. Tras ello, se embarcaron en el transatlántico Queen Mary con destino a Irlanda. Desde ahí un ferry los llevó a Liverpool y finalmente se agruparon con las fuerzas belgas en Londres en setiembre de 1943.
Casi un año después, partieron hacia Normandía a bordo de cuatro acorazados .
Libretas militares de la Brigada Pirón
Registraba datos personales, ascensos y sanciones


“[La noche que partimos] un comandante nos dijo que saldríamos a hacer un entrenamiento de playa. ‘Vamos a demorar cuatro días, lleven todas sus cosas’, dijo. Luego llamaron a una reunión y dijeron: ‘Señores, esto no es un entrenamiento, esto es Normandía’. Todos estábamos pálidos”, cuenta Sanjinez a El Comercio.
—En el terreno—

La misión que tuvo la brigada fue clara: debían recuperar la costa francesa del control nazi.
Pese a que Sanjinez asegura que desembarcaron 17 días después del Día D, la bitácora que conserva la Real Federación Nacional de Veteranos detalla que la Brigada Pirón llegó en dos grupos a las 10:00 a.m. del 7 de agosto a las playas de Arromanches [Gold Beach] y Courseulles [Juno Beach].
El 17 de agosto, la Brigada Pirón recuperó Franceville en el marco de la operación Paddle. Avanzaron por la costa francesa hasta que el 29 de agosto atravesaron el río Sena, donde recibieron la orden de dirigirse a la frontera con Bélgica. El 4 de setiembre participaron en la liberación de Bruselas del control nazi.
“Cuando terminó la guerra en Francia, él [André Layseca] entró al pueblo donde nació. Todas las chicas salieron a abrazarlo, le aventaban flores, como a un héroe. En eso, su madre salió y ¡jua! le mandó un par de cachetadas. ‘¡Qué haces acá! ¡Te van a matar!’, le dijo”, cuenta Violeta De Negri, viuda de Layseca.
La labor de la brigada continuó hacia Holanda y Alemania antes de desactivarse.
Tras retirarse, Sanjinez se quedó un tiempo en Inglaterra, ganando unos pocos centavos. Regresó al Perú en 1946 y tras dos años desempleado consiguió trabajo en la antigua compañía telefónica. Fue despedido al poco tiempo, pero luego entró a trabajar a la empresa Faucett, donde llegó a ser gerente comercial. Actualmente vive en Pucallpa.
Layseca decidió retomar su aventura. Volvió al Perú, conoció a su esposa, con quien tuvo dos hijas, trabajó en un par de haciendas, incursionó en la industria pesquera y laboró en hoteles y clubes antes de aceptar un empleo en albergues de la selva, donde trabajó hasta poco antes de fallecer. Chirichigno vivió en Londres, Liverpool, volvió al Perú y finalmente se mudó a las Islas Canarias, donde falleció un mes antes de cumplir 97 años. Zamora, quien se casó con la hermana de Chirichigno, volvió al Perú para trabajar como periodista hasta su muerte, a los 90 años. A excepción de Sanjinez y Layseca, el resto murió sin recibir condecoraciones.
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LOS QUE PARTICIPARON EN LA GUERRA
Jorge Sanjinez
(24/1/1917 - Moquegua)
El único miembro vivo de la brigada. A los 25 años se enroló en el ejército belga. Ha recibido media docena de medallas, la última fue la Legión de Honor en grado de caballero, que le entregó el Gobierno Francés en el 2017.
André Layseca
(14/2/1918 - Blingel, Francia )
Tras la guerra volvió al Perú y fue recibido como un héroe, pero siempre se negó a hablar sobre la guerra y evitó que sus hijas vieran películas bélicas. Mantuvo una fuerte amistad con Sanjinez hasta su muerte, en el 2010.
Luis M. Chirichigno
(6/7/1918 - Chiclayo)
Formó parte de la división de tanques del batallón de artillería del Ejército Peruano durante el conflicto con Ecuador de 1941. Tres años después se alistó en la Brigada Pirón por el simple deseo de conocer Europa.
Arnoldo Zamora
(25/10/1917 - Puno)
A los 27 años se enroló en la Brigada Pirón y conoció a Chirichigno. Ambos estuvieron a cargo de la logística desde Londres. A su regreso trabajó de periodista. Jaime Bayly lo incluyó en su libro “Los últimos días de La Prensa”.
Carlos Pérez Barreto
(6/6/1920 - Lima)
Vivió en la hacienda San Andrés, en Trujillo, y trabajó como mecánico. Según su libreta militar, formó parte de la Segunda Unidad Motorizada de la Brigada Pirón y se habría mantenido vinculado al ejército belga hasta 1954.
Carlos Oyanguren
(Desconocido)
Registros de la guerra dan cuenta de su participación en las filas de la Brigada Pirón. Según Sanjinez, Oyanguren se ahogó durante el desembarco. El Comercio no pudo comprobar esa versión.
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Investigación
Reconstruyendo los pasos de los héroes
Las historias de estos soldados se guardan hoy en la Real Federación Nacional de Veteranos de la Brigada Pirón. Esta asociación, con sede en Bruselas, mantiene el registro de las misiones que cumplió cada uno. El Comercio tuvo acceso a las libretas de matrícula de nuestros compatriotas y a partir de ellas contactamos a los familiares de Layseca, Chirichigno y Zamora, además de Sanjinez, a quien entrevistamos en enero del 2016, un año antes de que el Gobierno Francés le otorgara la Legión de Honor en grado de caballero.
No fue posible ubicar a familiares de Pérez Barreto. De Oyanguren no hay registro más allá de su nombre.

Entrevista A José Mogrovejo, Historiador
“LAS FIGURAS DE ESTOS HÉROES NOS DEBERÍAN SERVIR COMO EJEMPLO”
— ¿Cuán importante es saber que estos peruanos participaron en el desembarco de Normandía?

Es importante para comprender que la historia no solo debe ser entendida a nivel de nación. Es necesario que empecemos a recopilar experiencias individuales porque al fin y al cabo son las que trascenderán en la sociedad. Por ejemplo, hay un colegio en Pucallpa y otro en Arequipa con el nombre de don Jorge Sanjinez. Las figuras de estos héroes nos deberían servir como ejemplo.
— Sobre todo porque, a fin de cuentas, representaron a toda la nación durante el conflicto.

Sí, en cierta medida llevaron un carácter de peruanidad consigo. Pero, además, cuando uno escucha la impresión que los europeos tenían sobre cómo actuaba o pensaba Jorge Sanjinez les sorprendía, pero lo aceptaban. Eso también es importante porque las diferencias fueron las que causaron la división de Europa en un momento, pero finalmente las diferencias en sus filas terminaron uniéndola nuevamente.
— ¿Por qué dejamos que cayeran en el olvido estos héroes?

Porque hemos estado tan acostumbrados a mirar a la historia en base a los grandes acontecimientos que dejamos de lado las pequeñas historias que se desarrollaron durante esos eventos.
— Varios de estos peruanos fueron criticados por no participar en el conflicto contra Ecuador de 1941

No es el deber de la historia juzgar sino entender.



miércoles, 31 de enero de 2018

José Santos Chocano

CHOCANDO CON CHOCANO



Cuando hablamos de José Santos Chocano pensamos inmediatamente en su faceta de poeta, autor de hermosos versos como Alma América o Blasón, sin embargo, tiene otra faceta menos conocida, que ha terminado en el olvido, pero que fue parte esencial en su vida, puesto que le ganó tantos enemigos, y no solo en Perú.

Joven arrogante, impulsivo
y polémico
Siendo los peruanos tan poco dados a reconocer los méritos de nuestros escritores antes de que estos pasen a integrar la gran comunidad universal de los occisos, resulta extravagante que el autor más celebrado oficialmente de toda la historia nacional, José Santos Chocano, haya sido uno de los más olvidados por los lectores en las últimas décadas.

Puede que su fastuosa egolatría haya determinado que las generaciones recientes pasen por alto su lectura. Por eso, más allá de las escasas simpatías y múltiples animadversiones que su pronunciado individualismo le acarreara, es cierto también, que su poesía ampulosa, grandilocuente y festiva pasó rápidamente de moda después de la I Guerra  Mundial de 1914.

La primera vez que estuvo ante un pelotón de fusilamiento fue en 1894, cuando los versos que escribía en el periódico La Tunda, en contra del gobierno del presidente Justiniano Borgoño lo llevaron a las mazmorras submarinas del Real Felipe, y con apenas 19 años se llevó el susto de su vida ante el simulacro que pretendía hacerlo presa del pánico. Liberado después del triunfo de la revolución pierolista de 1895, sería secretario del presidente Manuel Candamo y concesionario de la imprenta del Estado donde publicaría Iras Santas (con tinta roja) y En la Aldea (con tina azul). Un año después (1896) publicaría (luego de su boda con Consuelo Bermúdez) el poemario nupcial Azahares.

Presidentes peruanos: Manuel Candamo (su protector), Justiniano Borgoño (quiso fusilarlo), Augusto B. Leguía (protector y admirador) y Luis M. Sán Cherro (rechazó sus servicios).

En 1899, Chocano recibe el encargo del Presidente Eduardo López de Romaña de viajar a Centroamérica para difundir la idea de un Arbitraje Obligatorio para resolver los problemas limítrofes. Conocerá Guayaquil, Panamá, Costa Rica y al dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera, de quien luego diría, acorde con su petulancia habitual: “Lejos de solicitar yo su amistad, Estrada Cabrera solicitó la mía”.

Chocano veinteañero
El Presidente Candamo lo nombra Cónsul en Centroamérica. Como tal, buscó el acercamiento entre Estrada Cabrera y el presidente salvadoreño Pedro José Escalón, para tratar un litigio de límites, evitando la guerra por lo menos por tres años. Después será nombrado Cónsul General en Bogotá y convenció al gobierno colombiano a someter al arbitraje del Rey de España el litigio de límites con nuestro país. El repentino fallecimiento de Candamo lo aleja de la diplomacia, regresando a Mesoamérica, sirviendo al dictador nicaragüense José Santos Zelaya en su intento de construir un canal interoceánico por su territorio con los auspicios de Alemania. Al regresar a Lima abandona la misión para integrar la delegación peruana que buscaría el arbitraje real en el asunto de límites con Ecuador.

Infatigable en su sed de aventuras políticas terminaría vinculado al Presidente mexicano Francisco Madero, oficiando de su secretario personal y asesor político. Cuando Madero es asesinado por Victoriano Huerta, tendría que hacer frente por segunda vez a un pelotón de fusilamiento, aunque no está confirmado. Chocano solía alardear diciendo que cuando le preguntaron por su último deseo dijo “Tener un hijo”. El dictador le trajo una prostituta, pero la rechazó diciendo: “No habré de darle al mundo un hijo de mala madre, pues ya basta con el militar golpista”. Le perdonaron la vida, pero lo expulsaron de México. Tras la caída de Huerta, regresaría a México para buscar los favores de Venustiano Carranza y Pancho Villa, a los cuales representará en EE.UU. para una serie de gestiones.

Gobernantes latinoamericanos con los que trabajó Chocano: Francisco Madero (México), Manuel Estrada Cabrera (Guatemala), Pedro José Escalón (El Salvador) y José Santos Zelaya (Nicaragua). todos se distinguen por su personalismoo y autoritarismo en el poder.

Cansado y envejecido, llegará a Guatemala donde conocerá a Margot Batres y se casará con ella. Allí permanecerá hasta la caída de su amigo, el dictador Estrada Cabrera. Tal derrocamiento le significará una nueva condena a muerte y su tercer pelotón de fusilamiento, del cual se salvará tan solo por el unánime respaldo de diversos gobiernos latinoamericanos, de la propia Corona española y de los más importantes y prestigiosos escritores, artistas e intelectuales de la época, muchos de ellos, sus amigos personales como Rubén Darío, Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Manuel Menéndez y Pelayo y Antonio Machado. Una vez más, se salvó de milagro.

Chocano en pose clásica

Emigró a Costa Rica, donde se enamoró de Margarita Aguilar, prima de su esposa, con quien se casó poco después luego de raptarla.

En diciembre de 1921 regresa al Perú después de dieciséis años de ausencia. Habían ya fallecido Manuel González Prada y Nicolás de Piérola, ídolos de su juventud, así como Javier Prado Ugarteche, su protector. A su arribo al Callao recibió la bienvenida de José Gálvez Barrenechea, César Vallejo José María Eguren y Luis Alberto Sánchez. Fue recibido generosamente por el pueblo y por el Presidente Augusto B. Leguía, quien gobernada desde 1919. El 5 de noviembre de 1922 fue coronado como El Poeta de América, en el Palacio de la Exposición (hoy Museo de Arte: MALI) por la Municipalidad de Lima (que además lo había nombrado Hijo predilecto de la ciudad) y los delegados de todos los Concejos Provinciales del Perú. La corona, compuesta por veinte hojas de laurel de oro macizo representaban a las veinte repúblicas latinoamericanas. Luego se hizo otra ceremonia llamada De la Consagración, al pie del recién inaugurado monumento a Bolognesi en la plaza que lleva su nombre, al cual arribaría Chocano después de recorrer todo el Paseo Colón con la corona de oro en su cabeza. Más vanidoso no podía ser.

El poeta con la corona de laureles de oro con la que fue reconocido como "El Poeta de América" y modeda conmemorativa

Después de su coronación, el poeta viajaría a Colombia, Guatemala, Costa Rica y Venezuela, país en el cual entabló una estrecha amistad con el dictador Juan Vicente Gómez. De regreso a Lima se suscitó una polémica, en mérito a unas declaraciones suyas donde había dicho que “…más le conviene al Perú una dictadura organizada que la farsa democrática en que se ha acostumbrado a vivir”. Obviamente se refería a la República Aristocrática y al gobierno de Leguía (que aún no era conocido como Oncenio), donde la democracia era un privilegio más que un derecho para todos; donde la elección de las autoridades estaba en manos de unos cuantos hombres ricos y la libertad de expresión estaba controlada por el gobierno. Este pensamiento sobre la conveniencia de las dictaduras sería plasmado en su obra Idearium Tropical, apuntes sobre las dictaduras organizadas y la farsa democrática.

Para el centenario de la Batalla de Ayacucho (1924), Chocano consiguió que el gobierno de Leguía le subvencionase la publicación de su libro El Hombre Sol. Trazo de una época panteísta, donde se incluía el poema Ayacucho y los Andes, con el que pretendía homenajear tan importante batalla donde se selló la independencia sudamericana. El libro era tan voluminoso que su precio de 70 soles resultó extremadamente alto, aún para la gente más pudiente. Por esos días, decidió fijar su residencia permanente en Lima junto a su esposa, la ex y la amante, una mujer española con la que tuvo un hijo.

Chocano en su madurez
Su opinión favorable hacia las dictaduras le ganó la crítica del escritor mexicano José Vasconcelos, que lo criticó a través de un artículo periodístico. La crítica no le cayó nada bien a Chocano, que inmediatamente escribió una virulenta réplica. El periodista peruano Edwin Elmore defendió al mexicano defensor de las democracias, provocando la ira del Poeta de América, quien, para atacarlo decidió atacar la memoria de su padre, un oficial peruano en la Guerra con Chile, combatiente de Arica, que, según se dice, fue el encargado de minar la plaza de Arica. Chocano lo acusó de traidor a la Patria y hasta de espía chileno, puesto que el minado no funcionó, permitiendo el rápido ingreso del ejército chileno a la ciudad. Fue un artículo lleno de insultos, calumnias y tergiversaciones en contra del padre del periodista. Incluso se dice que le llamó por teléfono diciéndole: “¡Aló!, ¿Hablo con el Traidor de Arica?” a lo que Elmore le retó a decírselo en su cara. Chocano se dirigió al diario El Comercio, donde Elmore trabajaba, al encontrarse en la puerta, Elmore le dio una bofetada; Chocano respondió con un disparo a quemarropa que le quitó la vida unas horas después, mientras estaba en el hospital. El poeta fue arrestado y recluido con todas las comodidades en el Hospital Militar. El Poder Judicial lo condenó a la ridícula pena tres años de prisión, pero el Congreso, de mayoría leguiísta, anuló el juicio, quedando inmediatamente libre para partir a Chile un tiempo después, ya que en Perú había muerto socialmente (le hicieron la Ley del Hielo).  Nunca se arrepintió del asesinato, incluso, se sabe que cada vez que podía, alardeaba del hecho y profería insultos e improperios contra la víctima y su padre. Después de la caída de Leguía a manos del Comandante Sánchez Cerro (1930), desde Chile, Chocano le escribe al militar golpista ofreciéndole sus servicios (recordemos su fascinación por las dictaduras). En sus cartas a Sánchez Cerro, ataca duramente a Leguía (a pesar de lo benévolo que fue con él), pero el nuevo Presidente rechaza su oferta, ganándose el repudio del autor.

Excéntrico y supersticioso como pocos, empezó a frecuentar a supuestos videntes y a todo aquella persona que asegurase tener poderes sobrenaturales (brujos, adivinos, clarividentes, médiums y otros más), que le ayudasen con las apuestas, que lo estaban dejando en quiebra, comprometiendo seriamente su estadía en Chile, donde lo que ganaba escribiendo para los diarios El Mercurio y La Nación le alcanzaba a las justas para mantener  a su familia. Incluso se podría decir que vivió en la pobreza. Estaba tan endeudado que hasta vendió su corona de oro. Con esta ayuda paranormal esperaba también encontrar un supuesto tesoro escondido de los jesuitas (según un mapa que había comprado a un timador) el cual buscó infructuosamente, por todo Chile. Esta obsesión no solo lo llevó a la ruina, también lo conducirá a la muerte.

En la tarde del 13 de diciembre de 1934, viajando en un tranvía de Santiago, fue apuñalado por la espalda por el chileno Martín Bruce Padilla. Herido de dos puñaladas en el corazón y dos en la espalda, Chocano falleció casi en el acto. No se sabe a ciencia cierta por qué lo mató. Algunas fuentes dicen que Chocano le contó mientras viajaban, del tesoro que estaba buscando y este lo habría matado por ambición. ¿Pero fue realmente ambición? ¿Podría haberlo matado para que no siga buscando el tesoro escondido?  ¿Fue un crimen por encargo?  ¿Fue un socio suyo que había quebrado por embarcarse en la aventura de buscatesoros de Chocano? ¿O fue simplemente un loco? Tal vez nunca se sepa.

Sus restos fueron trasladados a Lima en mayo de 1965, donde fue enterrado en el Cementerio Presbítero Maestro, en un metro cuadrado y de pie, tal como lo había escrito en uno de sus poemas, que calzaba preciso como epitafio y última voluntad. Si bien murió pobre, recibió el homenaje del Estado, pero la indiferencia literaria.

Edwin Elmore, víctima de los arrebatos de Chocano y Martín Bruce Padilla,
el loco chileno que asesinó al poeta.

Como dato curioso -sí, uno más- ¿Sabía que Chocano creó un nuevo Himno Nacional para nuestro país? Pues resulta que en 1901, el Presidente López de Romaña convoca a un nuevo concurso para cambiar la letra del Himno Nacional, puesto que algunos intelectuales y políticos consideraban que era ofensiva y hasta agresiva con España. Y como, desde 1866, con la victoria en el combate del 2 de Mayo, habíamos hecho las paces con la Madre Patria, ya no tenía sentido mantenerla, pues la realidad que reflejaba en ese tiempo (la de la independencia), ya había cambiado. Además, algunos españoles se sentían ofendidos con el mensaje que daban y el Rey de España era árbitro en nuestro problema de límites con Ecuador. Es así que se decide cambiar la letra del himno, pero sin modificar el coro.

Estampilla conmemorativa de los años 80

De las 20 composiciones que se presentaron, el 12 de diciembre de 1901, el jurado compuesto por Ricardo Palma, Andrés Avelino Aramburú y Guillermo A. Seoane, dio por ganador a Impromtu. Cuando abrieron el sobre que consignaba los datos del autor, resultó que era nuestro poeta. Las estrofas ganadoras fueron impuestas y los escolares la cantaron durante un aproximado de 10 a 12 años. Lamentablemente no fueron decretadas oficialmente por el Congreso, regresando al Himno Nacional anterior.


Himno Nacional
(Letra de José Santos Chocano)

Coro
Somos libres, seámoslo siempre,
Y antes niegue sus luces el sol.
Que faltemos al voto solemne,
Que la patria al Eterno elevó.

Estrofas

I

Si Bolívar salvó los abismos
San Martín coronó la altitud;
y en la historia de América se unen
como se unen arrojo y virtud.
Por su emblema sagrado la Patria
tendrá siempre, en altares de luz
cual si fuesen dos rayos de gloria,
dos espadas formando una cruz.

II
Evoquemos a aquéllos que un día
nos legaron eterna lección;
y ensalcemos, no en vanas palabras,
sino en hecho, la Paz y la Unión
¡Trabajemos! Las manos sangrientas
se depura en esa labor;
¡que la guerra es el filo que corta,
y el trabajo es el nudo de amor!

III
El trabajo nos ciñe laureles,
si la lucha nos dio libertad.
¡Trabajemos! ¡Abramos la tierra,
como se abre a la luz la verdad;
arranquemos el oro de las minas;
transformemos la selva en hogar;
redimamos el hierro en la industria
y poblemos de naves el mar!

IV
A vivir subyugados sin gloria,
prefiramos morir sin baldón,
que así sólo verán nuestros héroes
satisfecha su noble ambición.
¡Somos libres! gritaron los pueblos;
y la Patria fue libre a esa voz.
¡Cómo el Orbe salió de la Nada
a una sola palabra de Dios!


Tumba de Chocano en el cementerio Presbítero Maestro de Lima enterrado de pie.


En el siguiente enlace se puede acceder al programa HISTORIAS DETRAS DE LA MUERTE, episodio 09 LETRAS DE DUELO, sobre JOSÉ SANTOS CHOCANO



Sucedió en el Perú, programa dedicado a José Santos Chocano






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FUENTE:
“Chocano: El soberbio Ignorado” – Nicolás Yerovi. Revista Somos N°523, 14-12-96







viernes, 26 de septiembre de 2014

Jorge Sanjinez Lenz

EL ÚLTIMO VETERANO DE LA II GUERRA MUNDIAL


Única foto conocida de George Sanjinez Lenz tomada el 2008 cuando se dio a conocer su historia. En ella aparece mostrando las medallas y condecoraciones recibidas por su participación en la II Guerra Mundial

Uno de mis primeros artículos estuvo dedicado a Elvira Josefina de la Fuente, más conocida como Elvira Chaudoir, la peruana que contribuyó a la victoria aliada en Normandía enviando falsos mensajes secretos que fueron descifrados por los nazis, quienes, tomándolos por ciertos, desviaron su atención a la costa nororiental de Francia, en la frontera con Bélgica, pensando que el desembarco aliado sería en el paso de Calais, cuando realmente ocurrió en Normandía.

Precisamente hoy toco nuevamente el tema del Día D, apropósito del comentario que me hiciera un lector que me pedía averiguar más nombres de peruanos que hayan participado en esta guerra; fue así que buscando por internet, encontré la historia de George Sanjinez Lenz, un peruano que había participado en el desembarco aliado en Normandía y que aún se encontraba vivo. 

ENLISTAMIENTO
George Sanjinez vivía en Lima, era huérfano y no tenía familia conocida y trabajaba como cuidador de caballos en el antiguo hipódromo de San Felipe, que había sido inaugurado en 1938, reemplazando al de Santa Beatriz. Su vida transcurría tranquilamente hasta que el 30 de enero de 1941, su amigo Carlos Barreto Pérez, lo convenció de enlistarse como voluntarios en el Ejército de Bélgica, que en ese momento se encontraba luchando del lado de los aliados en la II Guerra Mundial, tratando de liberarse de la ocupación nazi. 

Como bien sabemos, el gobierno peruano, al mando del presidente Manuel Prado Ugarteche, hasta ese momento mantenía una posición neutral en la guerra, lo cual no significaba que voluntariamente muchos peruanos no se hayan enlistado en los diferentes ejércitos aliados para combatir la amenaza nazi. El resto de Latinoamérica, al igual que EE.UU., habían tomado la misma posición. Pronto todo cambiaría cuando el 7 de diciembre de 1941 aviones japoneses ataquen sorpresivamente Pearl Harbor, obligando a EE.UU. a participar activamente en la guerra y a los países latinoamericanos, a brindarle su apoyo.

En enero de 1942, partió a Europa junto a otros seis peruanos, cuatro argentinos y dos chilenos. Hicieron  escala en EE.UU. y luego en Canadá para desembarcar en Inglaterra. Tenía 25 años de edad. 


EL "DÍA D"
Estando en Inglaterra, tuvo que esperar dos años más para entrar en combate. Primero había que preparar a los voluntarios, que en su mayoría, nunca habían estado en una situación de guerra. A la cuarta semana del inicio de operaciones en Normandía, le tocó el turno de desembarcar como parte de la Brigada Pirón, compuesta por soldados de bélgica y Luxemburgo que en el exilio se unieron para participar del desembarco en la costa normanda, que se inició el 6 de junio de 1944, acción militar conocida como el Día D. Cuando su historia se dio a conocer el 2008, aún recordaba cómo tuvo que caminar entre cadáveres fusil en mano, en medio del fuego cruzado. 

Primero participó en la liberación de Francia y luego en la de Bélgica y Holanda, en la operación Market Garden, el 4 de setiembre de 1944. Fue tan destacada su participación, que el gobierno belga lo condecoró con la orden de Caballero del Rey Leopoldo III.  En Holanda también fue condecorado por su valor y heroísmo.

La Brigada Pirón desembarcó en Bélgica el 3 de setiembre, libera Bruselas junto a las tropas británicas al día siguiente y el 8 de setiembre la Brigada forma parte de la liberación de Lieja. Tras liberar otras localidades belgas, la fuerzas aliadas, entre las que se encontraba la Brigada Pirón –de la que formaba parte nuestro compatriota- se dirige a Holanda, participando en su liberación el 11 de abril de 1945.

En 1947 retornó al Perú y pese al tiempo, no dejó de frecuentar a sus compañeros de armas. En 1994 volvió a Europa por las celebraciones del 50 aniversario de la liberación de Bélgica, donde desfiló con ellos. 

Su historia se dio a conocer recién el 2008, cuando tenía 90 años. no he encontrado información más reciente sobre él. Posiblemente haya ya fallecido sin que se le haya dado el reconocimiento que merecía.

Foto de George Sanjinez Lenz publicada por el diario El Comercio, en la entrevista que le hiciera el 5 de enero del 2016.

Hoy, 20 de octubre del 2016, por casualidad encontré un artículo publicado en enero de este año por el diario El Comercio donde se entrevistaba a George Sanjinez Lenz.....¡Aún está vivo!!!!  

En ella, brinda más detalles de su vida y sobre todo, de su participación en la II Guerra Mundial, los nombres de los peruanos que lo acompañaron y su destino. Ya debe tener 98 años.

El artículo completo se encuentra en la siguiente dirección:

http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/yo-fui-uno-tres-peruanos-desembarco-normandia-noticia-1868202






Actualización 26/08/20

Hoy, nuevamente por casualidad encontré en internet la noticia del fallecimiento del señor Jorge Sanjinez Lenz a los 103 años de edad, el día lunes 24 de agosto de este año, en la ciudad de Pucallpa, donde residía desde hace un tiempo, y donde recibió la condecoración del gobierno francés. ¿La razón de su deceso? Cáncer pulmonar. 

Como se recuerda, el moqueguano nacido el 24 de enero de 1917, se enroló en el ejército aliado que participó en la liberación de Europa de las manos nazis en plena II Guerra Mundial, formando parte de la Brigada Pirón, una fuerza multinacional que participó en la liberación de Bélgica y Holanda y en donde participaron también otros peruanos.


Jorge Sanjinez Lenz (identificado con el número 1) junto a sus compañeros de la Brigada Pirón que partiría a la liberación de Europa. También aparecen los otros peruanos que participaron en la brigada de voluntarios: Luis Chirichigno (2), Arnoldo Zamora (3), Carlos Pérez Barreto (4) y Carlos Oyangúren (5)

13 de setiembre de 2019, fecha en que fue condecorado por
el Estado  francés en Pucallpa.

info complementaria:

http://www.impacto.net.pe/los-71-anos-del-dia-d/

http://e.elcomercio.pe/66/impresa/pdf/2010/04/25/ECTE250410z14.pdf

http://wwwunmundoperfecto.blogspot.com/2010/04/el-peru-y-la-segunda-guerra-mundial.html
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FUENTE:
"El peruano que desembarcó en Normandía: George Sanjinez Lenz, el ultimo latinoamericano vivo que combatió en la II Guerra Mundial"