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domingo, 28 de agosto de 2022

Nación y Raza

NACIÓN Y RAZA


Existen en la historia  innumerables ejemplos que  prueban con alarmante claridad  cómo, cada  vez que la  SANGRE ARIA  se mezcla con la de otros pueblos inferiores, la consecuencia fue la destrucción de la RAZA PORTAESTANDARTE de la cultura. La América del Norte, cuya población está formada mayormente por elementos germánicos que  apenas si   llegaron a confundirse con las razas inferiores de color, exhibe una cultura y una humanidad muy diferentes a las que  exhiben  América Central  y del Sur, pues allí los colonizadores, principalmente de origen latino, mezclaron con mucha liberalidad su sangre con la de los aborígenes. Si tomamos esto como ejemplo, fácilmente comprenderemos los efectos de la confusión racial. El  habitante germánico de América que se ha conservado puro y sin mezcla, ha logrado convertirse en el amo de su continente;  y lo seguirá siendo hasta que no caiga en la deshonra de confundir su sangre.

Todo lo que admiramos en el mundo -la ciencia, el arte, la habilidad técnica y la inventiva- es el producto creador de un número reducido de naciones únicamente, y en su origen quizá, el de una sola raza. La existencia misma de esta cultura depende de estas naciones. Si las mismas perecen, se llevarán consigo a la fosa toda la belleza de esta tierra.

Si dividiésemos a la raza humana en tres categorías -Fundadoras, Conservadoras y Destructoras de la cultura- sólo la estirpe aria podría ser considerada como representante de la primera categoría.

Cuando las razas arias invadieron a pueblos extraños que los superaban numéricamente (aunque tal superioridad no  representaba un obstáculo, pues tales pueblos estaban integrados por individuos de inferior categoría), comenzaron a desarrollar con ayuda del medio geográfico, las cualidades de inteligencia y organización latentes en ellos. En el transcurso de  algunos siglos, crean en el país y entre los pueblos que han conquistado, culturas que llevan originalmente el sello de su  propio carácter.


Judíos, comunistas y afro descendientes; dos minorías étnicas y una ideología política, víctimas del odio del nazismo. Hitler los consideraba los causantes de todo lo malo que le pasaba a la Alemania de la posguerra.  



Para que se  desarrolle una cultura superior,  es necesaria la existencia  de individuos de  civilización inferior, pues  nadie, sino éstos, podrían sustituir el instrumento técnico  sin el cual el progreso era inconcebible. En sus comienzos, la cultura  humana dependía menos, por cierto, del animal doméstico que del empleo del material humano de INFERIOR CALIDAD. No fue sino después  que las razas  conquistadas fueron reducidas a la esclavitud, cuando el  mundo animal  corrió  igual suerte;  lo contrario no fue jamás el caso, como muchos  podrían desear creer. Ya que  el primero en tirar del arado fue el  esclavo y después de él, vino el caballo.

El progreso humano es como la ascensión de una  interminable escalera; nadie  puede llegar a las  alturas sin haber  trepado antes el primer peldaño. De esta suerte, el ario tuvo que seguir la senda que le condujese a la realización   y no la  que existe en la fantasía de un pacifista moderno. Mas la senda que el ario debió pisar, estaba trazada con nitidez. Como conquistador  destronó a los  hombres inferiores, quienes trabajaron desde entonces bajo su dirección, con arreglo a  su  voluntad  y para la satisfacción de sus propósitos. Y al paso que extraía de sus súbditos una labor provechosa, aunque dura, no solamente aseguraba la existencia de los mismos, sino que les proporcionaba además, una existencia mejor que aquella de que disfrutaban bajo su titulada libertad.

Mientras el vencedor continuó sintiéndose amo, no solamente  pudo conservar su dominio, sino  que fue, además,  el propulsor de la cultura. Es así que los súbditos  comenzaron a elevarse y, probablemente, a asimilar el lenguaje del  conquistador, comenzando también a ceder la barrera que separaba a los Señores de los criados. Y el ario se volvió impuro.


Los gitanos o romaníes y los afro descendientes, estaban en la agenda racial de Hitler, destinados al exterminio. Los primeros, de origen incierto, eran despreciados por su cultura nómada, mientras que los segundos, procedentes de las colonias africanas de Alemania, eran discriminados, a pesar de ser alemanes de nacimiento. Por otro lado, los discapacitados, no solo eran vistos como la degradación de la raza aria, sino como una carga para el Estado, ya que éste, se hacía cargo de su tratamiento y manutención.


Se inundó en la  CONFUSIÓN DE RAZAS  y  fue  perdiendo  paulatinamente su  capacidad civilizadora  hasta  que  acabó  pareciéndose, tanto en la mente como en el cuerpo -mucho más que sus antepasados- a la raza aborigen que anteriormente había sido subyugada.  Es así como el  ario renunció a la  pureza de su sangre y  con ello al  derecho a permanecer en el  Edén  que  habría creado para sí mismo.

Así es como se destruyen los imperios y las civilizaciones y se hace lugar para nuevas creaciones.

La mezcla de la sangre y el menoscabo del nivel racial que le es inherente constituyen la única y exclusiva razón del hundimiento de las antiguas civilizaciones. No es la pérdida de una guerra lo que arruina a la humanidad, sino la pérdida de su capacidad de resistencia, que pertenece a la pureza de sangre solamente.


Edición alemana original del libro de Hitler, editado por Eher Verlag.


EL ANTÍPODA DEL ARIO ES EL JUDÍO. Es difícil que exista en el mundo  nación alguna  en la que el  instinto de la  propia conservación se halle tan desarrollado como en el "Pueblo Escogido". La mejor prueba de ello la constituye el hecho de  que esta raza continúe existiendo. ¿Qué pueblo ha experimentado en el transcurso de los últimos dos mil años tan contados cambios como los que exhibe la raza judía? ¿Qué otra raza ha debido soportar mudanzas más revolucionarias que las que ha  soportado ésta y ha logrado, no obstante, sobrevivir intacta a las más terribles catástrofes?  ¡Qué  bien expresan  estos  hechos su resuelta voluntad de subsistir y conservar el tipo!

Las cualidades intelectuales del judío se desarrollaron en el transcurso de los siglos (...) pero su capacidad intelectual  no es el resultado de la evolución personal, sino de la educación recibida de los extranjeros. Así, desde el  momento en  que  el judío no poseyó jamás una cultura propia, las bases de su actividad intelectual fueron suministradas siempre por otros.  En todos los períodos, su intelecto se ha desarrollado merced al contacto con las civilizaciones que le rodeaban. Jamás  ocurrió de modo contrario.


Dos ilustraciones que aparecían en textos escolares, donde se ven a judíos estereotipados, tratando de engatusar a una mujer alemana y a un par de niños arios. Ilustraciones como estas eran usadas para generar en los estudiantes, desde pequeños, un sentimiento antijudío, muy útil para formar futuros soldados para el Reich.


(...) Nada mueve al judío fuera del más puro interés personal; y a ello se debe que el ESTADO JUDÍO carezca por completo de confines. Porque, el concepto de un Estado  con fronteras definidas implica  siempre el idealista  sentimiento de una  raza dentro del mismo y, además, un concepto adecuado  del trabajo como idea.  Las muchedumbres que  desconocen este concepto carecen de ambición para formar o, siquiera, conservar un Estado con límites precisos.  No existe de  este modo  base para formar una cultura.

De esta suerte, la nación judía, con todas sus cualidades intelectuales evidentes, no posea una cultura verdadera, o por lo menos una que le sea peculiar. Porque  sea cual fuere la cultura que el judío aparente poseer, esta será propiedad  de  otros pueblos, corrompida, eso sí, gracias a sus manejos.

Es muy posible que el ario fuese originalmente nómada y que más tarde se hiciese sedentario;  esto es suficiente,  por si no existen otras pruebas para demostrar que el ario no fue judío. No, el judío no es nómada (...) El nómada poseía capacidad para formar ideales (...) En el judío, empero,  no existe tal concepto;  éste no fue jamás un nómada,  pero sí,  invariablemente un PARÁSITO en el cuerpo de otras naciones (...) ¡Su propagación misma en todos los rincones de la tierra  es un  fenómeno típico, común a todos los parásitos! El judío se halla permanentemente en busca de nuevos suelos donde nutrir su raza.


Carteles de propaganda que muestran a una mujer y un hombre con el biotipo ideal ario que Hitler deseaba para Alemania. Lo curioso es que Hitler no tenía la apariencia del ario alemán perfecto, que tanto pregonaba.


Su vida  dentro de otras naciones  podrá desarrollarse a perpetuidad,  sólo en el caso  de que  se consiga producir la  impresión  de que lo que con él se relaciona no constituye la cuestión de una raza, sino la de una  "VINCULACIÓN RELIGIOSA" , por más que ésta sea peculiar a aquélla. ¡He aquí la primera gran mentira!

Para seguir subsistiendo como parásito dentro de la nación, el judío debe consagrarse a la tarea de negar su propia existencia. Cuanto más inteligente sea involuntariamente el judío, tanto más afortunado  será en su engaño, gracias al cual conseguirá que una parte considerable de la población llegue a creer seriamente que el judío es un legítimo francés, un legítimo alemán, un legítimo italiano o un legítimo inglés, a quien no separa de sus compatriotas otra cosa que no sea su religión.

Los primeros judíos llegaron a las tierras de Germania durante la invasión romana y como siempre, en calidad de mercaderes (...) Paulatinamente se introduce en la vida económica, no como productor, sino exclusivamente como intermediario; su habilidad mercantil de experiencia milenaria lo pone en ventaja sobre el ario. Comienza por prestar dinero. Los negocios bancarios y el comercio terminan por ser de su monopolio exclusivo. El tipo de interés usado en el cobro de los préstamos provoca resistencia, indignación y envidia, ya que ocasiona su rápido enriquecimiento. Su tiranía llega a tal punto que se  producen reacciones violentas contra él; pero ninguna precaución es capaz de apartarlo de sus métodos de explotación humana. Para alivianar en algo la situación, se comienza a proteger el suelo de la mano avarienta del judío, dificultándole la adquisición  de terrenos.

Cuando aumenta el poder de las dinastías mayor es su empeño de acercarse a  ellas. Por último, no  necesita  más  que dejarse bautizar para entrar en posesión de todas las ventajas y derechos de los cristianos hijos del país. El  judío hace este negocio con bastante frecuencia para beneplácito de la Iglesia, que celebra la ganancia de un nuevo feligrés (...)  y  de  Israel, que se siente satisfecho con el fraude. (...) En el transcurso de más de un milenio ha llegado el judío a dominar en tal medida el idioma del pueblo que lo hospeda, que se siente más germano que semita. La Raza no radica en el idioma, sino exclusivamente en la Sangre; una verdad que el judío conoce mejor que nadie, pues da poca importancia a la conservación de su idioma, en tanto que le es capital el mantenimiento de la pureza de su sangre.


Las Juventudes Hitlerianas, fueron la expresión máxima de la militarización de la sociedad alemana. Desde pequeños eran adoctrinados en la ideología nazi, formando ciudadanos  leales a Hitler y sus ideales y futuros soldados fanáticos, dispuestos a dar su vida por Alemania y su Fhürer.

La razón por la cual el judío se decide a convertirse de un momento a otro en un  "alemán" surge  a la vista; su  aspiración única tiende a la adquisición del goce pleno de los derechos del ciudadano. Primero se convierte en el benefactor de la humanidad para remediar el daño que había causado. Un tiempo después tergiversa las cosas, presentándose como la única víctima de las injusticias de los demás y no viceversa. Algunas personas excepcionalmente tontas creen su mentira y no pueden menos que compadecerse del "pobre infeliz" (...) Gracias a la Bolsa, crece rápidamente la influencia del judío en la economía. Se vuelve el contador de las fuentes nacionales de producción.

Para reforzar su posición política, el judío trata de eliminar las barreras raciales y civiles que todavía le molestan.  Empeño singular muestra por la tolerancia religiosa, teniendo como arma a la prensa, que le permite manipular la opinión pública  en su favor. (...) A menudo fomenta el matrimonio de judías con cristianos influyentes, pero en cambio, sabe  mantener  pura  su descendencia masculina; envenena la sangre de otros, pero la suya la mantiene intacta. Los hijos de estas  uniones  mixtas, siempre se inclinan al lado judío. Para disimular sus manejos y adormecer a sus víctimas no cesa en hablar de la igualdad de los hombres, sin diferencia de raza y color. La etapa final de este desarrollo significa la victoria de la DEMOCRACIA, o como el judío la interpreta: La hegemonía del PARLAMENTARISMO. (...) De acuerdo con los fines que persigue la  lucha judía  y que no se concentran solamente en la conquista económica del mundo, sino que también buscan la supeditación política de éste. El judío divide la organización de su política  "marxista" en dos partes, que aunque separadas en apariencia, constituyen un todo invisible: el movimiento político y el movimiento gremial.

El Sindicalismo es el más beneficioso de ambos, debido al vertiginoso aumento del a masa obrera industrial. Se presenta como el defensor de los derechos de los trabajadores. Poco a poco se convierte en el líder del movimiento sindicalista identifica con la víctima; en tanto que su interés consiste, no en suprimir la injusticia social, sino organizar al interior de las industrias una fuerza de combate dotada de ciega obediencia, que le sirva  para lograr su  propósito de  destruir la  independencia económica nacional. Asistido de la voraz brutalidad en él innata, transforma los sindicatos en un instrumento de violencia.

Todo aquel que tenía la lucidez para oponerse a este nuevo engaño judío, era controlado gracias a la intimidación y el terror.  El judío destruye los fundamentos de la economía nacional sirviéndose del sindicalismo, que podría ser la salvación del país.

Paralelamente avanza el desarrollo de la actividad política. Opera en común con los sindicatos que preparan a las  masas y las inducen por la fuerza a ingresar en la actividad política, como azuzadores en los grandes mítines y manifestaciones políticas. Finalmente, los sindicatos dejan de lado las demandas económicas y ponen al servicio de la política su principal arma de lucha: el paro en forma de huelga general (muchas veces indefinida). Es la prensa judía o pro-judía la más fanática; realiza campañas difamatorias contra los opositores que no aceptan la dominación judía o contra los intelectuales que aparecen a los ojos del judío como una amenaza. Esta prensa se dirige principalmente,  a los sectores  menos ilustrados  de  nuestra sociedad. Políticamente, el judío acaba por sustituir  la idea de  Democracia por la de  DICTADURA DEL PROLETARIADO. El caso más terrible es Rusia, donde el judío con su salvajismo realmente fanático, hizo morir de hambre, bajo torturas feroces, a 30 millones de personas con el sólo fin de asegurar de este modo a un pequeño número de judíos intelectuales, políticos  y agentes de bolsa, la hegemonía sobre todo un pueblo.

Analizando las causas del desastre alemán [en la Gran Guerra], advertiremos que la principal y decisiva fue no  comprender el problema racial, y en especial, la amenaza judía (...) Las derrotas en el campo de batalla fueron causadas desde el  interior de la nación alemana. 


En el nazismo, la mujeres cumplían un rol subalterno, en una sociedad patriarcal y machista con rasgos misóginos. No solo debían de tener una apariencia marcadamente aria, sino que tenían la "noble" misión de procrear futuros soldados para el Reich. El proyecto Lebensborn, las convirtió, prácticamente, en objetos, cuya única misión era dar a luz arios puros, destinados a poblar al mundo, después de que la guerra haya acabado y se haya exterminado a las llamadas razas inferiores.

La pérdida de la pureza racial frustrará por siempre el destino de la raza (...) despojando a la nación del instinto  y  la energía política y moral. La pérdida de la pureza de sangre destruye para siempre la felicidad interior; dejada al hombre [y a la sociedad] (...) Todo intento de reforma  en auxilio de la misma, todos los esfuerzos políticos, todo aumento de prosperidad   económica y científica serán vanos. La NACIÓN Y EL Estado no saldrán fortalecidos, sino que se deslizarán inconteniblemente  hacia la decadencia (...) Por eso, a la Gran Guerra no se lanzó un pueblo preparado para la lucha; fue simplemente el último destello de un instinto de conservación nacional ante la invasión del Marxismo y del Pacifismo. Como tampoco en aquellos días se supo definir al ENEMIGO INTERIOR, toda resistencia exterior debió resultar inútil y, entre recompensar  a la espada victoriosa y obedecer a la ley del castigo inexorable, la Providencia prefirió esto último.

De esta convicción  surgieron para nosotros  los principios básicos y la tendencia del  NUEVO MOVIMIENTO;  persuadidos   como estábamos, esos eran los únicos fundamentos capaces de detener la decadencia del pueblo alemán, y a la vez cimentar la base sobre la cual podrá subsistir un día aquel estado  que represente no un mecanismo de intereses económicos extraño a nosotros, sino un organismo propio de nuestro pueblo: UN ESTADO GERMÁNICO EN LA NACIÓN ALEMANA."


Distintas ediciones en español de Mein Kamp, bajo el título de "Mi Lucha". El libro era de lectura obligatoria en la Alemania nazi. Mientras que fue prohibido en la Alemania contemporánea, en el resto del mundo se vendía abiertamente. En 2015, fue permitida nuevamente su publicación en Alemania,  pero una versión comentada, tratando de desmitificar la ideología nazi, sin maquillar u ocultar sus atrocidades. Al año siguiente, con más de 85 mil ejemplares vendidos, fue uno de los más adquiridos en ese año.




  

 

 

  

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FUENTE:
Adolfo Hitler, "Mein Kampf" ("Mi Lucha"), capítulo XI, 1925









viernes, 15 de octubre de 2021

Eugenesia, filosofía mortal

 CUANDO LOS GRINGOS FUERON MALOS






Francis Galton, primo de Charles Darwin y gran admirador de éste, estaba intrigado con el árbol genealógico de su familia, cuyos miembros eran muy altos. Una tarde, tuvo la inspiración que le daba la respuesta. Mediante una sencilla operación intelectual, aplicó la teoría darwiniana de la evolución y la supervivencia de los animales, a la raza humana. Esa sería la solución, no solo a sus dudas, sino la razón de todos los problemas sociales. De ahí en adelante, se dedicó a desarrollar su inspiración, con la certeza que le daba sentirse integrante de una raza superior. "Los europeos modernos -escribió- tienen más habilidades naturales que las razas inferiores, como los negros".

Lo que hacía era genialmente sencillo: interpretar el comportamiento social a la luz del origen biológico. Para Galton, la inteligencia, la salud u algunas otras "virtudes" eran patrimonio genético de cada raza y no fruto del medio social  en el que se desarrollan. "No hay nada que nos impida pensar que una raza de seres humanos superiores podría ser formada mediante una cuidadosa selección y cría, similar a la que se usa con los perros o los caballos de pura sangre -señala- La caridad está mal entendida. Debe apoyar a los fuertes en lugar de a los débiles y al hombre del mañana en lugar de al hombre de hoy. Hay que dejar que el conocimiento controle las emociones y los instintos".

Pero, sería muy injusto cargarle únicamente a Galton la responsabilidad de tan descabelladas afirmaciones. Mucho tuvo que ver su época, en la que el positivismo científico y los logros científicos cada vez más espectaculares, gozaban de un prestigio casi ilimitados. En otras palabras. Galton no estaba solo; representaba el espíritu de esos años. A él le corresponde, sin embargo, la paternidad directa de la EUGENESIA, palabra que acuñó para designar a su filosofía.


Francis Galton, creador de la teoría eugenésica que pregonaba la supremacía de la raza blanca superior sobre las razas inferiores. 

Tenemos que saltar al otro lado del Atlántico si queremos seguirle la pista a esta corriente. A comienzos del siglo, EE.UU. empieza a experimentar delicados problemas sociales. Los reformadores progresistas empezaban a preocuparse  por el crecimiento de la pobreza, el crimen y los que llamaban "agitación social": La élite aristocrática que estaba en el poder, comenzó a sentir temor frente a las grandes oleadas migratorias provenientes de Europa (irlandeses e italianos, principalmente), que coincidía, además, con el incremento de la militancia sindical. Los "norteamericanos puros" sintieron un miedo paranoico a perder las riendas de la política y la economía del país a manos de los extranjeros pobres que desafiaban su poder y exigían su tajada del llamado "sueño americano".





Es entonces, que la clase alta ve en la Eugenesia la solución a sus problemas. La premisa eugenésica de que "el factor hereditario es el que determina la conducta social y no el entorno", era la justificación "científica" para culpar a la población de sus propios males, al mismo tiempo que protegían lo que ellos sentían eran sus legítimas aspiraciones de poder.

Es así, como los grupos de poder, que se encontraban representados por la clase política, emprendieron una cruzada de tres décadas, destinada a solucionar los problemas del país, teniendo como base las ideas de Galton. Pero faltaba un asidero científico, y este llegó de la mano del alemán Augusto Weisman, quien descubrió que las características que un organismo adquiere de su entorno, no pueden ser heredadas por su descendientes, por tanto -concluyeron los partidarios de la eugenesia- las reformas sociales eran inútiles, puesto que no mejorarían las condiciones sociales de las generaciones futuras.




De ahí en adelante, la Eugenesia se fue desarrollando a paso lento, pero seguro; cada vez tenía más seguidores, y no solo entre la clase alta. Disimuladamente se fueron promulgando leyes de inspiración eugenésica "por el bien de los EE.UU." Incluso, muchos intelectuales universitarios, especialmente de Harvard y Standford, predicaban en sus cátedras, la supremacía aria, a la vez que escribían libros abiertamente racistas, que intentaban darle un fundamento teórico a la teoría eugenésica. Proponían, entre otras cosas, que se reforme la estructura social de EE.UU. bajo un sistema de castas, basado en las diferencias biológicas, en la que los derechos de las personas, dependerían de su origen racial. "La sangre de una nación determina su historia" es una de las tantas frases que se repetían en esos años, con las cuales, trataban de sustentar las políticas discriminatorias que se estaban dando a principios del siglo XX.

La esterilización era la propuesta eugenésica más radical. Estaba destinada a la eliminación de los "biológicamente inferiores", es decir, delincuentes, prostitutas, drogadictos, mendigos, alcohólicos, violadores, pervertidos, excéntricos y todos aquellos que no encajaran en el ideal eugenésico. Gracias a sus contactos políticos, los eugenésicos consiguieron que en varios estados se aprueben leyes que permitieron esterilizar contra su voluntad a miles de estadounidenses, la mayoría internos de los hospitales psiquiátricos y orfanatos, donde centenares de niños fueron esterilizados impunemente. Y, como se pensaba que, la delincuencia era hereditaria, tanto como las enfermedades mentales, miles de presos también fueron víctimas de estas políticas de control natal a través de la castración o la esterilización química. Al fin y al cabo, eran delincuentes y merecían lo que les estaban haciendo, porque lo importante era "salvar a EE.UU. de los indeseables".


 
Exámenes médicos, antroposomáticos y experimentos "científicos" sirvieron para sustentar la teoría eugenésica en todo el mundo.


Pero, como la esterilización no era popular, hacia 1917 se usaron dos nuevas técnicas propagandistas a favor de la eugenesia. Una era el uso de los árboles genealógicos, que "demostraban que las taras sociales eran transmitidas por la herencia biológica", y otra era el Test de Inteligencia de Binet, que aplicados a reclusos de centros penitenciarios "demostraron" que eran mental y biológicamente incapaces. Con ayuda de estas demostraciones seudo científicas, más leyes de esterilización se aprobaron en diferentes estados y cuando se cuestionó la legalidad de estas normas, el Tribunal Supremo las avaló, diciendo que la esterilización era competencia de cada estado.

Pero estos supuestos instrumentos científicos pronto fueron cuestionados. Los árboles genealógicos fueron acusados de inconsistentes por basarse en muestras manipuladas y los test de Binet, porque los resultados que ofrecieron al ser aplicados al Ejército, dieron como conclusión que más de la mitad calificaba como "débiles mentales", y al ser aplicado a la población civil, arrojó como resultados que los afro estadounidenses de cinco estados del norte eran más inteligentes que los blancos de ocho estados del sur. Estos resultados molestaron mucho a los eugenistas, por lo que este test fue dejado de usar. 

A pesar del desprestigio de sus procedimientos, los eugenistas seguían en actividad. Con el fin de la I Guerra Mundial, aprovecharon sus contactos políticos para promulgar leyes migratorias restrictivas que estuvieron vigentes hasta 1965. Estas leyes, restringían la migración de europeos "biológicamente inferiores", procedentes de Europa mediterránea y de Europa Oriental, especialmente de Rusia, debido a la influencia de la revolución, convirtiendo al marxismo en el chivo expiatorio perfecto para cerrar sus puertas a determinado tipo de inmigrantes.





Fue el Crack financiero de 1929 el que, finalmente, pudo detener el avance de la eugenesia en EE.UU. ya que de un día para le otro, las élites financieras, comerciales e industriales se vieron en la calle, pobres, al lado de los inmigrantes "biológicamente inferiores". Fue una democracia de la pobreza que no podía sustentar el mito de la raza superior. El ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1932 fue otro punto en contra. Mientras los nazis escribían a los EE.UU. pidiendo información sobre sus leyes de esterilización, los norteamericanos hicieron oídos sordos. 

Heindrich Boeters, uno de los principales defensores de la política racial del III Reich, declaró: "Lo que los higienistas raciales promovemos no es nada nuevo. En una nación de primer orden como es Estados Unidos, esto fue introducido hace tiempo".

En la actualidad, los movimientos eugenésicos no han desaparecido. Esporádicamente los genetistas hacen noticia al intentar relacionar algunos problemas sociales con cuestiones biológicas y proponer en consecuencia, directa o indirectamente, "políticas de saneamiento".

Otra vez el principio de autoridad de la ciencia podría avalar leyes de segregación, ya sea en las calles o en las probetas, donde los "genes impuros" sean eliminados, mientras los "superiores" sean alimentados con vitaminas. El "Mundo Feliz" que previó Aldoux Houxley puede no estar lejos. Un mundo más feliz diseñado, no por ingenieros o arquitectos, sino por ingenieros genéticos. Dios nos salve a nosotros, cholitos de acero inoxidable.





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Adaptado del artículo homónimo de Pablo Vásquez F. publicado en El Suplemento, del diario Expreso el domingo 3 de noviembre de 1991.




 




miércoles, 1 de septiembre de 2021

Los Juicios de Nüremberg

LOS JUICIOS DE NÜREMBERG




La madrugada del 15 de octubre de 1946, en el pequeño gimnasio del Palacio de Justicia de la ciudad alemana de Núremberg, que poco antes había sido una poderosa fortaleza de las tropas de asalto nazis (la SS) y escenario obligado de congresos y multitudinarias manifestaciones del gobierno del III Reich, alumbrados por luces artificiales, aparecen tres cadalsos con sus respectivas horcas. En once seguras celdas, con centinela de vista, once hombres aguardaban su hora final, condenados a la pena capital por el Tribunal Internacional para el Castigo de Crímenes de Guerra.

Este episodio fue la culminación del más grande proceso penal del siglo XX, en el que fueron juzgados los principales dirigentes políticos, militares y diplomáticos del ex III Reich alemán, derrotados militarmente, por crímenes cometidos antes y durante la II Guerra Mundial.

Una vez consolidada la victoria aliada y luego de varias conferencias, se celebra un acuerdo denominado “Acta de Londres”, el 8 de agosto de 1945, creándose el Tribunal Militar Internacional para el enjuiciamiento y castigo de los principales criminales de guerra de los países europeos del Eje (Alemania e Italia). Fueron signatarios de este acuerdo EE.UU., la ex URSS, Francia e Inglaterra. Como un Anexo al Convenio se aprueba la Carta, que vino a ser un Código Penal y Procesal Penal Internacional.

Se configuran tres delitos: Crímenes contra la Paz (Planeamiento, preparación, iniciación de una guerra de agresión, participación en plan común o conspiración), Crímenes contra la Humanidad (Asesinato, exterminio, deportación, genocidio, esclavitud, antes y durante la guerra); y Crímenes de Guerra (Violaciones a las Leyes de Guerra).

La Carta sancionaba hechos cometidos antes de su firma y ratificación; el Tribunal es instancia única y sus fallos son definitivos; los jueces y el fiscal deben provenir de los Estados signatarios del “Acta de Londres”; el Tribunal está facultado para aplicar procedimientos rápidos y simples, es decir que, las organizaciones del partido nazi y del gobierno alemán son posibles de proceso y de ser hallados culpables, sus integrantes inmediatamente serán considerados criminales de guerra, por lo que no existen excusas eximentes por la posición oficial de los acusados o por “actos de Estado” y no se reconoce la obediencia debida al jerárquico superior; se puede procesar además, a inculpados ausentes. Cada delito no tiene una pena determinada, es decir que no existe un mínimo n un máximo; el Tribunal tiene derecho a aplicar la pena que considere justa, entre sus extraordinarias facultades.

Las fuerzas aliadas triunfantes instituyen este Tribunal, bajo el fundamento de preservar la paz, con el objeto de sancionar la conducta criminal, es especial de los conductores de la nación alemana, desde la exaltación al poder del partido nazi, cuyo hecho también fue calificado como delito, de acuerdo a la tesis del camino ilegal hacia el poder; contenida en la acusación formulada por el fiscal estadounidense Robert H. Jackson, hasta la terminación de la II Guerra Mundial.

Se dictó pena de muerte por ahorcamiento contra 12 procesados, entre ellos el ausente Martin Bormann; tres prisiones perpetuas (Hess, Funk y Reader), tres condenas de 20, 15 y 10 años de prisión y tres procesados fueron absueltos (Von Papen, Schat y Frizsche). Fueron declaradas organizaciones criminales el Cuerpo de Líderes del nazismo, la Gestapo o policía secreta y la Milicia Negra o SS. Fueron absueltos el gabinete del Reich, el Estado Mayor General del Ejército y el Alto comando de la Milicia Parda o SA. Sin embargo, varios de los altos mandos habían muerto antes, entre ellos Heinrich Himmler (suicidado), Reinhard Heydrich (asesinado), Martin Bormann y Josef Mengele (prófugos) y el mismísimo Hitler, suicidado en el interior del bunker de la Cancillería junto al Ministro de Propaganda Joseph Goebbels y sus familias.

Nüremberg había sido escogida para ser la sede de los juicios ya que contaba con un Palacio de Justicia que milagrosamente, había sobrevivido intacto a los bombardeos aliados y una prisión anexa, suficientemente segura  que permitiría la reclusión y custodia de los acusados que serían enjuiciados. Pero había también una razón simbólica, ya que esta ciudad había tenido una gran importancia para el régimen nazi por haber sido la sede del gran congreso del partido Nazi y el lugar donde se redactaron las infames leyes raciales contra los judíos en los años previos al inicio de la guerra.

Para poder capturar a los jerarcas nazis y sentarlos en la banquillo de los acusados, el ejército estadounidense puso en marcha la "Operación Mondorf", buscándolos por toda Europa, pero para juzgarlos había un gran problema, pues los delitos cometidos debían juzgarse, según las acuerdos internacionales, de acuerdo a las leyes de los países donde se habían cometido (una veintena de países), por lo que los aliados vencedores (EE.UU. Inglaterra, Francia y la Unión Soviética) decidieron dirigir ellos mismos los procesos en representación de los países agraviados, eligiendo a los jueces y fiscales; y poniéndose de acuerdo en los delitos que se aplicarían. Aún así, hubo roces con los soviéticos, pues querían que el proceso se base en el genocidio cometido con los rusos y no contra los judíos, pues consideraban que ellos eran las verdaderas víctimas de la guerra. 

LOS OTROS PROCESOS
Si bien, los procesos seguidos a los altos mandos nazis captan el interés de los expertos y del público en general, no fueron los únicos. Hubo un total de doce juicios, entre colectivos e individuales. Los más destacados de estos otros procesos fueron los seguidos contra los médicos nazis y contra los jueces que apoyaron al gobierno de Hitler y otros juicios menores, tanto colectivos como individuales.

El Juicio a los Médicos fue el primero de los juicios realizados después de finalizare el juicio principal (contra los altos mandos), donde las autoridades estadounidenses abrieron juicio al cuerpo médico de los campos de concentración. Fueron 23 los médicos acusados por realizar experimentos "científicos" sin consentimiento en prisioneros judíos de los campos de concentración y de exterminio como Auschwitz, así como en pacientes de hospitales de Alemania y otros ubicados en los territorios ocupados. Experimentos en los cuales se cometieron asesinatos, torturas y suplicios. También fueron acusados de realizar el asesinato masivo de gente considerada "inferior" e "inútil" para los planes nazis, como adultos mayores, niños muy pequeños, enfermos mentales, "desviados sexuales", enfermos incurables, indigentes y más, quienes murieron gaseados, por inyección letal, desnutrición y otros métodos, realizados en pacientes de hospitales y residentes de asilos, orfanatos y otros lugares de apoyo social, durante un programa oficial de eutanasia, que era parte de ese programa de eugenesia emprendido por el régimen nazi desde que llegó al poder, con la finalidad de purificar la sangre impura.

7 médicos fueron condenados a muerte (la mayoría por crímenes cometidos en los campos de concentración y exterminio), 5 a cadena perpetua, 4 a penas privativas de la libertad entre 5 a 20 años y el resto fue absuelto. De no haber escapado antes de finalizar la guerra, Josef Mengele, jefe del cuerpo médico de Auschwitz, con toda seguridad, hubiera sido condenado a la pena capital.

El Juicio a los Jueces, se realizó contra los jueces y abogados que establecieron la estructura jurídica nazi. 16 fueron los acusados por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, entre ellos, la aplicación de leyes eugenésicas, destinadas a lograr la "limpieza racial", como las infames Leyes de Nüremberg, dadas contra los judíos y otros decretos que permitieron despojarlos de la ciudadanía alemana, expropiarles sus bienes y someterlos a prisión, tortura, desplazamiento forzado hacia los campos de concentración y exterminio, esclavizarlos y asesinarlos.

Algunos empresarios también fueron juzgados por financiar al Reich y emplear judíos como mano de obra esclava, entre ellos, los dueños y directivos de las químicas IG Farben y Hoechst, y la fábrica de material bélico Krupp, pero fueron absueltos. Estos conglomerados industriales y otros como Volkswagen, Opel, Bayer, BMW, Basf, Siemens o Deutsche Bank, convencieron al consejo aliado de su importancia para la reconstrucción económica de Alemania, así que no fueron juzgados, por el contrario, mantuvieron un rol protagónico en los años siguientes, al amparo de los aliados. Con el paso de los años y debido a la presión internacional, en 1999, el gobierno alemán creó un fondo de compensación para los sobrevivientes e hizo que indemnicen a sus ex esclavos, pero dicho monto solo resarció a los sobrevivientes que vivían en Alemania. Todos los esclavos judíos provenientes de otras partes de Europa, como Europa Oriental, no recibieron nada.

Estos juicios se realizaron en la zona ocupada por EE.UU. entre 1945 y 1946 y estuvieron a cargo de un tribunal judicial estadounidense, que funcionó al margen del Tribunal Aliado.

JUICIO CRÍTICO
En medio siglo transcurrido desde su epílogo, el juicio de Nüremberg, sólo fue mencionado como un desacertado hecho político, sin significación en el campo del Derecho. En este aspecto, se han levantado voces condenatorias por haberse abrogado principios universalmente reconocidos por el mundo civilizado que informan el Derecho Penal Liberal.

Empezando por la conformación del Tribunal -jueces juzgando a sus enemigos- hasta el espectáculo de colgar un cadáver para cumplir con el fallo condenatorio -la muerte pone fin a la persona- ha sido dura y unánimemente cuestionando este proceso, destacando incluso, la opinión del propio Dannodieu de Vabres, catedrático francés de Derecho y juez del Tribunal del Nüremberg, quien, luego de haber juzgado a los criminales de guerra y firmado las sentencias, criticó el proceso en varios aspectos y en diversas oportunidades, siendo uno de los tantos el siguiente comentario: “Los crímenes contra la humanidad, dirigidos contra los gobernantes de los Estados, es un pretexto fácil para la intromisión injusta en la política interior de un Estado. Es peligroso para la paz”.

Ciertamente, las potencias vencedoras de la guerra (1939-1945) deslucieron y desdibujaron el triunfo de la democracia contra la instauración del proceso de Nüremberg, que precisamente, es la negación de los principios por los que millones de hombres rindieron sus vidas en aquella hecatombe.

Muchos fueron los vicios procesales, desde jueces y fiscales totalmente parcializados, hasta acusaciones falsas, pasando por falta de transparencia con los abogados defensores, ocultamiento de testimonios y pruebas exculpatorias, falsificación de documentos y encubrimiento de los abusos cometidos por los aliados en la guerra; en suma, fue un pretexto para ejercer venganza pura.

 



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(*) Adaptado del artículo “Nüremberg: 50 años después” de Luis García-Blasquez, publicado en la sección Opinión del diario El Comercio del miércoles 16 de octubre de 1996.

Otras fuentes:
"75 años del fin de los juicios de Nuremberg" - William Márquez, BBC News, 21/11/20
"El final de los juicios de Nuremberg" - Josep Gavalda, National Geographic, 12/08/21
"El Tercer Reich económico: las empresas que financiaron a Hitler" - EOM Grupo
"Los procesos de Nuremberg" - Revista Hechos Mundiales N° 28
"Los horrores nazis" - Torturas y suplicios N° 4
"Los juicios de Nuremberg" - Wikipedia





domingo, 30 de agosto de 2020

Los planes nazis para Perú


UN MAPA DONDE SE REGALABA EL PERÚ A CHILE




En octubre de 2011 se cumplen 70 años de la mención a un documento cartográfico que supuestamente era de los nazis cuando, en verdad, había sido dibujado por el espionaje británico. La historia es la siguiente.
CHURCHILL, ROOSEVELT Y EL MAPA
En el año 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, Alemania del Tercer Reich y el Reino Unido de la Gran Bretaña estaban librando una batalla sin cuartel. Adolf  Hitler y Winston Churchill sabían que todo dependía de la actitud que tomara los Estados Unidos de Norteamérica, nación en la que se debatía la neutralidad o la intervención. Franklin Delano Roosevelt (1882-1945), presidente de USA, era amigo personal de Churchill y estaba convencido que su país tenía que entrar en la contienda. ¿Cómo convencer al parlamento y a sus conciudadanos para que acepten esa intromisión?, era su mayor problema.
Winston Churchill, muy hábilmente, mandó a un grupo de intelectuales a Estados Unidos, quienes, para graficar el peligro para América de un dominio nazi no tuvieron una mejor idea que elaborar un falso  mapa llamada de la “América nazi”. Roosevelt mencionó este documento en un discurso  de octubre de 1941, Día de la Armada, para convencer a los norteamericanos que tenían que defender la “doctrina” Monroe (“América para los americanos”). El 7 de diciembre de 1941 se produjo el ataque de los japoneses a Peral Harbor. Luego de 4 días, USA declaró la guerra a Alemania.
El “mapa secreto” de la “América nazi” consideraba cinco países:
- Guayana, que estaría tutelado por el gobierno colaboracionista francés de Vichy.
- Nueva España, formada por Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá y bajo control nazi.
- Chile, que sería una fusión entre Perú, parte de Bolivia, Chile y parte de la región de Antofagasta.
- Argentina, formada por la propia Argentina, Uruguay y Paraguay y el resto de la región de Antofagasta.
- Brasil, la unión de Brasil y parte de Bolivia.
 







¿Y EL PERÚ?
En el mapa de la “América nazi” no se consideraba al Perú. Nuestro país fue ninguneado y sobre nuestro territorio está puesta la palabra CHILE ¿Los espías británicos pretendieron  hacer creer que esa fue una idea de los nazis, cuando en realidad fue una composición cartográfica de ellos?


“Hitler ha dicho en muchas ocasiones que sus planes de conquista no se extienden a través del Océano Atlántico. Pero yo tengo en mi posesión un “mapa secreto”, hecho en Alemania, por su gobierno, y que muestra sus planes para un “nuevo orden mundial”. Es un mapa de Sudamérica y parte de América Central y de cómo Hitler pretende reorganizarlas (…) El mapa, amigos míos, deja claro no solo el destino que los Nazis desean para Sudamérica, sino también para los EE.UU.”. ROOSEVELT


UNA INQUINA HISTÓRICA

Tal como lo demostraron  en la Guerra del Pacífico (1879-1883), los británicos seguían teniendo animadversión al Perú y utilizando la mentira, en 1941,  querían hacer desaparecer a nuestro país.

Chile fue escrito sobre territorio peruano.

La Amazonía era cedida a la Nueva España.

En América del Sur solo debían existir: Argentina, Chile, Nueva España, Brasil y Guayana.


Julio R. Villanueva Sotomayor
   Lima, octubre de 2011
 www.identidad-peru.com