Un espacio para difundir visiones novedosas sobre los acontecimientos más importantes de la historia nacional y mundial, a la luz de nuevas investigaciones e interpretaciones seriamente documentadas, con un amplio sentido crítico.
Separadas por casi milenio
y medio, Hatshepsut y Cleopatra son los ejemplos mejor conocidos del destacado
papel ejercido por la mujer en la civilización egipcia. Pero no fueron casos
únicos, aunque sobre la vida y los hechos de otras “faraonas” es más lo que
ignoramos que lo que sabemos.
Conviene recordar que, pese
a ser la más famosa soberana de Egipto –por su vinculación con
Julio César y por su apasionante biografía, pasto de la literatura y
el cine–, Cleopatra VII Filopátor Nea Thea (o simplemente Cleopatra en el
imaginario colectivo) no fue una reinafaraón. También que de estas
–ese es su nombre correcto; lo de "faraonas" es solo una licencia–
hubo contados casos en los más de tres milenios de historia (3100-30 a.C.) del
Antiguo Egipto. Y eso que el estatus social y el acceso a espacios de mando de
las egipcias fue muy superior al de las griegas o las romanas, algo
debido a su igualdad legal con los hombres –podían denunciarlos por maltrato,
manejar herencias, comprar y vender bienes o divorciarse– y a las
peculiaridades de su religión, con la diosa Isis a la cabeza.
Así, aunque la relevancia
de las mujeres en la corte resulta indiscutible –la Gran Esposa Real (Hemet
Nesu Weret) tuvo en muchas ocasiones un enorme poder en la sombra o
incluso como corregente y se la consideraba guardiana y protectora de la
nación– y, además, casarse con una fémina de sangre real era un plus de
legitimidad casi inevitable –con excepciones: Amenemhat I, Amenhotep III– para
que un varón accediese al trono (de ahí los frecuentes enlaces entre hermanos),
este estaba reservado, en principio y por tradición, al hombre. Sin
embargo, amparándose en vacíos sucesorios –por no haber un aspirante claro o
adecuado– y en crisis de Estado, varias reinas-faraones ocuparon a lo largo de
los siglos el más alto puesto del país del Nilo.
TRES, CINCO, OCHO … O MÁS
¿Quiénes y cuántas fueron
estas mujeres extraordinarias? Según el historiador grecolatino Diodoro Sículo, que en la Sicilia
romana del siglo I a.C. compiló lo que entonces se sabía sobre los faraones,
solo hubo cinco: por orden cronológico, Nitocris, Neferusobek,
Hatshepsut, Nefertiti y Tausert. Tanto él como otras fuentes clásicas se
hicieron eco, para dar esta cifra, de la obra previa de Manetón, sacerdote
egipcio que, en la época ptolemaica (siglo III a.C.), se encargó de redactar la
historia de su país y censar la larga lista de sus reyes.
No obstante, el
número real de reinas-faraones no está nada claro. Los hallazgos
arqueológicos han arrojado luz sobre otras posibles candidatas, por lo que no
puede descartarse que sigan apareciendo en el futuro pistas rescatadas del
olvido; un olvido, en muchos casos, ni casual ni inocente, pues la
memoria de varias de estas monarcas fue perseguida y destruida con saña por sus
–masculinos– sucesores.
A día de hoy, se da por
históricamente documentado el reinado en solitario de tres de ellas, Neferusobek,
Hatshepsut y Tausert. Los de las otras dos de la lista de Manetón-Diodoro
(la oscura Nitocris y la fascinante Nefertiti) se tienen por muy probables. Y
aún hay tres más, hasta un total de ocho, que han surgido de las
sombras del pasado, si bien envueltas en prudentes dudas por ser muy anteriores
en el tiempo.
Reinafaraón
MERINTEITH Y LAS DOS JENTKAUS
Así, no se ha podido demostrar todavía que llegara a gobernar con
poder absoluto la más antigua de todas, Meritneith, que vivió en torno al año
3000 a.C., a principios de la Dinastía I (Período Arcaico). El egiptólogo
británico William Flinders Petrie la catalogó en su día como un faraón
masculino de nombre Merneith, pero varios hallazgos –entre otros, la ausencia
del Nombre de Horus (símbolo del rey formado por un halcón sobre un serej o
estructura decorada)– demostraron que había sido en realidad una mujer enterrada
con insólitos honores reales; porque lo que apunta a su posible reinado es su
grandiosa tumba en Abidos. Se sabe que fue regente de su hijo Den durante la
minoría de edad de este, pero la incógnita que persiste es si alcanzó a
poseer los títulos propios de un faraón o se limitó a asesorar al joven
heredero.
Aún más enigmático es el
caso de las dos siguientes e hipotéticas reinas-faraones, que comparten
nombre y etapa histórica, el Imperio Antiguo. De la primera, Jentkaus
I, dan testimonio su tumba en Guiza y una pequeña pirámide dedicada a ella
en Abusir, y se estima que vivió a caballo entre las Dinastías IV y V
(2510-2470 a.C.). Pero lo que sembró el desconcierto entre los egiptólogos
fueron las representaciones en que aparece tocada con el uraeus (corona
con la cobra) y con la barba postiza faraónica, y en las que se la llama
–aunque hay quien dice que es una traducción errónea o inexacta–
"Rey del Alto y Bajo Egipto y Madre del Rey del Alto y Bajo Egipto".
Por todo ello, se la ha querido asimilar con la esquiva figura de Dyedefptah,
el supuesto último faraón de la Dinastía IV, pero sin ninguna certeza. Igual de
inciertos son los datos sobre Jentkaus II, ya perteneciente a la
Dinastía V: ¿fue un faraón de pleno derecho o solo madre de uno? Sea como
fuere, hay varias representaciones de ella también con el uraeus y
la barba, lo que convierte a ambas Jentkaus en las únicas mujeres en
lucir dichos atributos hasta la llegada de Hatshepsut, mil años después.
DE NICTOCRIS A TAUSERT Nitocris a Tausert
La vaguedad también desdibuja, aunque menos, a la pionera de las
reinas-faraones según los historiadores clásicos, Nitocris, que es
mencionada en algunas listas reales y podría haber gobernado en solitario por
espacio de dos años, de 2183 a 2181 a.C., cerrando la Dinastía
VI. Heródoto hace de ella una heroína legendaria que, para
vengar la muerte de su marido, Merenra II, ahoga en el Nilo a sus
asesinos –entre ellos, su propio hermano– y luego se suicida lanzándose al
fuego. Manetón la alaba por su belleza y valentía y le atribuye falsamente la
tercera pirámide de Guiza (obra de Micerino). "Faraona" o no, sí
parece probado que se trató de un personaje destacado en la crisis que
puso fin al Imperio Antiguo.
El Imperio Medio acabó con
otra soberana, Neferusobek, que reinó al menos cuatro años, de 1777 a
1773 a.C., siendo así la última gobernante de la Dinastía XII. Nuevamente,
poco sabemos de ella: hija de Amenemhat III, se habría hecho con el poder tras
enfrentarse a su hermano Amenemhat IV, con quien en principio lo
compartía. Su nombre de coronación consta en la lista real de Saqqara y
en su época se erigió el complejo funerario de Amenemhat III en Hawara. Pese a
los convulsos tiempos que le tocaron, parece que su sucesión fue pacífica.
De la siguiente en la
lista, la trascendental Hatshepsut, hay que ocuparse en capítulo
aparte porque así lo merece, lo mismo que Nefertiti, tanto en su faceta de
consorte de Akenatón como en la más discutida de reina-faraón. Lo cual nos
lleva hasta la quinta y última, la reina Tausert, también inmersa en un
período caótico y conflictivo: el final de la Dinastía XIX, la de Seti I
y Ramsés II. Al morir su marido, Seti II, Tausert se hizo cargo de la
regencia de su hijo Siptah y, tras fallecer este, subió al trono y gobernó
durante dos años, de 1188 a 1186 a. C. No lo tuvo fácil: acosada por el
clero de Amón, el estamento militar y los reyes nubios y cuestionada por el
pueblo, fue derrocada por Sethnajt, fundador ramésida de la Dinastía XX,
quien mancilló su memoria con bulos y leyendas.
Hatsheput
EL EMPODERAMIENTO DE HATSHEPUT
Pero si hubo una auténtica
"faraona" en la historia de Egipto, esa fue sin duda la
formidable Hatshepsut, cuyo reinado, que transcurrió entre 1479 y 1457 a.C.
y fue por tanto el más largo de los regidos por mujeres (22 años), es un paradigma
deempoderamiento femenino en el mundo antiguo. Hija predilecta
del faraón Tutmosis I –según algunas fuentes, este redactó un papiro
señalándola como heredera–, ambiciosa, inteligente y dotada para el mando, supo
usar la potestad que le daba su sangre real para esquivar las trampas
sucesorias. Casada con su hermano Tutmosis II, al enviudar y en un gesto sin
precedentes, apartó de la línea dinástica al hijo de este con una
concubina, Tutmosis III, arguyendo su corta edad y su dudoso linaje, y se
calzó ella misma el atuendo y la barba de faraón. Para ello contó con el apoyo
de dos poderosos cortesanos, el alto funcionario Hapuseneb y el arquitecto real
Senenmut (supuestamente, amante suyo). Fue también fundamental que se
autoproclamara hija de Amón, una jugada maestra para la que tuvo
que "comprar" a los sacerdotes del culto a dicho dios, lo que
contribuiría al excesivo poder posterior de este clero.
Comenzó así una de
las etapas más prósperas y pacíficas de la Dinastía XVIII y de todo el
devenir del Antiguo Egipto; la carismática reina solo llevó a cabo campañas
defensivas de frontera y se dedicó a asuntos como la célebre expedición a Punt,
el mítico y exótico país de la mirra. Asimismo, puso gran empeño en
restaurar templos y edificios destruidos durante las guerras con los hicsos y
añadió notables construcciones a Tebas, incluidos memorables obeliscos. Senenmut
erigió su proyecto más conocido, el templo de Dyeser Dyeseru (en Deir
el-Bahari), joya del Egipto monumental. Por si faltaran pruebas de su
relevancia, Hatshepsut fue, que se sepa, la única mujer faraón que se
hizo representar como esfinge.
Su estrella empezó a
apagarse con las muertes de Senenmut y Hapuseneb, probablemente urdidas
por Tutmosis III, su futuro sucesor, que la odiaba por habérsele adelantado
en el poder y que, en consecuencia, se dedicó a borrar luego cuanto pudo de su
legado. Pero antes la reina-faraón aún tuvo fuerzas para tratar de
establecer una dinastía femenina nombrando corregente a su hija
Neferura (según algunos, nacida de su relación con el arquitecto real). El
inesperado deceso de la niña, empero, frustró este sueño, y Hatshepsut moriría
en su palacio de Tebas antes de cumplir los 50 años. Su momia, descubierta en
el Valle de los Reyes junto a la de su amado padre, reveló al ser analizada en
2007 que la soberana habría padecido diabetes, obesidad y alopecia en
sus últimos años de vida.
Estatua
egipcia mujer
CLEOPATRA, UN FINAL POR
TODO LO ALTO
Y así, andando los
siglos, llegaron las últimas reinas a Egipto en tiempo de los ptolomeos,
la dinastía que rigió el país entre 305 y 30 a.C. tras ser instaurada por
Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno. Las reinas ptolemaicas, que
nunca renunciaron a su esencia helénica, lo fueron al casarse con sus hermanos
para legitimarlos en el trono. Las hubo destacables –Cleopatra II (185-116
a.C.), Berenice III (116-80 a.C.)...–, pero ninguna como la última de
todas ellas y postrer monarca del país del Nilo antes de que fuera
anexionado al Imperio Romano: Cleopatra VII.
Tanto ha dado que hablar,
como decíamos al principio, que su historia está llena de mitos:
sobre su belleza o fealdad, sobre la prominencia de su nariz... Plutarco, en el
siglo I, atribuyó su magnetismo más a la inteligencia, los exquisitos modales y
la conversación que a la apariencia física. Era una mujer muy preparada
y hablaba varias lenguas además del griego (fue el primer mandatario ptolemaico
que aprendió el egipcio).
Cleopatra era una mujer muy preparada: hablaba varias lenguas además del
griego y fue el primer rey ptolemaico que aprendió el egipcio.
Cleopatra
Fue coronada en 51 a.C., a los 17 años y junto a su hermano Ptolomeo XIII,
de tan solo 12, con quien se había casado según la tradición. Este se dejó
llevar por las maquinaciones de Arsínoe, hermana de ambos, y amparados por el
eunuco Potino consiguieron apartar a la joven del trono y expulsarla de
Alejandría.
Pero Cleopatra era
mucha Cleopatra y, con el apoyo –y el amor, mitificado entre otros
por Shakespeare y Bernard Shaw– de Julio César, recuperó su puesto, no sin
pasar por una guerra civil en la que ardió la Biblioteca de Alejandría por
culpa de las tácticas del militar romano. Mientras pugnaba por afianzarse como
reina casándose con otro de sus hermanos, Ptolomeo XIV, nacía de su relación
con César un hijo, Ptolomeo XV, más conocido como Cesarión, y ella se
dedicaba a embellecer la capital helenística egipcia con distintas obras
públicas. César sería asesinado (44 a.C.) y Cleopatra reeditaría su
historia de amor con uno de los aspirantes a sucederlo, Marco Antonio,
con quien tuvo tres hijos. Entretanto, siguiendo cierta truculenta costumbre
ptolemaica, había envenenado a su segundo esposo, Ptolomeo XIV, para no tener
que compartir el poder más que con su hijo Cesarión.Su affaire con
Antonio iba a tener fatales consecuencias, para ella y para su país:
enfrentados al nuevo poder romano personificado en Octavio, y con el
pueblo egipcio sumido en la hambruna y harto de sus derroches, Cleopatra y su
amado fueron derrotados en la batalla de Accio (31 a.C.) y después se suicidaron
(ella, según la leyenda, haciéndose morder por un venenoso áspid). Un final por
todo lo alto, pero con el lamentable efecto colateral de la definitiva
subordinación de Egipto a Roma.
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Artículo "Faraonas y mujeres reinantes, egipcias poderosas", publicado por Nacho Otero el 15.10.2020 para la revista Muy Interesante.
En
esta oportunidad, voy a compartir un artículo que encontré en internet y que
suelo usar en mis clases. Lo voy a transcribir y, como ya es costumbre, mis
análisis estará en neegrita y cursiva. El artículo en cuestión fue publicado en
la página HAHR, Hispanic American Histórican Review, el 6 de junio del 2014 por
Sean Mannion. En él se criticaba un artículo publicado por Marta Meier Miró
Quesada en el diario El Comercio, donde se daban algunos postulados muy
peculiares.
Recientemente
en el diario El Comercio, la editora central Marta Meier Miró Quesada, publicó
un artículo titulado: “Túpac Mouse”. En este menciona la evocación del
presidente Ollanta Humala al gobierno revolucionario de Juan Velasco Alvarado a
propósito de la inauguración de algunas obras en Talara. A partir de esto,
desarrolla o expone unas ideas muy “singulares” sobre la figura de Túpac Amaru
II, símbolo del velascato. Veamos el artículo.
TÚPAC MOUSE
(Marta Meier Miró Quesada. El Comercio, 4/06/14)
"El
presidente Ollanta Humala evocó al dictador Juan Velasco Alvarado y a Túpac
Amaru en la inauguración de las obras de la refinería de Talara. Algunos lo
tomaron como una amenaza sutil. No es para tanto. Veamos…"
Cuando se publicó este artículo, Ollanta Humala gobernaba el Perú desde el 2011. Como se recuerda, en su primera postulación, se había lanzado con un discurso más que radical, donde hablaba de cambio de Constitución, revisión de los contratos de las empresas transnacionales, control de precios y otras propuestas que hacían recordar el gobierno de Velasco -al cual Ollanta había dicho admirar- e incluso, se temía que, de llegar al poder, pudiera llevar al Perú por la senda de Venezuela, Bolivia o Cuba. Aquella vez perdió ante Alan, quien, a pesar de los anticuerpos que generaba por su primer mandato, se presentaba como la mejor alternativa ante el "peligro Humalista". Para su segunda postulación aprendió la lección. Dejó de lado el discurso socialista y ultranacionalista, para optar por una imagen más moderada y tirada a la derecha. Cambió el polo rojo que decía "Amor por el Perú" por una camisa blanca. Igual, el ceño fruncido y la mirada desafiante dieron paso a una mirada de niño bueno. Y no es que haya ganado porque la mayoría lo quisiese de Presidente, sino porque su contrincante en segunda vuelta -Keiko Fujimori- despertaba más anticuerpos que él. Esta vez le ligó.
Ollanta Humala en sus dos campañas electorales. Rojo furioso en las elecciones de 2006 y blanco anelical y cara de niño bueno en las elecciones del 2011. Junto a él, sus contrincantes en segunda vuelta de cada elección, Alan el 2006 y Keyko el 2011.
"En la
década de 1920, en plena depresión económica norteamericana, el genial Walt
Disney creó a Mickey Mouse. Convirtió al ratoncito en un campeón del optimismo,
inmortal ídolo de diversas generaciones de niños, incluidos los del siglo XXI,
y en ícono global".
"Cuando
Fidel Castro necesitó marketear su revolución bananera usó una imagen del Che
Guevara, tomada por Alberto Díaz ‘Korda’. El Che había sido asesinado en
Bolivia (rojoides, lloren: todo indica que Fidel reveló su ubicación). Castro
convirtió la cara del argentino en su marca, un logo de odio e ineficiencia que
sigue dando la vuelta al mundo en polos, gorros, afiches y más. El dictador
Juan ‘Chino’ Velasco necesitó, también, un sello tipo Mickey o el Che; una
imagen que comunicara el cambioprometido por su ‘rovolución’. Mitificó al mestizo y próspero
comerciante José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II), lo graficaron como algo
parecido a una letra “A” con sombrero, y esa y otras imágenes suyas estaban en
todas partes.Y decretaron que era el
“fundador de la identidad nacional”, queintentaron inventarse los militares".
Velasco se veía a sí mismo como un gran revolucionario, el único que se enfrentó a los grandes poderes nacionales e internacionales por defender los intereses del Perú y de los peruanos más necesitados. Para poder legitimizar su gobierno y darle un sustento histórico, buscó un personaje histórico que haya sido como él. Así es como apareció la figura de Túpac Amaru II, un caudillo del siglo XVIII, que en 1780 se alzó en armas contra el virreinato peruano. Lo tomó como símbolo de su gobierno y, desde ese momento, pasó a ser estudiado obligatoriamente en todos los colegios, se hicoeron canciones y poemas en su honor y hasta se le incluyó en la selecta lista de peruanos ilustres a los que se les ha dedicado un billete de circulación nacional.
Dos retratos, aparentemente fieles, a la imagen real de Túpac Amaru II. El primero, una acuarela que data, aproximadamente, de 1780 a 1800. De autor anónimo, podría ser el retrato más antiguo del caudillo indígena. El segundo, es un dibujo en cuero, atribuído a Tadeo Escalante, de principios del siglo XIX. En ambos retratos, Túpac Amaru aparece vestido a la usanza española, tal como usualmente se le representa. La diferencia está en el sombrero.
"El
tupacamarismo invadió Lima: al salón Pizarro de Palacio de Gobierno se le
rebautizó salón Túpac Amaru, ubicando un inmenso cuadro que sigue allí. Los
textos escolares lo describíancomo un
semidiós. Velasco construyó una gran avenida de 22 kilómetros, una de las más
largas de Lima para unirel cono norte
con el centro. Obviamente la nombró Túpac Amaru. Dos grupos terroristas tomaron
ese nombre: el uruguayo Tupamaro, y el peruano MRTA (Movimiento Revolucionario
Túpac Amaru).Alice Faye Williams
bautizó Tupac Amaru Shakur a su hijo, un conocido rapero afroamericano que fue
asesinado. La señora Shakur fue parte de la célula terrorista Black
Panther,y acusada de participar en
atentados con bombas. El ‘sachaínca’ de Velasco inspiraba esa violencia".
Velasco quiso romper simbólicamente con el legado colonial y con los lazos de opresión en los que el país vivía. No solo mandó remplazar el cuadro de Francisco Pizarro por uno de Túpac Amaru y renombró en honor del caudillo indígena, la sala principal de Palacio, la misma que antes llevaba el nombre del invasor extremeño. Incluso se dice que mandó talar la higuera que Pizarro había plantado en el jardín interior de la casa de gobierno. Además de las obvias estatizaciones, se prohibieron las telenovelas, la música rock y los nombres extranjeros en los colegios. El retrato de Túpac Amaru creado por el artista Jesús Ruíz Durand, no solo se convirtió en el logo del SINAMOS, sino que pasó a representar al régimen en su conjunto hasta hoy. Tal fue el impacto de Túpac Amaru como luchador social, que los guerrilleros uruguayos (Tupamaros) y los subversivos peruanos del MRTA (Emerretistas) tomaron su nombre para autodenominarse. Algo muy criticado por muchos, ya que se está tomando el nombre del precursor para referirse a agrupaciones violentas, causantes de miles de mmuertos, cuando los que se quejan, no se dan cuenta que el hoy precursor, en su momento también fue considerado por las autoridades virreinales casi como un terrorista, causante de muchas muertes; de ahí que se le haya combatido con dureza y hasta crueldad.
Dos de los retratos más conocidos de Túpac Amaru. A la izquierda, el de Etna Velarde y el de la derecha, el de Teodoro Núñez Ureta. Ambos de 1970, fueron utilizados por el gobierno militar como símbolo de su revolución. El segundo, en algún momento, sirvió de inspiración para los billetes de 500 intis.
"Túpac
Amaru II fue en realidad un adinerado comerciante que vestía elegantemente, al
estilo europeo, y reclamaba un título de nobleza inca pese a que, al parecer,
fue hijo de un fraile (esto, según Alexander von Humboldt, quien investigó su
rebelión). Fue “educado con algún esmero en Lima –escribe Humboldt–, y se
volvió a las montañas después de haber solicitado en vano de la Corte de España
el título de marqués de Oropesa, que lleva la familia del Inca Sayri-Túpac. Su
espíritu de venganza lo condujo a sublevar los indios montañeses que estaban
irritados contra el corregidor Arriaga”. Dijo no estar contra la corona sino
contra el “mal gobierno” de los corregidores; luego se radicalizaría, pero su
“rebelión” no cuajó y los propios indígenas se opusieron a él".
José Gabriel Condorcanqui Noguera (su verdadero nombre) era un curaca (o cacique, que es como los españoles llamaron a las autoridades indígenas americanas), descendiente de la nobleza incaica, por tanto, no era raro que haya reclamado para sí la herencia de un título nobiliario, el de Marqués de Oropesa, título reconocido por la corona española a los descendientes de Sayri Túpac, su antepasado por línea materna. Es más, su linaje incluía también a Manco Inca, Huayna Cápac, Túpac Yupanqui y al mismo Pachacútec. La autora habla de venganza. ¿Acaso insinúa que una de las razones de su levantamiento fue el que no le reconocieran el título al que aspiraba?.
Sobre su rebelión, tomando en cuenta lo que dice Scarlett O'Phellan, habría empezado como una revuelta, cuando ejecutó al corregidor Antonio de Arriaga, para luego pasar a una rebelión, con planes políticos que incluían no solo la eliminación de las reformas económicas que habían implementado los borbones -y que claramente lo perjudicaban- sino también, la separación política del Perú, pero bajo una mentalidad nativista y mesiánica, que no agradó a muchos. Se pensaba que de llegar al poder, apartaría a los criollos y hasta podría tomar venganza contra ellos, ya que muchos también eran grandes explotadores de indios. Pero muchos indígenas se pusieron en su contra también, entre ellos uno que también es reconocido como precursor de nuestra independencia, Mateo García Pumacahua (curaca de Chinchero) quien, discnforme con el rol subalterno que cumplía, traicionó a Túpac Amaru para ponerse a la órdenes -con todos sus indios y varios otros curacas leales al rey- del visitador Areche, que a la postre, sería el que derrotara la rebelión. Después de la derrota, se asimiló al ejército realista con el grado de Brigadier y posteriormente Coronel de Milicias, incluso fue condecorado por su decisiva participación en la derrota de Túpac Amaru. Tres décadas más tarde, corregirá su error al integrarse a la rebelión de los hermanos Angulo de 1814, bajo las órdenes de los criollos, paro tampoco
Cinco retratos de la década del setenta. Con puño al pecho y poncho, el retrato de Etna Velarde (2000) está notoriamente inspirado en la escultura que aparece en el Parque de los Pecursores y los Próceres de la Independencia. Los otros retratos son del 1970, en pleno gobierno velasquista. De izquiera a derecha y de arriba a abajo: El del Jesús Ruíz Durand, el de Mario Salazar Eyzaguirre y el de Néstor Quiroz, el de Germán suárez Vertiz. Tres de ellos lo representan con el atuendo clásico (saco negro, camisa blanca con gabardina en el cuello y sombrero negro de ala ancha), a partir del cual se han inspirado casi todos los retratos posteriores. El de Ruiz Durand, se convirtió en el símbolo del SINAMOS y el de Salazar, fue el que remplazó al cuadro de Pizarro en Palacio de Gobierno.
"El
pobre terminó desmembrado y su gesta generó épicos poemas, se lo usó como
figura reivindicadora del indio (a él, un elegante criollón) y acabó convertido
en un mito. Disney lo hubiera llamado Túpac Mouse y hoy, probablemente, sería
el héroe de la era de la comunicación. Como vemos, todo depende de quién
inventa la caricatura. Y Humala, felizmente, no ha inventado ninguna".
Aquí hay que poner algo en claro. Toda representación que se hace de Túpac Amaru ¡Es falsa!. Lo que pasa es que no existe, al parecer, ningún retrato de Túpac Amaru que haya sido hecho en vida. No sabemos cómo era realmente. La apariencia clásica del caudillo indígena con saco, sombrero y medias de seda, se debe a que en esa época, se permitía a las autoridades y nobles indígenas vestir a la usansa española. Era un privilegio que podían o no ejercer dada su posición social. Por tanto, se asume que Túpac Amaru pudo haaber vestido así. Es más, la gran mayoría de retratos que conocemos son de la época de Velasco, quien organizó un concurso en 1970, para elegir la imagen que reresentaria a su gobierno. Se otorgaron cuatro menciones honrosas con un premio de 10 mil soles cada uno: Milner Cajahuaringa, Augusto Díaz Mori, angel Chávez y Fernando Saldías. Como protesta por no haber declarado un único ganador, Milner Cajahuaringa rechazó el premio. Resulta que Cajahuringa consideraba que su retrato era el más fiel al real Túpac Amaru, ya que lo había pintado con referencias dadas por el historiador Carlos Daniel Valcárcel, quien había investigado documentos sobre el caudillo, que lo retrataban tal como era. Todos los retratos posteriores del revolucionario se basan en en los retratos de la década de 1970.Sin embargo, la autora del artículo lo llama "criollón", pues insinúa que no era realmente indígena, sino hijo de un sacerdote criollo (no menciona su nombre), que habría tenido una relación con su madre indígena, así que, al menos, sería mestizo. ¿Con esta afirmación tendenciosa está tratando de desacreditarlo? ¿Está apelando a ello para explicar el fracaso de su rebelión, ya que los indígenas no se habrían sentido identificados con él, dado su origen mestizo, que además, se sentía superior a ellos vistiéndose y viviendo como español americano?
Cuatro retratos que alcanzaron mención honrosa en el concurso del 1970, convocado por el gobierno a través del Ministerio de Educación para escoger el retrato que se usará como símbolo del gobierno. En lugar de escoger un solo ganador, se premió a cuatro artistas, que recibieron 10 mil soles como premio; Milner Cajahuaringa, Ángel Chávez, Augusto Díaz Mori y Fernando Saldías. Cada uno con su visión particular del caudillo. Cajahuaringa, lo representó como un noble indígena, con traje español cubierto por una cusma con motivos incaicos. Chávez, lo representó con vestimenta española y en actitud guerrera. En la visión de Díaz Mori, Túpac Amaru aparece con apariencia de español refinado, con capa y gorro tricornio en la mano derecha; mentras que Saldías lo muestra totalmente aculturado, con vestimentas finas, al estilo español, haciendo gala de su posición económica, culto y refinado (Descripciones sacadas de "Ell verdadero rostro de Túpac Amaru" de Leopoldo Lituma).
Más pereciera una de esas afirmaciones de ciertos programas de chismes faranduleros, que sueltan información tendenciosa sin mayor sustento. Habría que leer los escritos de Humboldt para tener más información.
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Ahora, pasaré a comentar la crítica que hizo al artículo en cuestión Sean Mannion.
Sin
duda, se trata de un artículo provocador y controvertido sobre el pasado
peruano. Vale la pena entonces hacer algunas precisiones históricas e
interpretativas sobre este personaje.
EL ORIGEN DE TÚPAC AMARU
El mayor especialista en Túpac Amaru II, el historiador norteamericano Charles Walker, indica que José Gabriel Condorcanqui Noguera, nació el 10 de marzo de 1738 en Surimana (Cusco). Su padre fue cacique de tres pueblos: Surimana, Pampamarca y Tungasuca. José Gabriel fue educado en el prestigioso colegio de caciques San Francisco de Borja. A su vez heredo 350 mulas, que hizo trabajar en la ruta comercial Cusco-Alto Perú. También poseyó modestos intereses en la minería y en los cocales de Carabaya.
La historiografía sobre Túpac Amaru es bastísima. Muchos son los autores nacionales y extranjeros que se han ocupado del caudillo del siglo XVIII. Desde los años 70s y por mucho tiempo, Carlos Daniel Valcárcel fue considerado la eminencia en Túpac Amaru II. Sus libros han estado vigentes por mucho tiempo, y todo aquel que escribiera un nuevo libro sobre el cacique de Tungasuca, obligatoriamente tenía que consultar a Valcárcel. Hoy, eso ha cambiado. Nuevas investigaciones y nuevas perspectivas han contribuido al desarrollo de nuevas interpretaciones, siendo el estadounidense Charles Walker, hoy por hoy, el mayor referente en cuanto al estudio del rebelde cusqueño. Otros que han publicados libros especializados en Túpac Amaru II y su gran rebelión son los peruanos Scarlett O'Phelan, Omar Aramayo, Juan José Vega, Raúl Asencio, Leopoldo Lituma, el polaco Jürgen Golte, el argentino Boleslao Lewin, el franco-mexicano Jean Meyer y la española María Luisa Laviana. Además, historiadores como Virgilio Roel, Pablo Macera, Luis Durand, Alberto Flores Galindo, Heraclio Bonilla, Peter Klarén y muchos más le han dedicado capítulos anteros en sus libros. Incluso autores como Julio Villanueva Sotomayor y Arturo Vergara Collazos han escrito sobre él.
Carlos Daniel Valcárcel y Charles Walker, los especialistas más importantes en el caudillo cusqueño con sus respectivas obras magnas.
Ciertamente el origen de Túpac Amaru II, no era modesto, sin embargo no alcanzaba para ser considerado entre los caciques más importantes de la antigua ciudad imperial. No es de extrañar entonces que este personaje buscara demostrar su linaje (descendiente del último inca de Vilcabamba) para obtener mayores tierras, así como prestigio en la sociedad colonial. Como miembro de la clase media virreinal, era común que vistiera como los criollos y peninsulares. Tras casi 250 años de presencia europea en el Perú, sería extraño no ver manifestaciones de mestizaje o asimilación completa en el vestir, por parte de los nobles indígenas, más aún en una época tan estamental o jerarquizada.
Como dije antes, José Gabriel Condorcanqui no era pobre. No solo era cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca, sino que también era arriero, es decir que se dedicaba al transporte terrestre de mercancías con recuas de mulas. La ruta que cubría era todo el sur del virreinato, trayendo productos desde el Alto Perú (actual Bolivia) y eso habría sido la principal razón de su levantamiento. Resulta que las reformas económicas impuestas por los borbones los estaban perjudicando. Ahora tenía que pagar impuestos (los indígenas estaban excentos), pero al ser un indio de clase acomodada, tenía que pagar más (por cada cacicazgo que poseía). Por último, se habían establecido el cobro de la alcabala a las operaciones comerciales y controles en los caminos para frenar el contrabando de productos prohibidos, que llegaban desde Europa (espacialmente Inglaterra) por el puerto de Buenos Aires. Fue precisamente Jürgen Golte, quien propuso en "Repartos y rebeliones. Tupac Amaru y las contradicciones de la economía colonial", que la motivación inicial para el levantamiento de Túpac Amaru fue el impuesto de la alcabala y los controles en los caminos, ya que él se dedicaría a traer productos prohibidos como wisky, aceite de oliva, azúcar, carbón y aguardiente, que vendía ilegalmente en Potosí.
Algunas representaciones de Túpac Amaru. La primera (2007), con cusma rojiverde, medallón del sol y alabarda, pertence a Manuel Adrianzén; la segunda, vestido de negro, con botas, lanza y cabello al viento, es de autor desconocido, alparecer, del siglo XIX. El retrato clásico con sombrero de ala ancha sirvió de inspiración para el artista digital Don_belico, especializado en retratos de nativos americanos. Abajo, el retrato que, desde el gobierno de Alejandro Toledo (2002) decora la sala principal de Palacio de Gobierno. Es una obra del artista pomabambino Armando Villegas, paisano del presidente. Por últmo, un cuadro multicolor, estilo collage, de Marcel Valaochaga, que presenta a un Túpac Amaru inspirado en el cuadro de Etna Velarde, rodoado por personajes algo cuestionables como la senderista Edith Lagos, un par de terroristas del MRTA, el guerrillero de los años 60, Luis de la Puente Uceda y el "búfalo" Barreto, muerto en la revolución aprista de Trujillo de 1932, junto al presidente Velasco y unos personajes de Guaman Poma, en actitud lamentadora. Todos ellos, bajo la protección de la virgen María. ¿El nombre del cuadro? "La resurrección de Túpac Amaru" del 2004.
LA GRAN REBELIÓN Charles Walker señala
que existen básicamente tres interpretaciones del levantamiento tupacamarista, estas serían las siguientes: a) Movimiento precursor de la independencia (en el sentido anticolonialista) b) Nacionalismo neo-inca (identidad inca / “tradiciones inventadas”) c) “Viva el Rey” (tradición de negociación de derechos)
Estas
interpretaciones son correctas tales como son presentadas, y evidencian además
que en el levantamiento indígena más importante del siglo XVIII, confluyeron
tanto factores ideológicos, como económicos y políticos. Es por
ello que frente al opresivo régimen colonial, el poder de la aristocracia
limeña y el gran impacto de las reformas borbónicas; Túpac Amaru esbozó un
programa que el historiador Alberto Flores Galindo, resume del siguiente modo:
1.La expulsión de los españoles. No bastaba
suprimir los corregimientos y los repartos, debía abolirse la Audiencia, el
virrey y romper cualquier dependencia con el monarca español.
2.La restitución del imperio incaico. Fiel a
la lectura del inca Garcilaso, pensaba que podía restaurarse la monarquía
incaica, teniendo a la cabeza a los descendientes de la aristocracia cusqueña.
3.Introducción de cambios sustantivos en la
estructura económica: supresión de la mita, eliminación de grandes haciendas,
abolición de aduanas y alcabalas, libertad de comercio.
Seis libros de Túpac Amaru escritos por autores extranjeros. El argentino Boleslao Lewin, al parecer, es el más interesado en Túpac Amaru de todos, puesto que ha escrito varios libros sobre el líder indígena, que además, cuentan con varias ediciones. Tenemos también libros de los españoles Omar Sevillano y María Luisa Laviana y Carlo Caranci, así como del mexicano Charles River y la argentina Marisa Gallego.
La
rebelión de Túpac Amaru fue un movimiento protonacional que busco acabar con el
antiguo régimen colonial. Charles Walker afirma que: “la invocación de José
Gabriel al Rey de España, y la idea de erigirse en nuevo emperador no debe ser
rebajada con calificativos de retrógrada o conservadora, pues resulta
anacrónico el cuestionamiento de la naturaleza política del movimiento con el
argumento de que no defendía algúntipo
de plataforma republicana”. El autor añade: “en ese momento, casi una década
antes de la revolución francesa, la idea republicana apenas si estaba incluida
en el discurso político de los Estados Unidos (…) no existía una clara
alternativa postcolonial: Túpac Amaru intentaba construir una”.
Con la promoción del gobierno militar, Túpac Amaru II pasó de ser un personaje histórico solo conocido por un reducido círculo de intelectuales, a ser no solo, el símbolo de la llamada revolución velasquista, sino también en el epónimo de la "raza peruana", en el símbolo de la peruanidad y en uno de los personajes más reconocidos de la historia nacional. Sobre sus motivos, ya mencioné que si bien, empezó como una protesta ante las reformas borbónicas, parece que progresivamente fue cambiando hacia la defensa de los interesas de la masa indígena, explotada por las autoridades coloniales. Quien sabe si esa experiencia vivida en Lima, tratando de hacer que le reconozcan el título nobiliario al que aspiraba, le hizo virar el objetivo de su posterior levantamiento. Posiblemente vio que para las autoridades españoles, él era un indio más, sin importar su cargo, su dinero o su linaje. Al fin habría conocido la realidad y eso le habría ayudado a tomar conciencia.
Sobre la idea de querer proclamar una 'monarquía neoincaica', era pues algo lógico. Empecemos porque en el siglo XVIII no se conocía en el mundo una forma de gobierno distinta a la monárquica. El debate internacional era sobre qué tipo de monarquía adoptaría un reino: absolutista (como en la mayoría de países de esa época) o parlamentaria (como en Inglaterra). La República era apenas una teoría propuesta por los filósofos de la Ilustración como Voltaire, Rousseau y Montesquieu. Por eso, no es de extrañar que el plan político del caudillo peruano haya sido una monarquía con tintes incaicos, donde él sería el emperador. ¿Habría utilizado el título de Inca? Posiblemente, no en vano, para lograr el apoyo de los indígenas cambió su nombre original de José Gabriel Condorcanqui por el del último inca de Vilcabamba, Túpac Amaru, hijo de Manco Inca, que después de ser derrotado, fue decapitado por órdenes del virrey Toledo. Al autonombrarse como el último inca rebelde, tácitamente se estaba presentando como la reencarnación de éste; el Inkarri, el salvador, que todos esperaban. Eso es lo que le da un carácter mesiánico a su rebelión.
Una duda que alguien podría plantearse es, ¿por qué no utilizó el nombre de Atahualpa, que fue el inca que gobernaba cuando Pizarro inició la invasión al Tawantinsuyo? Se cree que, habría visto la experiencia fallida de otro rebelde indígena, Juan Santos Atahualpa, quien usó el nombre del usurpador, no logró conseguir el apoyo que esperaba para rebelarse contra el virreinato. Lo que sostienen algunos historiadores como Medardo Purizaga, es que, el nombre de Atahualpa no tenía mayor significación entre los indígenas andinos, puesto que no lo reconocían como legítimo heredero, a diferencia de Túpac Amaru, que siendo hijo de Manco Inca,tenía linaje real. José Gabriel adoptó entonces el nombre de Túpac Amaru (conocido como Tupac Amaru II por los historiadores) y el pueblo lo siguió.
Colección pictórica del artista cusqueño Antonio Huillca que muestra distintos momentos de la vida y rebelión del caudillo de Tinta con impactantes imágenes en tonalidades rojas y anaranjadas, que pueden resultar chocantes para el espectador.
LAS CAUSAS DE LA DERROTA
Uno de los prejuicios sobre esta época es presentar a los indígenas como un grupo homogéneo o indiferenciado. La sociedad colonial fue muy compleja, y los grupos indígenas estuvieron divididos por conflictos regionales, étnicos y de clase. El
levantamiento de Túpac Amaru, “nunca llego a ser un movimiento anticolonial
multiétnico” (Walker: 2004). Los antagonismos entre los nobles o caciques
cusqueños fueron sin duda un factor de peso en la derrota de la rebelión
sureña. Los intereses, prebendas y prerrogativas se impusieron en un escenario
de conflictos permanentes por el reconocimiento de derechos entre los
descendientes o supuestos descendientes de los incas. Esto sumado a otros
importantes factores tales como: la dispersión de los pueblos indígenas, el
tibio apoyo de otros grupos sociales (mestizos, criollos, negros), así como la
oposición de la iglesia, la superioridad militar española y los errores
estratégicos de los rebeldes; se explica el resultado final de la gran
rebelión. Jerarquizar
todas las causas es complicado, pero sin duda la primera mencionada es la más
mentada y menos comprendida.
Si su insurrección fue tan grande, ¿por qué fue derrotada? Creo que no se le puede reducir a una sola causa. Tradicionalmente se dijo que la superioridad militar y estratégica del visitador Antonio de Areche fue la razón de su derrota, pero sería algo muy simple. La historia nos da muchos ejemplos de multicausalidad, ya que suele ser la confluencia de muchos factores lo que determina un acontecimiento histórico, más aún los hechos bélicos. Así que la llegada de Areche no es la única causa de su derrota. Los factores internos podrían haber tenido un mayor impacto, porque al ser un movimiento tan grande, era difícil controlarlos a todos, especialmente a los aymaras, quienes demostraron ser mucho más violentos que los quechuas, atribuyéndoseles muchos de los sucesos vilentos de la rebelión. Actos violentos que terminaron por generar temor entre los criollos y mestizos, que en un momento sintieron simpatía por Túpac Amaru y que ahora apoyaban a las fuerzas realistas. La masacre de Sangarará habría sido la razón de tal cambio. Además, tenemos la traición de varios curacas, como Pumacahua, que se unieron a las tropas de Areche.
Tal vez los dos monumentos más conocidos de Túpac Amaru. ambos bronces datan de 1970 y son de la autoría del escultor Joaquín Ugarte y Ugarte. En la primera fue representado de pie, con actitud solemne y decidida, a manera de juramentacion y sirvió de inspiración para que Etna Velarde pinte su célebre retrato. Forma parte del complejo escultórico del Parque de los Precursores y Próceres de la Independencia, ubicado en el distrito de Jesús María, junto a las esculturas de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, Toribio Rodríguez de Mendoza y Francisco Vidal y los tres caballos desvocados ubicados delante. En la cima del monumento, un cóndor con las alas desplegadas, tal como se aprecia en la foto inferior derecha. El segundo monumento, es una estatua ecuestre ubicada en la Plaza dela ciudad imperial del Cusco, escenario de su revolución. Fue representado en pose de liderazgo, con el brazo en alto, enarbolando la rebelión, grito en pecho, en defensa de los oprimidos y en contra de la corona española.
TÚPAC AMARU Y EL GENERAL VELASCO
El historiador Antonio
Zapata, recuerda en un artículo titulado: “Generaciones e Independencia”, que
fue Pablo Macera y otros autores de la generación del 50, quienes rescataron a
la figura de Túpac Amaru II. En este interesante texto publicado por el
Instituto de Estudios Peruanos, señala: “Gracias a su capacidad para dirigir
una gran rebelión, Túpac Amaru fue elevado al pedestal de gran figura
paradigmática del pasado combativo que caracterizaría al pueblo peruano. La
historiografía había hallado al héroe perdido que fundamentaba una nueva
narración de la independencia (…) Esa idea estaba clara en la historiografía
nacional años antes de Juan Velasco. Pero, recién con el gobierno
revolucionario de las FF. AA., Túpac Amaru fue elevado a la categoría de padre
de la patria, verdadero fundador de la emancipación americana (…) Pero, luego
cayó Velasco y se derrumbó el edificio del nacionalismo militar. Sus
principales proyectos y mensajes se desacreditaron y Túpac Amaru fue relegado.
El de Velasco ha sido un gobierno sin continuadores y nadie lo ha reivindicado
ni salvado a las figuras que fueron proyectadas en ese tiempo. Por el
contrario, los héroes de Velasco han acabado siendo detestados por una buena
parte de la opinión pública. Pocos años después, el Movimiento Revolucionario
Túpac Amaru tomó el nombre y figura del cacique de Tungasuca para sumarse a la
violencia desatada previamente por Sendero Luminoso. Con ello, el héroe Túpac
Amaru volvió a perder ante la opinión pública, porque su nombre quedó asociado
a la violencia de los tenebrosos años ochenta”.
El general Juan Velasco Alvarado, presidente de la República, en una actividad pública, dando un efervescente discurso con la imagen de Tupac Amaru tras de él. Acá el caudillo aparece rompiendo cadenas, como si de un esclavo se tratara, cuando bien sabemos, que nunca se encontró en tal situación. Claro que no debemos entender el dibujo en forma literal, sino más bien, en forma simbólica, interpretando el mensaje que quiere dar. Al costado vemos la imagen más usada de Tupac Amaru, diseñada por el artista Jesús Ruiz Durand, y que sirviera como símbolo de una de las instituciones más poderosas del régimen velasquista, el SINAMOS (Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social).
Coincidentemente
la historiadora Cecilia Méndez en una entrevista reciente ha indicado que: “la
historia hegemónica y las narrativas actuales han desaparecido a Túpac Amaru
del discurso de la independencia, que se cuenta como si fuera obra de los
criollos. Es interesante ver que el héroe oficial se ha convertido en
proscrito, a pesar de que todavía existe una pintura de Túpac Amaru en el
Palacio de Gobierno, y de que hay una resurrección de su imagen en el ámbito
popular”.
El
gobierno de Juan Velasco Alvarado, fue un periodo de nacionalismo militarista,
que generó a su vez una nueva narrativa histórica nacional, una de corte
indigenista, popular y reivindicativa. Si bien es cierto Túpac Amaru no ocupa
el lugar central de antaño; no es un personaje menor en el imaginario histórico
vigente, ya sea en las escuelas, así como en la esfera política. Lastimosamente
el odio y rencor hacia el reformismo de izquierda encarnado en Velasco se ha
proyectado en el rebelde cusqueño, como se evidencia en el artículo citado al
inicio de este texto.
La
historia es un instrumento político del nacionalismo, así como también lo es
para los grupos conservadores u oligárquicos. Túpac Amaru no puede verse bajo
los anteojos de la derecha e izquierda política, sino bajo la mirada reflexiva
y crítica de la historia.
¿Con qué acontecimiento inicia nuestro proceso emancipador? Eso es algo que ha despertado polémica por varios años. Y eso ha influido también para que el 2021 se haya conmemorado el bicentenario de nuestra independencia, a diferencia de la mayoría de nuestros países vecinos, quienes la lograron casi por el mismo tiempo que nosotros, pero que celebraron su bivcentenrario entre el 2009 y el 2010, y es que no tomaron en cuenta la fecha exacta de su proclamación pública (que acá la hizo San Martín un 28 de julio de 1821), sino que tomaron en cuenta el inicio de su lucha emancipadora, mayoormente con la formación de sus respectivas juntas de gobierno. En nuestro caso, si consideramos a la rebelión de Túpac Amaru II como el inicio de la lucha emancipadora, entonces se debió celebrar el bicentenario en 1980, pero, como se dice en el artículo, muchos consideran la independencia como un producto meramente criollo, por lo tanto, la insurrección de Túpac Amaru y todos los levantamientos indígenas quedan fuera. Una injusticia.
Tupac Amaru es uno de los personajes históricos al que más billetes se le ha dedicado. Los dos primeros corresponden al gobierno militar y lo representan con la imagen clásica, con sombrero de ala ancha, sacó y cabello suelto. Esta imagen, en algun momento estuvo exhibida en Palacio de Gobierno. El segundo billete estuvo vigente hasta los primeros años del gobierno de Belaunde. El último billete, de 500 ints, entró en circulación durante el primer gobierno de Alan García, cuando los devaluados soles fueron reemplazados por los Intis. El diseño tuvo como referencia el cuadro de Teodoro Núñez Ureta. También hubo monedas blancas y amarillas de 5, 10 y 50 soles, acuñadas durante el gobierno de Belaunde.
REFLEXIONES FINALES
Si bien es cierto que
los regímenes revolucionarios buscan adecuar el pasado a sus intereses, no es
menos cierto que a veces visibilizan espacios que la historia oficial no toma
en cuenta o ignora convenientemente. Túpac Amaru II, fue el símbolo del
velasquismo y la segunda fase del gobierno militar; encajo con el espíritu
antiimperialista y populista de aquellos años. No es raro que los herederos de
las viejas oligarquías sientan aún aversión por José Gabriel Condorcanqui, así
como a su continuación expresada en la figura del general Velasco.
Tupac Amaru y su gesta revolucionaria también han sido publicados en formato de historieta. Los dos primeros, escritos e ilustrados por el reconocido dibujante Juan Acevedo y que, para el Bicentenario, fue reeditado, con auspicio del gobierno, en un solo volumen. El siguiente es una biografía ilustrada, editada por el historiador argentino Felipe Piga y el último, en formato cómic, en 1957 fue publicada su vida por la editorial mexicana Ediciones Recreativas S.A.
Ediciones Recreativas S.A. se especializó en presentar biografias de importantes personajes américanos, asi como episodios históricos, mitos y leyendas de nuestro continente desde 1956. Años después, cuando se transformó en Editorial Novaro, fue publicada por la poderosa empresa de comics.
Una
acusación frecuente contra ambos personajes es la de resentidos y vengativos;
ciertamente un juicio que responde más a pasiones u odios que a meditación
imparcial. Túpac Amaru y Velasco removieron las estructuras sociales de sus
épocas y representaron la mayor revolución política de sus tiempos. Es cierto
que Túpac Amaru II, ha sido mitificado y merece ser historizado, sobre todo
para el gran público. Por ahora se corre el riesgo, simplemente, de caer en
funestas leyendas blancas o negras sobre su significado en la historia peruana.
Sin
duda alguna, la señora Marta Meier Miró Quesada, no aporta nada en ubicar
históricamente a Túpac Amaru II, y sólo alienta, las viejas divisiones y
rencores político-sociales de antaño.
Video de "Sucedio en el Perú" del 2009, donde el historiador y conductor Antonio Zapata reflexiona sobre la rebelión de Túpac Amaru II en una amena conversación con el actor Giovanni Ciccia.
Como podemos ver, Túpac Amaru es uno de los favoritos de la historiografía peruana.
A MANERA DE CONCLUSIÓN
Por más que muchos intenten desmerecer al caudillo del siglo XVIII, es indudable su contribución a la independencia peruana, y si bien no la consiguió, no se puede negar la importancia de su movimiento, por más que lo haya tomado como símbolo la izquierda, tanto Velaco como el MRTA. Méritos no le faltan. Fue el primero en hablar de independencia, de ofrecer la abolición de la esclavitud y pionero de la igualdad de género, pues permitió a las mujeres asumir un rol importante en su rebelión y no solo como apoyo. Su esposa, Micaela Bastidas no solo era su esposa, sino que apoyaba en la dirección de las tropas, la obtención de recursos y el planeamiento de las estrategias. Otras mujeres importantes en la rebelión fueron Tomasa Tito Condemayta, Cecilia Túpac Amaru y Bartolina Sisa. Además, se ha filmado una película, una miniserie histórica, un par de documentales en cable y varios videos en You Tube, nacionales e internacionales, sobre su vida y su rebelión.
Nada mal para un personaje olvidado por casi 200 años, que ingresó a la historia oficial hace apenas 50.
TÚPAC AMARU, película de 1984, dirigida por Federico García y protagonizada por Reynaldo Arenas.
Algunos de los videos nacionales e internacionales que sobre Túpac Amaru se encuentran en internet.
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FUENTES: "El verdadero rostro de Túpac Amaru" - Leopoldo Lituma Agüero "La gran rebelión de Túpac amaru" - Canal Encuentro
"Obras de arte y turismo monumental" - José Antonio Gamarra Puertas "Túpac Amaru" - Sucedió en el Perú
"Un siglo de rebeliones coloniaales" - Scarlett O'Phelan