lunes, 10 de agosto de 2020

Los verdaderos Dinosaurios

¿Eran los dinosaurios como los hemos imaginado?

Un ilustrador reaviva el debate sobre los sesgos de interpretación de los fósiles y señala que estamos añadiendo características inventadas a los dinosaurios. El asunto se lleva debatiendo más de un siglo, desde el propio origen de la paleontología.
 ANTONIO MARTÍNEZ RON
Lo que usted ve sobre estas líneas no es una reconstrucción de un dinosaurio. En realidad es la imagen que el artista gráfico C.M. Kosemen ha creado a partir del cráneo de un hipopótamo actual. Para hacerlo, explica, ha aplicado las mismas premisas que se aplican cuando se reconstruye un dinosaurio, y el resultado, salta a la vista, se parece a un hipopótamo real lo que un huevo a una castaña.
Las representaciones de dinosaurios no se parecen a criaturas vivas, sostiene C.M. Kosemen
Este punto de vista provocativo queda reflejado en su libro 'All Yesterdays...', publicado en el 2012 y que ha reavivado la polémica tras un reciente artículo en Atlas Obscura. En opinión de Kosemen, hay una tendencia entre los paleoilustradores, entre los que él se cuenta, a exagerar las garras de los dinosaurios y de hacer sus cabezas parecidas a las de los cocodrilos. “Siempre tienen esas extrañas sonrisas en las que se ven los dientes”, asegura, al tiempo que recuerda que la mayoría de los animales tienen labios y protuberancias de grasa y piel que tapan los dientes y sobresalen aquí y allá. El problema, a su juicio, es que las representaciones de dinosaurios no se parecen a criaturas vivas. Para explicarlo salpica su libro con ilustraciones de animales actuales reinterpretados con el supuesto criterio de la reconstrucción de dinosaurios. Así, por ejemplo, lo que representa en la siguiente imagen es cómo serían un elefante, una cebra y un rinoceronte si los interpretáramos a partir de sus huesos con esas pautas:
Representación libre de un elefante, una cebra y un rinoceronte a partir de sus esqueletos
Representación libre de un elefante, una cebra y un rinoceronte a partir de sus esqueletos Cortesía de C.M. Kosemen
Para Kosemen, las ilustraciones de los dinosaurios deberían tomar más rasgos de los animales que viven hoy en día. Estos están llenos de estructuras blandas que no quedan en los fósiles y que se manifiestan en forma de aletas, papadas o sacos de piel. “Puede que incluso haya formas que nadie ha imaginado”, asegura. “Pudo haber dinosaurios herbívoros, por ejemplo, que tuvieran armaduras como las del pangolín o el armadillo que no fueran conservadas en fósil. Podría también haber dinosaurios con espinas como las de puercoespín”.
Reconstrucción libre y "dinosaurica" de un babuino a partir de sus huesos
Reconstrucción libre y "dinosaurica" de un babuino a partir de sus huesos Cortesía de C.M. Kosemen
Para el divulgador y doctor en Paleontología Francisco Gascó, conocido en redes como @Pakozoiko, el análisis de Kosemen tienen muy poco rigor e ignora principios básicos de la reconstrucción de dinosaurios. “Su visión incide en la parte de interpretación libre que conlleva la reconstrucción de fósiles”, asegura, “Pero lo cierto es que ignora la base a la hora de empezar una reconstrucción”. Antes de empezar a trazar líneas de contornos de piel a partir de un esqueleto los restos deben estar estudiados y clasificados, recuerda, con lo que se crea un marco de actuación. “Si se clasifica como un mamífero”, explica, “ya estaríamos desechando escamas, plumas y estructuras más típicas de otros vertebrados, por ejemplo”. Y lo mismo sucede con la musculatura. “La comparación de la musculatura se hace siempre dentro de un "marco filogenético" muy cerrado. Por ejemplo, para dinosaurios se usan únicamente aves y cocodrilos como comparación”.

"Es verdad que hay sesgos en las reconstrucciones”, admite Peñas Artero, “pero hasta un límite”
José Antonio Peñas Artero (@japa6691) es uno de los mejores ilustradores españoles en el campo de la paleontología. En su opinión, Kosemen se ha limitado a plantear una caricatura burda del proceso de paleoreconstrucción, ignorando completamente la base en la que se apoya dicho proceso, que es la anatomía comparada. “Es verdad que hay sesgos en las reconstrucciones”, admite, “pero hasta un límite”. Lo que plantea este ilustrador no se parece en nada a lo que hacen los profesionales en este terreno. “No es cierto, no reconstruimos los seres poniendo una capa de piel en los huesos. La anatomía comparada es fundamental en estos casos”, reclama. “Si alguien reconstruye un cachalote o una orca”, explica, “nunca le pondría una cola de reptil o pez. Cualquier anatomista identificaría los cráneos de esos animales como de mamíferos, y aunque nunca encontráramos sus colas, sabría que en el movimiento natatorio los mamíferos ondula en el plano vertical, porque nuestra espina dorsal se mueve así”.
Un estudiante de arqueología representa erróneamente un cachalote y una orca a partir de su esqueleto
Un estudiante de arqueología representa erróneamente un cachalote y una orca a partir de su esqueleto @AtiliusAugustus
Sin embargo, sí hay parte de la crítica que tiene razón, como la que se refiere e a elementos que no podemos conocer por el registro fósil. “Que incluya la representación del elefante es gracioso porque, de no existir elefantes vivos, no podríamos haber interpretado el enorme hueco nasal de los cráneos de mamuts y mastodontes como el lugar donde va de la trompa”, asegura. “Pero como teníamos los elefantes como referencia, nadie reconstruiría un mamut con un aspecto parecido a lo que él [Kosemen] dibuja”. Si recogiéramos restos de delfines actuales, sin ir más lejos, tampoco sabríamos que tienen una aleta. Y eso pasó exactamente con los primeros restos de ictiosaurios, aunque sabiendo que eran reptiles y cómo se movían se predijo que podrían tener una proyección en forma de aleta caudal. “Y cuando se descubrieron los fósiles alemanes, que habían dejado una marca del perfil de las aletas, se comprobó que su predicción era correcta”, recuerda Peñas.

Los iguanodontes mueren de pie

El debate sobre la interpretación de los fósiles es tan viejo como la propia paleontología. Comienza a mediados del siglo XIX cuando Gideon Mantell descubre un enorme diente en un bosque inglés y por su semejanza con el diente de una iguana bautiza a la especie propietaria como iguanodonte. “Mantell extrapoló los datos y pensó que los resto pertenecían a una iguana gigante de 12 metros”, explica Peñas. “Más adelante Owen pensó que se trataba de una criatura mamiferiana, algo así como un rinoceronte con cola”.
A lo largo de los siglos, el paradigma iría cambiando y con él la forma de representar el animal. En 1877 se descubrieron los fósiles de 31 iguanodontes perfectamente conservados en una mina de carbón de la localidad belga de Benissart y se comprendió que la propuesta de Owen no tenía sentido. “Hay una famosa fotografía del paleontólogo que montó sus esqueletos, Louis Dollo, en la que se ve que estaba buscando algo con los que compararlo, porque en la imagen tiene un esqueleto de ibis [el ave africana] y otro de canguro”, explica Peñas. “Como el paradigma del mamífero seguía estando activo, Dollo siguió reconstruyendo el iguanodon como un canguro, cuando tenía todos los elementos para haberlo interpretado correctamentePor eso los dinosaurios se representaron casi caminando, como humanos, durante décadas”.
La tendencia a representar a los terópodos en vertical, tipo Godzilla, se ha mantenido casi hasta nuestros días. Hace unos años, un equipo de la Universidad de Cornell hizo una prueba con 111 estudiantes de universidad y 143 de bachillerato a los que pidieron que dibujaran un Tiranosaurus rex tal y como ellos lo imaginabanLa inmensa mayoría seguía dibujando el tiranosaurio en la postura erguida - y errónea - que habían descrito los primeros paleontólogos. “Sigue habiendo muchos sesgos”, admite el ilustrador, “como representar a los pterosaurios como una especie de dragones, cuando desde el principio estaban cubiertos de pelo”. Otro error repetido, se queja, es el de dibujar a los dinosaurios con cara de psicópatas, con expresión de querer devorar al espectador en cualquier momento. “Un tópico que se ha transmitido mucho es el de la pose de los brazos”, prosigue. “Lo que yo llamo la pose del pianista malvado o del vampiro, con la que se representa por ejemplo al velocirraptor. Hoy sabemos, por la anatomía, que es totalmente antinatural, tendrían que rotar el brazo 180 grados: más bien tenían las palmas hacia dentro, como las alas de un ave”.
En 1802 Anderson representó el mastodonte con los colmillos encajados en los orbitales
En ocasiones los errores históricos fueron de bulto, como en el caso de los mastodontes. En 1802, el artista Alexander Anderson reprodujo el esqueleto montado de uno de estos grandes animales, parecidos a los mamuts, y le colocó sus colmillos encajados en los orbitales. Un año después, Rembrandt Peale pensó que estos animales eran carnívoros y que necesitaban los colmillos para desgarrar la carne, de modo que los colocó mirando hacia abajo. “Hoy ya no hacemos estas cosas”, explica Peñas. “Conocemos las relaciones filogenética y las reglas biológicas que impiden extrapolar simplemente en tamaño. Sabemos, por ejemplo, que cuanto más grande es una animal mayores tienen que ser sus reservas; no puedes coger un elefante y representarlo como un ratón gigante. Tampoco reconstruirían un rinoceronte como lo hace el autor de la polémica, que lo representa con una espina dorsal en forma de vela. “Nosotros conocemos a los rinocerontes y animales parecidos y sabemos que eso no se corresponde con una vela”, sentencia. “Es cierto que existen los sesgos y que se trasmiten, pero las recreaciones que ha hecho él no se basan en eso, sino en inventarse el animal”.
Errores de interpretación del mastodonte, con los colmillos en los ojos o hacia abajo
Errores de interpretación del mastodonte, con los colmillos en los ojos o hacia abajo Universidad de Bristol

Cómo reconstruir un dinosaurio

Cuando un ilustrador recibe el encargo para reconstruir un animal tiene muchos datos encima de la mesa para no tener que inventarse cosas. Una parte queda para la creatividad, pero las normas biológicas y anatómicas están ahí y se han ido perfeccionando durante mucho tiempo. “Hay normas que te permiten extrapolar esos datos”, explica el ilustrador y pone el ejemplo concreto de la reconstrucción que hizo él mismo de Pelecanimimusun dinosaurio que se encontró en Cuenca.
“Encontraron la columna vertebral, los brazos, el cuello y la cabeza; nos faltaban las patas”, recuerda. “La estructura de la muñeca permitió identificarlo como un ornitomímido, luego ya sabes que las patas van a ser de un animal corredor no muy grande. También sabes que no puede ser un animal muy pesado”. Estos datos se pueden deducir de las marcas que dejan los músculos en los huesos, rugosidades que aparecen donde se insertan los tendones. “Yo hice mi reconstrucción, en base a otras que se habían hecho antes, e introduje algunos cambios. Y cuando la puse a correr en el programa me di cuenta de que tenía que levantar mucho el fémur, lo que implica demasiado gasto energético. Así que lo tuve que modificar y ponerle las patas más largas”.
Reconstrucción de 'Pelecanimimus'
Reconstrucción de 'Pelecanimimus' Cortesía de J. A. Peñas Artero
Una vez terminado este proceso el ilustrador tiene algo más de libertad respecto a la librea, es decir, el color y aspecto exterior. “Pero el color también se puede intuir, lo que no vamos a hacer es un triceratops rosa”, bromea. De todas formas, la discusión continúa y los cambios en la representación siguen encima de la mesa. El último asunto importante es la presencia de plumas y su posición. “Ahora que ya está más establecido el paradigma de aves, se tiende a hacer aves en los dinosaurios terópodos”, reconoce. “Pero se les sigue poniendo plumas aquí y allá para que parezca un monstruo. Hace poco hice una reconstrucción de un T. rex en Japón y me hicieron repetirla, porque se había descubierto que partes del vientre estaban sin plumas, así que se las puse solo la espalda y las piernas” concluye. “Porque se tiene en cuenta y todos esos detalles importan”.

domingo, 9 de agosto de 2020

Lina Medina


Lina Medina, una madre a los cinco años

CRÓNICAUn caso único comprobado por la cienciaNOTICIA



MARTÍN MUCHA

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11 FEB. 2018 21:01

Lina medía 110 cm y tenía aún dientes de leche. Su hijo nació el día de la madre de Perú en 1939. CRÓNICA
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Cuando España queda conmocionada con el parto de una niña de 11 años en Murcia, vamos en busca de la madre más prematura de la Historia

Lina es peruana, hoy tiene 84 años, y ya ha sobrevivido 39 años a su propio hijo

El médico que ha escrito su biografía actualizada, que presentamos en exclusiva, nos ayuda a relatar su vida

Lina Medina tiene un nombre que rima con vida. Sigue oculta, sus 140 centímetros de estatura le ayudan a pasar desapercibida. Es una mujer discreta, de nobles modales, de una manera sensible de sobrevivir. Conserva a pesar de su edad una magnífica piel andina. Parece mucho menor de los 84 años que cuenta. Una paradoja para la madre más precoz de la historia de la humanidad. Ella tuvo a su hijo Gerardo con cinco años, siete meses y 21 días de edad. En la semana en que una niña-madre de 11 años ha conmovido a España, reconstruimos la vida de Lina con su biógrafo, el ginecólogo José Sandoval, que anuncia la reedición ampliada de su libro: Madre a los cinco años. Es un recorrido desde su niñez en una de las zonas más pobres de América, el nacimiento de su vástago, las comprobaciones médicas, las promesas incumplidas por el Gobierno, la generosidad de su ginecólogo, su caída en desgracia, la muerte de su hijo-hermano a los 40 años, el amor, el nacimiento de su segundo pequeño, la miseria, el olvido, su pensión que no llega a los 35 euros... Una existencia digna de Eurípides. Así es la vida de Lina.
Origen

Para los pobladores de Antacancha, Lina no es solo la penúltima pequeña de Tiburcio Medina y Victoria Loza. Ella es la virgen María y la madre del hijo del Sol. Crece en una de las zonas más pobres de Huancavelica, el reino de la desesperanza, una de las capitales de la miseria de Perú, donde las familias viven con un euro al día. Eso hoy. Cuando Lina nace, el 27 de septiembre de 1933, al menos no le tienen que cercenar el cordón umbilical con una piedra, como pasó con alguno de sus hermanos. Vida de campo, serena, de santos inocentes. Había tenido manchas rojas desde los ocho meses en la zona de la ingle. No le dan importancia hasta que, con dos años y nueve meses, sus hermanas ven en «sus piernecitas manchas de sangre», como describe Sandoval. Van a la madre, que «procede a realizarle un brusco examen, propio de la gente ruda del campo, para tratar de identificar la herida sangrante. Hay algo que llama la atención a Victoria: es el tenue vello que se evidencia alrededor de los genitales». La escena se repetiría 45 días después y así sucesivamente. Es gente de campo, de los Andes profundos, donde el nivel de analfabetismo llegaba a superar el 90%. «Con el transcurrir de los meses notan que los rasgos de sangre vienen en cada luna. Creencias de la zona los obligan a atribuir a la luna el motivo de esta enfermedad».

Lina y sus hermanos duermen sobre trozos de cuero y mantas, que se distribuyen en cuatro partes, tratando de formar cuatro camas. A finales de 1938, el sangrado se detiene. Victoria agradece al cielo. Eso sí, ve a la chiquitina que acababa de cumplir cinco, menos radiante. Triste. Pensaban que le había dado el mal del puquio o la enfermedad del cerro. Para abril de 1939, la barriga de Lina está muy hinchada. Padece cólicos. Se retuerce de dolor. El centro médico más cercano está a 170 kilómetros de montaña, ríos y barro. Tiburcio toma a su hijo y comienza la ruta. «Salen de Antacancha el seis, a las seis de la mañana. Inicialmente, la pequeña Lina camina pero pronto el abultado abdomen la fatiga y Tiburcio se ve obligado a cargarla, con una manta ancha la sujeta a sus espaldas».
A la izquierda, Lina Medina a los nueve meses de gestación. A la derecha, ella con su hijo en un parque de Lima. La diferencia de edad exacta entre ambos era de cinco años, siete meses y 21 días. JOSÉ SANDOVAL / CRÓNICA

Tarda dos días en llegar al hospital San Juan de Dios de Pisco. Ha viajado de la sierra a la costa del Perú. Un descenso de 3.450 metros. La auscultan distintos médicos. Ninguno quiere aceptar la realidad. Llega a manos de Gerardo Lozada, médico jefe del hospital, el ángel de Lina hasta su muerte. No es un cualquiera. Gerardo Lozada Murillo, arequipeño, cuenta entonces con 42 años, se ha graduado con las mejores calificaciones en ginecología y cirugía. Tiene además estudios de posgrado en Estados Unidos.
Real maravilloso

«El doctor Lozada con una evaluación inicial se muestra escéptico. Pide inmediatamente al padre algún documento que certifique la edad. Tiburcio extrae de su bolsa lo que tanto había cuidado, la partida de bautismo. Efectivamente, tiene cinco años, seis meses y 15 días de vida... Le encuentra los senos desarrollados y con tubérculos de Montgomery; la piel del abdomen con algunas estrías; y vello pubiano. Envía a ubicar al radiólogo... La toma de la placa se realiza con toda normalidad para el encargado del examen... Espera ansioso el procesamiento de la placa radiográfica. El doctor Lozada lo toma casi hurtándolo y lo coloca en el negatoscopio. Treinta segundos son suficientes para confirmar el diagnóstico, el resultado es categórico: se observa un feto en situación normal, en presentación cefálica, con una cabeza ya voluminosa compatible con una gestación de aproximadamente ocho meses».

Lozada reflexiona y cavila. «Pide para sí serenidad. Se sienta en su cómodo sillón y reflexiona: tiene en sus manos el caso más sorprendente... Es el caso de maternidad más precoz que, hasta el momento, registra la historia de la humanidad». El 12 de abril de 1939 declara ante la prensa. No se puede ocultar más: «Al recibir a la menor observé un bulto sospechoso en el vientre. Al parecer, efectos hidrópicos en desarrollo. Ella tiene todas las características clínicas de una gestante adulta». Lo imposible. La noticia llega a Lima, a EEUU, a Europa, Asia. Todos revisaban la edad una y otra vez. Y, aparte del lado médico, hay un crimen que investigar.
Imágenes de Lina Medina con su hijo Gerardo cuando ya había sido noticia en los más prestigiosos medios y revistas científicas internacionales. JOSÉ SANDOVAL / CRÓNICA

Tiburcio fue detenido. Las pesquisas policiales y médicas llevaron al médico y al doctor al pueblo de Lina y sus ocho hermanos, cinco varones. Fueron con cámaras para registrarlo todo. Llegaron tras pasar penurias inéditas para citadinos. Fue un encuentro con la belleza del paisaje y la pobreza más extrema. El misterio de quién era el causante del embarazo continúa hasta ahora. Aunque Sandoval apunta a un sospechoso. «Los policías miran detenidamente a cada uno de los hermanos varones. Definitivamente, capta la mayor atención Amador. Tiene 18 años... Se le observa retraído, alejado, algo temeroso». Como en el caso de Murcia, se apunta al hermano. Pero tanto él, como el padre -sometido al más cruel interrogatorio, incluso dejándole hambriento por días- y los otros parientes varones de Lina quedan exculpados por falta de pruebas.

Un prestigioso medico limeño da su punto de vista en una reunión con lo más granado de la medicina del continente: «Estamos frente a dos monstruosidades: una biológica, la posibilidad de gestación a los cuatro años y medio; y otra social, el hecho de haber tropezado esta infeliz criatura con un varón capaz de fecundarla».
La cesárea

El 11 de mayo de 1939, deciden trasladar a la embarazada de cinco años a la capital peruana. Tres días después, el día de la madre en Perú, Lina Medina entra en quirófano. José Sandoval, destacado especialista, quien ha viajado por todos los escenarios de la vida de Lina, revisado los expedientes médicos del caso, novela así de minuciosamente el nacimiento:

«El anestesiólogo coloca una máscara que le cubre la boca y nariz. Es necesario dormirla rápidamente. Por la cara lateral de la mascarilla se administran gotas de una sustancia volátil que son absorbidas por un aditamento de espuma, al mismo tiempo que se administra oxígeno que es aspirado por la pequeña paciente. A este procedimiento se le llama anestesia a la reina. Pronto Lina queda dormida... El doctor Lozada, vestido con su ropa estéril y guantes quirúrgicos totalmente a su medida, imparte repetidas pinceladas de alcohol yodado en el ya aséptico campo operatorio. La enfermera instrumentista alcanza ordenadamente los campos de tela verde con que los cirujanos muy correctamente cubren el desnudo cuerpo de Lina: sólo queda al descubierto una zona de 20 por 10 centímetros en la que se procederá a operar. Hay enorme expectativa en todos los presentes».
Retratada con uno de los médicos que estuvo en el parto. En 1941, 'The New York Times' publica los resultados de una investigadora de la Universidad de Columbia: no hay dudas sobre la edad, y la describe con una inteligencia por encima de lo normal. CRÓNICA

Es un tumulto. Hay hasta un camarógrafo enviado por Kodak, que registraba cada momento de la vida de Lina. A las 8:30 de la mañana, el doctor Lozada levanta el bisturí. «Un corte firme en la línea media del abdomen desgarra la tensa piel de la niña». El niño de Lina está a punto de venir al mundo. Apenas han sido cinco minutos. «El doctor Lozada sigue demostrando su experiencia y precisión quirúrgica: un corte transversal en la parte baja del útero permite la salida de líquido amniótico claro. La evidencia de la cabeza fetal es seguida por la introducción de la mano derecha del cirujano, que tira de aquella cabeza... Extrae». Está suspendido por los pies. Le da una palmada. «Para arrancar un intenso llanto: el alarido infantil inunda la sala». Se corta el cordón umbilical. Es varón. «La operación continúa. Hay un detalle que tratan de fijar bien los cirujanos: es el estado de los ovarios. Estos tienen características de adulto. Se confirma, entonces, la precocidad sexual de la niña. Se toma una muestra de ovario para realizar un estudio». Sorprende que para las características de Lina Medina, 110 cm de estatura, «los parámetros del niño son totalmente normales: mide 48 cm y pesa 2.700 gramos».

-Han hecho ustedes historia en la medicina -se le escucha decir al director del hospital.

En Lima se habla del nacimiento del Anticristo, de una gran farsa. Todos los exámenes médicos se comprueban una y otra vez. Incluso, «con la finalidad de desvirtuar dudas respecto a la edad de la niña», se nombra una comisión de odontólogos para analizar la dentadura de Lina. «Determina que aún no ha cumplido los seis años de edad, a juzgar por la presencia de específicos dientes de leche». Irrefutable.
Vuelta al infortunio

Se bautiza al pequeño como su médico: Gerardo. Comienzan a llegar las ofertas de un futuro mejor. Como asistir a la primera feria mundial de Nueva York por mil dólares semanales de la época. Una fortuna. Otra más, el inversionista Leo A. Seltzer propone un salario vitalicio más que apetecible y llevarse a Lina y Gerardito a EEUU para un estudio científico. Todos aceptan hasta que se inmiscuye el Gobierno peruano. Lo impide argumentando que se va a hacer cargo del cuidado total del niño y su madre-niña. Una farsa.

Para agosto de 1941, la protección se acaba. La familia Medina tiene que huir de la carísima Lima y volver a Antacancha. Adiós a los regalos y mimos excesivos. Eso sí, Lina se lleva algo valioso de la experiencia. Le enseñaron a leer y escribir. Agradecida, cuando retorna, hace lo mismo con sus tres mejores amigas. «Las diversiones con juguetes se intercalan con momentos de escritura». Por su educación, ha de caminar una hora para llegar al colegio. Lo hace gustosa. Sus padres Tiburcio y Victoria crían a Gerardito como si fuese su décimo hijo.

La escuela es una etapa memorable en su vida hasta que Gerardo, a los 10 años, se entera en una pelea con compañeros que su hermanita Lina es su madre. Un trauma para ambos. «A principios de 1952, Lina vuelve a Lima a estudiar taquigrafía y mecanografía». Cuenta ya 19 años, modales exquisitos, hasta había aprendido a montar a caballo. Apenas se gradúa, Lozada, su médico, la contrata para su clínica y se lleva a Gerardito a vivir con él. «Pasa de un extremo al otro, desde un rincón de la sierra en extrema pobreza a formar parte de una de las familias más aristocráticas de Lima». Todo va bien, para madre e hijo con la ayuda de su protector.
El bebé fue bautizado Gerardo en homenaje al medico que atendió el parto. CRÓNICA

Hasta que, en 1960, muere repentinamente el doctor Lozada. Y Gerardito cayó en el alcoholismo. De haber sido alumno destacado en una escuela privada de Lima pasa a los peores trabajos. Llega a ser porteador de bultos en La Parada, uno de los barrios más peligrosos que cualquiera puede pisar.

Con el tiempo, como redención, se enamora. En 1975, tras una larga decadencia, se casa, adopta los hijos de su mujer como suyos. Se dedica a vender libros con cierto éxito. El infortunio retorna. Es diagnosticado de mielofibrosis incurable. Lina, siempre a su lado, lucha para conseguir salvarle. Su Gerardito fallece a los 40 años.
Amor y muerte

Lina, mientras, había decidido callar. Huir de los medios. Con 30 años, sigue trabajando para la familia del doctor Lozada tras su muerte. Hasta que en 1966 cierran la empresa familiar. Comienza de abajo de nuevo. Una fábrica de pilas es su nuevo destino, como obrera. Allí conoce a Raúl, con el que se une. «Lina tiene 38 años y está embarazada. Una alegría inmensa inunda este pequeño hogar, un grandísimo temor había albergado sus almas por la imposibilidad de que Lina pudiera gestar. Los dos son conscientes de que el embarazo podrá ser de mucho riesgo... Es abril de 1972, la cesárea es un éxito: un varón de 3.100 gramos es el segundo hijo de Lina». Se le bautiza Raúl, como el padre.
Su retrato más reciente, registrado en 2002. Sus últimos años son de penuria. Perdió a su querido marido Raúl en 2009. JOSÉ SANDOVAL / CRÓNICA

De la felicidad a la tristeza. Fenece Gerardo Medina en 1979. El trabajo le es esquivo y su pareja no consigue nada mejor. En la jubilación sus pensiones son paupérrimas. «Forma un pequeño taller de reparación de extintores». Logran darle educación superior a Raulito. Mas el destino sigue ensañándose con la noble Lina. «En 1995, su modesta casa es derruida para construir en el lugar una nueva calle». Terminan reubicados en una «humilde y vieja casa de adobe». El segundo hijo de Lina se muda a México. Al menos, los ancianos se tienen el uno al otro. Raúl y ella. A pesar de necesitarlo, Lina rechaza innumerables entrevistas. «Y el pago de miles de dólares», confirma el doctor Sandoval a Crónica. Desde octubre de 2012 recibe 35 euros de pensión.

El mayor golpe para Lina es la muerte de Raúl Jurado, el hombre que la acompañó y amó desde que la vio, en el año 2009. Vive en soledad. Entre Lima, en un peligroso barrio llamado Chicago Chico, y Pisco, donde se descubrió su embarazo con cinco años. No habla nunca de su primer parto. Ni con sus amigas más íntimas.

El ginecólogo Sandoval -se interesó por Lina cuando hacía un informe sobre la historia del parto por cesárea y escribió la primera versión de su biografía en 2002, además de que la cuida a la distancia avisando a los médicos de que va a tal o cual lugar y ha luchado por una pensión vitalicia para Lina- describe así el presente de la niña-madre tras sobrevivir 39 años a su hijo: «A los 84, sufre el peso de su avanzada edad, sus sobrinas residentes en la ciudad de Pisco, finalmente logran persuadirla para dejar su aislamiento voluntario y allí va Lina Medina, nuevamente a la ciudad donde se diagnosticó su excepcional característica humana. Ve al encuentro de tu pasado, que el mundo te recordará por siempre... Una mujer que resulta en un caso excepcional para la medicina».

Así es Lina, que rima con vida.

jueves, 30 de julio de 2020

La CVR

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA COMISIÓN DE LA VERDAD


El entonces Presidente de la República, Alejandro Toledo muestra el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación junto al presidente de ésta, Moisés Lemlij

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), es un gran triunfo de la transición democrática peruana.  El Informe de la CVR, dado a conocer al país el 28 de agosto del 2003 consta de 9 tomos, con más de 4,000 páginas. La Conferencia Episcopal Peruana en su mensaje de Navidad del 2003 señaló que “Nosotros asumimos dicho Informe, con las limitaciones que pueda tener, porque es un trabajo valioso y punto de partida para seguir adelante” (n.1). Igualmente el entonces Presidente  Toledo, en un Mensaje a la Nación señalo que “La CVR ha cumplido una misión trascendente”.

Amplios sectores de la sociedad civil también valoran el aporte de la CVR: organismos de derechos humanos, gremios sindicales, Organismos no Gubernamentales (ONGs), sectores eclesiales y diversas personalidades; quienes durante todos estos años han seguido respaldando dicho Informe y enfrentando los nunca acabados ataques provenientes de los sectores descontentos con su labor. Algunos de los que respaldan a la CVR se han agrupado en el colectivo  “PARA QUE NO SE REPITA” (PQNSR) fundado el 28 de junio del 2003, que tiene como objetivo “impulsar, promover y vigilar la aplicación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación”.

LOS QUE SE OPONEN AL INFORME FINAL DE LA CVR           
Pero así como hay gente que valora el informe de la CVR, no faltan quienes sin haberse tomado la molestia siquiera de leer la versión abreviada del mismo (que tiene 459 páginas),  la atacan. Personaje destacado es el ex Ministro de Defensa, Rafael Rey Rey,  quien señaló últimamente que “La mayor parte de las conclusiones de la llamada CVR respecto a nuestras Fuerzas Armadas son falsas, injustas y calumniosas”, razón por la cual la prestigiosa  revista Caretas le otorgó su conocido trofeo “la concha de la semana”.

Y Caretas tiene razón al criticar a Rey por este tipo de declaraciones, que evidencian un desconocimiento de lo que realmente afirmó la CVR. Pues como bien señala Ernesto de la Jara: “Los militares y policías que están siendo procesados y condenados por hechos vinculados a violencia política [361], no son los que se enfrentaron al terrorismo, sino los que violaron derechos humanos: desaparecieron, torturaron, asesinaron y violaron a personas (…) en el caso de la violencia política los asesinados, desaparecidos, torturados, violados, etcétera, no son ni lejanamente, en su mayoría, integrantes de SL  [Sendero Luminoso] o el MRTA [Movimiento Revolucionario Túpac Amaru], sino población local entre dos fuegos”

Sin embargo, como bien dice el dicho “miente, miente, que algo queda”. las reiteradas afirmaciones del  Ministro de Defensa, y otros personajes más en ese sentido, han calado en la opinión pública. Es por eso que nos parece pertinente recordar lo que la CVR señala sobre la actuación de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Policiales en el conflicto armado interno que desangró al país entre 1980 y el 2000.

En sus números 39, 52 y 53 de las Conclusiones Generales la CVR señala que las fuerzas policiales y las Fuerzas Armadas “tenían el deber de enfrentar a los grupos subversivos que vulneraban los derechos fundamentales de los ciudadanos [y] reconoce la esforzada y sacrificada labor que sus miembros realizaron durante los años de violencia. Asimismo, rinde su más sentido homenaje al más de un millar de valerosos miembros que perdieron la vida o quedaron discapacitados en cumplimiento de su deber.

En el caso de la Policía, en su número 50 agrega que la CVR constata que: “el trabajo de inteligencia operativa de la DINCOTE (antes DIRCOTE) logró las impecables capturas de los principales dirigentes subversivos. Destacan entre ellos las de Víctor Polay Campos, del MRTA, el 9 de junio de 1992, y la de Abimael Guzmán Reinoso, del PCP-SL, el 12 de septiembre del mismo año. Estas capturas constituyeron un factor fundamental para conseguir la derrota estratégica de la subversión y el terrorismo”.

El reconocimiento de la importante labor realizada tanto por las Fuerzas Armadas, como por la Policía Nacional es neto y claro, incluso habla del heroísmo mostrado por muchos de sus miembros. Y por ello señala que la Nación tiene una deuda con esos valerosos soldados y policías que arriesgaron y en muchos casos ofrendaron sus vidas para librarnos del terrorismo. Sin embargo, la CVR también señala que tanto la Policía como las Fuerzas Armadas “aplicaron una estrategia que en un primer periodo fue de represión indiscriminada contra la población” (n.54). Y en el n. 55  afirma que “en ciertos lugares y momentos del conflicto la actuación de miembros de las Fuerzas Armadas no sólo involucró algunos excesos individuales de oficiales o personal de tropa, sino también prácticas generalizadas y/o sistemáticas de violaciones de los derechos humanos, que constituyen crímenes de lesa humanidad así como transgresiones de normas del Derecho Internacional Humanitario” Por ello pide que se juzgue a quienes cometieron dichos crímenes, no sólo como un deber de justicia, sino para evitar que la impunidad provoque que situaciones similares se repitan a futuro en nuestra Patria.

Es decir, la CVR afirma que en ciertos lugares (no todos) y ciertos momentos (no todos) algunos (no todos) de sus miembros mancharon el uniforme de la patria torturando y asesinando a mansalva a población civil (niños incluidos) o a prisioneros rendidos, lo que está prohibido por el derecho internacional humanitario. Prueba que dicha afirmación no es falsa es que la existencia de dichos delitos llevaron a la condena a 25 años de cárcel (por ser cómplice de los mismos) al ex presidente Alberto Fujimori.

Y prueba que no son afirmaciones falsas es el caso de Umasi (Ayacucho), que nos recuerda Wilfredo Ardito: “El 16 de octubre del año 1983, una columna senderista ingresó a la comunidad de Raccaya, en la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo, y secuestró a más de treinta escolares del colegio secundario.  Se los llevaron caminando hasta la comunidad de Umasi, distante ocho horas, para adoctrinarlos y adiestrarlos.   La noticia llegó a la base militar de Canaria, al mando del oficial Jorge Cárcovich Cortelezzi, y se dispuso atacar a los senderistas.  Cuando vieron llegar a los soldados, los escolares de Raccaya creyeron que iban a rescatarlos, pero los mataron a todos, hasta los que tenían catorce años o menos. Los soldados, sin embargo, no actuaron precipitadamente: se dieron tiempo para violar a las niñas antes de asesinarlas (…) En diciembre del año pasado,  se realizó la exhumación de los restos de los niños y adolescentes asesinados en Umasi, encontrándose también los restos de sus uniformes escolares”.

Y también lo que siete años después nos relata el periodista César Hildebrandt: “Un día de junio de 1991 me visitó un general de la policía. Era un alto jefe a quien yo conocía por su honestidad, su insólito afán por la lectura y –esto es lo más interesante por su amistad con Vladimiro Montesinos. La conversación fue breve. El general me dijo estar asqueado con los métodos que estaban imperando en las zonas bajo jurisdicción militar y añadió que, si seguíamos así, perderíamos la guerra con Sendero. Luego sacó un sobre que llevaba en uno de los bolsillos de su chaqueta. Abrió el sobre, extrajo un papel doblado, lo extendió y me lo alcanzó.

El papel era una orden operativa enviada desde el comando conjunto de las Fuerzas Armadas y tenía un sello que yo jamás había visto: “Incinérese después de leerse”.  La orden que allí se impartía era muy clara: exterminar a todos los prisioneros que quedaran tras una batalla con los “delincuentes terroristas” (…) Y la verdad es que se estaba matando ya no sólo a los prisioneros sino a los sospechosos y, en varios casos, a los amigos de los sospechosos. Y en muchísimos casos el exterminio era de aldeas enteras, de poblaciones indefensas”

Por todo ello la CVR recomendó la judicialización de casos probables de violación de derechos humanos cometidos durante el periodo 1980-2000.




LA JUDICIALIZACIÓN 
Se llama así a los juicios a los miembros de las fuerzas armadas y Policía Nacional y a los miembros de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru que durante el conflicto armado interno violaron los derechos humanos.

El abogado Carlos Rivera, del Instituto de Defensa Legal (IDL), en un balance cuya lectura recomendamos, afirma que si bien hubo avances los primeros años de creación de la Sala Penal Nacional (SPN) “las estadísticas de este tribunal señalan con meridiana claridad que el porcentaje de las absoluciones (85%) de acusados de violar los derechos humanos es muy superior al minúsculo porcentaje (15%) de condenados”. Pero, además, en los últimos dos años este tribunal viene consolidando una muy peligrosa jurisprudencia, exigiendo que la demostración de los hechos sea solo y únicamente con prueba directa, y no indiciaria, como fue el caso de Fujimori. Es decir, cuando varios elementos relacionados al hecho configuran un escenario que lleva a concluir  por testimonios y hechos, la culpabilidad de los acusados.  Rivera sostiene que “Todos los tribunales penales que juzgan en el mundo estos delitos utilizan este tipo de prueba”.

Rivera señala también que: “La SPN comienza a consolidar una jurisprudencia que descalifica al familiar testigo porque argumenta que tiene un interés en el caso”. Pero lo que es más grave es que: “Las sentencias de la SPN están consolidando una jurisprudencia que desvincula de manera absoluta a los jefes militares de los hechos criminales perpetrados en las zonas bajo su control militar y de las órdenes que estos emitieron, porque en estos casos la SPN está exigiendo que se demuestre la emisión de órdenes con documentos escritos (prueba documental) a pesar de que resulta evidente que las órdenes para eliminar personas fueron órdenes clandestinas, [sin prueba escrita en muchos casos] tal como se puedo comprobar en el juicio por violaciones a los derechos humanos contra el ex presidente Alberto Fujimori”.

Y agrega que “entre el 2008, 2009 y 2010 las sentencias han sido predominantemente absolutorias” Tal vez debido a que “el gobierno del Presidente García Pérez desde el inicio de su mandato ha desplegado un esfuerzo político permanente y particular en cuestionar –desde las más altas instancias- el proceso de judicialización de este tipo de crímenes. El mensaje político ha tenido siempre un solo objetivo: la liquidación del proceso de justicia”




 Adaptado de LA CVR, ALGUNAS REFLEXIONES SIETE AÑOS DESPUÉS de Pilar Arroyo (Instituto Bartolomé de Las Casas), 2010


lunes, 27 de julio de 2020

La Migración

LA MIGRACIÓN

La migración es un fenómeno tan antiguo como la humanidad misma. Los grupos humanos primitivos eran trashumantes. viajaban en estado nómada en busca de comida, especialmente de animales para cazar. Es así como salieron de la cuna de la humanidad en en valle de Hadar en Tanzania (África centro-oriental) hacia otras partes del continente, para luego desplazarse al continente asiático y luego al europeo. A América habrían migrado por el estrecho de Bering desde Rusia hacia Alaska. El proceso migratorio continuaría por miles de años poblando el continente de norte a sur. Desde entonces, la humanidad no ha dejado de migrar. Los contextos han variado, las motivaciones y las consecuencias también, y seguirán variando a lo largo del tiempo. Nunca se había migrado tanto como hoy, Lo único seguro, es que nunca dejaremos de migrar.


Losp rimeros inmigrantes extranjeros en nuestro territorio fueron os españoles, que vinieron a invadir y saquear las riquezas incaicas. Después se establecieron y formaron un núcleo importante en la sociedad

Por tanto, ¿qué viene a ser la migración? Pues, un proceso de desplazamiento de una persona o un grupo de personas de un lugar a otro para vivir en forma temporal o definitiva. en otras palabras, migrar es abandonar el lugar donde uno vive por distintas razones, para irse a vivir a otro lugar donde encontrará lo que esté necesitando (trabajo, educación, tolerancia religiosa, igualdad social, paz, etc.)

FASES
Todo proceso migratorio comprende dos procesos o fases: 1) La Emigración, o fase de salida, cuando las personas dejan su lugar de origen, sus familias y modos de vida y, 2) La Inmigración, o fase de llegada, cuando las personas que abandonaron su lugar de origen se establecen en su lugar de destino para vivir por un tiempo o en forma permanente.

TIPOS
1-Interna: cuando se realiza al interior del mismo país. De preferencia se da entre las personas pobres del campo, que van a las ciudades para mejorar su situación económica.
2-Externa: Cuando los inmigrantes son de otro país. Puede ser Egresiva; cuando las personas del país se van a vivir al extranjero y, Receptiva; cuando los extranjeros llegan al país para forjarse un mejor futuro.
3-Voluntaria: cuando las personas deciden por su voluntad emigrar a otro lugar.
4-Involuntaria o ForzadaCuando las personas se ven obligadas por las circunstancias  o cuando son obligadas por otros a abandonar su lugar de origen teniendo que irse a otros territorios. Esto ocurre mayormente en tiempos de guerra externa o interna y a estos migrantes se les llama desplazados o refugiados.

Los africanos llegaron en condición de esclavos. Después de su liberación destacaron en la cultura peruana

UN POCO DE HISTORIA
Podríamos considerar a la invasión española del siglo XVI como el antecedente más antiguo de extranjeros que llegaron a nuestras tierras, solo que no lo hicieron con la intensión de colonizar y establecerse, sino para saquear las riquezas de los incas (lo mismo pasó en México con los aztecas y en el Caribe). La mayoría de invasores españoles, comúnmente llamados conquistadores españoles, provenían de los territorios de Castilla, Toledo, Cataluña, Extremadura y Andalucía, sin embargo hubo también algunos italianos, griegos, franceses, incluso parece que hubo judíos y moros pero convertidos al cristianismo. En el caso de los negros africanos, estos llegaron a América en condición de esclavitud, en contra de su voluntad. La mayoría provenía de Guinea, Angola, Mozambique, Senegal y gran parte de África occidental. fueron traídos para trabajar en las minas, pero al no poder resistir la altitud y el frío terminaron trabajando en las haciendas costeñas, especialmente de caña de azúcar y algodón. su legado está presente en danzas, canciones y la gastronomía. Los españoles, por su parte, nos legaron el idioma, la religión, costumbres, comidas, vestimentas, etc. Con la independencia, llegaron al Perú militares de toda Sudamérica con las corrientes libertadoras de San Martín y Bolívar: Argentinos, chilenos, venezolanos, colombianos, bolivianos y ecuatorianos, aunque también, ingleses y franceses, muchos de los cuales se afincaron en nuestro país, echando raíces que perduran hasta hoy. Sin embargo, podría decirse que la presencia masiva de extranjeros en nuestro país se ha dado en tres periodos bien definidos por los ciclos económicos por los que ha atravesado nuestro país: El Boom del Guano (a mediados del siglo XIX), la República Aristocrática (en las primeras décadas del siglo XX) y la recuperación económica vivida desde la segunda década del siglo XXI), en tres oleadas migratorias.

PRIMERA OLEADA: CHINOS Y TIROLESES
Los chinos culíes fueron los primeros en ser traídos para trabajar en la extracción del guano de las islas y en la agricultura costeña, actividades antes destinadas a los esclavos negros, pero que a raíz de la abolición de la esclavitud, habían entrado en crisis por la falta de mano de obra. Fue en el gobierno de Ramón Castilla que se fomentó la migración extranjera al Perú, en pleno Boom guanero. Un pequeño grupo de inmigrantes tiroleses austro-alemanes vinieron a colonizar la selva central (Tingo María, Tarapoto y Moyobamba ente 1853 y 1854 y después a Pozuzo, Oxapampa, Villa Rica, La Merced y Satipo, hacia 1859). 

Los austro-alemanes tiroleses se establecieron en la selva central, especialmente en Pozuzo, donde su cultura permanece viva

En 1849 llegaron los chinos, en mayor número, para trabajar. Aprovechando la pobreza de su país y que este estaba en gran parte dominado por las potencias extranjeras, los empresarios peruanos contrataron trabajadores chinos (acostumbrados a trabajar duro, con poca paga y sometidos a maltratos) para que trabajen en las haciendas costeñas. Eran traídos en barcos de carga, como animales, por miles desde Cantón, Macao y Hong Kong, aunque también había algunos provenientes de otros lugares como Shanghai. Viajaban varios meses apiñados en las bodegas, con poca o nada de alimentación, hacinados en medio de sus propias heces y expuestos a todo tipo de enfermedades. Un tercio de ellos moría en el viaje y era arrojado al mar. Al desembarcar en el Perú, eran engañados, pues no todos fueron llevados a trabajar en la agricultura, como estipulaba en sus contratos, sino que fueron llevados a los campamentos guaneros, a extraer el excremento de las aves de nuestro litoral, que era tan preciado en el mundo por sus propiedades fertilizantes, que estaban contribuyendo a acabar con el hambre en Europa. Era un trabajo peligroso y sacrificado. Además de la pestilencia a la que estaban expuestos, estaban propensos a accidentes por explosiones, a caer al mar y ahogarse y a los maltratos físicos de los capataces. Pero los que tuvieron la “suerte” de ir a trabajar en las haciendas, tampoco lo pasaban muy bien. Al igual que los que trabajaban en las islas guaneras, eran sometidos a maltratos, recibían poca alimentación, sueldos miserables y hasta eran encadenados para evitar que fuguen.  En suma, los chinos en el Perú, fueron sometidos a un trato de semiesclavitud, a vista y paciencia del Estado. Se les conocía como Coolíes o Culíes, palabra que según se cree, significaba jornalero, cargador o incluso, esclavo.


Los inmigrantes chinos llegaron en dos oleadas. A mediados del siglo XIX para trabajar en los campamentos guaneros y a finales del mismo siglo, para trabajar en las haciendas costeñas de caña y algodón. El Barrio Chino y la gastronomía son sus aportes más importantes a nuestra cultura.

SEGUNDA OLEADA: ITALIANOS, JAPONESES Y MÁS CHINOS
La bonaza económica de nuestro país hizo necesaria mano de obra barata. Trabajadores a los que se les pueda pagar poco por largas jornadas de trabajo. Los chinos ya habían demostrado lo convenientes que eran para los empresarios peruanos, así que se promovió una segunda oleada migratoria de chinos a inicios del siglo XX, durante la llamada República Aristocrática; esta vez, vendrían a trabajar exclusivamente en la agricultura costeña, ya que el guano había perdido su importancia económica y estábamos atravesando un nuevo boom, el de la caña de azúcar y el algodón. A pesar que las leyes habían cambiado, su situación laboral no era muy diferente a la del siglo XIX.

Como Europa aún se hallaba sumida en la pobreza por la crisis agrícola, que no se había solucionado totalmente y porque la industrialización se había impuesto en la economía, muchos campesinos no hallaban trabajo en las ciudades, donde se requería de obreros calificados, que sepan manejar la máquinas de las fábricas. Es por eso que millones de europeos pobres, mayormente campesinos provenientes de toda Europa, especialmente de Italia, Irlanda, Rusia, Polonia, Noruega, Grecia, España e inclusive de las poderosas y desarrolladas Inglaterra, Francia y Alemania, emigraron hacia países con territorios poco poblados y con una creciente economía como Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y especialmente a tierras americanas. EE.UU. fue el país que más inmigrantes recibió, especialmente irlandeses, italianos y noruegos, pero  también chinos y japoneses. Argentina, Brasil, Uruguay, México, Venezuela, Panamá, Cuba, Chile y Colombia, fueron los países que más inmigrantes recibieron de Europa y el Perú no fue la excepción.


La comunidad italiana fua la que más prosperó en nuestro país, en parte gracias al apoyo del gobierno y a las preferencias de la sociedad peruana

Por nuestra ubicación geográfica, en la costa del Pacífico, la migración europea fue reducida, ya que era muy difícil llegar a tierras peruanas. Es por eso que la única colonia de inmigrantes europeos de relevancia numérica fue la italiana. La Compañía de Inmigración Europea los trajo desde 1872, con contratos de trabajo en las haciendas algodoneras de la costa, aunque muchos vinieron como obreros o comerciantes.

El tercer grupo de inmigrantes en Lima, por su número, fue el de los japoneses. Ellos vinieron en 1899, traídos por la Compañía Morioka en el Sakura Maru, provenientes del puerto de Yokohama, pero a diferencia de sus similares chinos, no todos eran agricultores, muchos eran técnicos y profesionales, a quienes las circunstancias los obligaron a emigrar en busca de un mejor futuro. 790 fueron los japoneses que arribaron al Callao y luego a Cerro Azul  en este primer viaje. Todos eran hombres provenientes de distintas partes del Japón: Tokyo, Niigata, Ibaraki, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi. En posteriores viajes vendrían habitantes de todo el territorio, incluyendo Kumamoto, Saitama, Shizuoka, Osaka, Kioto y Nagasaki.


La mayoría de japoneses vino a trabajar en las haciendas costeñas, pero su espíritu de trabajo, emprendimiento y su disciplina les permitieron prosperar rápido

De estas, las colonias más numerosas con más de 8 mil miembros fueron la china y la italiana, que en conjunto representaban el 60% de los extranjeros en Lima hacia 1908.

TERCERA OLA: LA MIGRACIÓN VENEZOLANA
Por mucho tiempo la migración en el Perú estuvo restringida a nuestras fronteras, especialmente entre las décadas de 1980 y 1990, en que, debido al centralismo limeño, la falta de oportunidades en las provincias, el terrorismo y la crisis económica nacional agudizada especialmente con el primer gobierno de Alan García, la migración fue básicamente de tipo interno, pues millones de peruanos provincianos empezaron a abandonar el campo para emigrar a las principales ciudades del país; a las capitales departamentales, a las ciudades costeñas y, sobre todo, a la capital, que se convirtió en el polo de atracción más grande, lo que ocasionó el rápido incremento de la población capitalina, la formación de pueblos jóvenes y asentamientos humanos, el aumento de la pobreza, el desempleo y el subempleo, el comercio informal y un largo etcétera. Sin embargo, desde el inicio del siglo XX, la situación fue cambiando. La recuperación económica de la mano de la implantación de un modelo neoliberal que inició con le gobierno de Fujimori y que fue continuado por los siguientes presidentes, donde la inversión extranjera fue fundamental para lograr la estabilidad, convirtió al país, nuevamente y después de muchísimo tiempo, en la tierra de las oportunidades para los habitantes de nuestros países vecinos que no atravesaban muy buena situación económica, especialmente argentinos, colombianos y más recientemente, venezolanos.


Perú abrió sus fronteras a la migración venezolana, que ha constituido el fenómeno
social más importante del continente de los últimos años. 

Venezuela, que por mucho tiempo era el país más próspero de Sudamérica, gracias a la alta cotización de su petroleo en los mercados internacionales, se encontraba ahora en una crisis debido a las malas decisiones tomadas por el gobierno de Hugo Chávez y después de su muerte, por su sucesor Nicolás Maduro, quien continuamente niega su responsabilidad en la crisis actual por la que atraviesa su país, echándole toda la culpa a EE.UU. y a la oposición democrática. Lo cierto es que el chavismo ha sido el responsable de una migración nunca antes vista en la región, en la que millones de venezolanos han tenido que abandonar su país debido ala escasez de trabajo, al desabastecimiento de alimentos, la hiperinflación y la violencia política y social que azota al país con mayores reservas petroleras del continente. Decenas de millones han cruzado sus fronteras, incluso a pie (en forma legal e ilegal), viajando miles de kilómetros hacia países más estables como Colombia, Panamá, Chile, Ecuador, Argentina y Perú, países donde muchos han conseguido trabajo (muchas veces con largas jornadas y sueldos bajos), pero muchos más aún no lo consiguen. Además, ya se han visto en muchos lugares, actitudes de rechazo y no han sido pocos los que sienten la marginación y hasta la violencia de los habitantes de los países donde han inmigrado. Hoy que el mundo está atravesando por la crisis del Covid-19, la situación económica de todos se ha visto golpeada, y los inmigrantes no han sido la excepción. Muchos han optado por regresar a su país, aunque, por los reportes hechos por los mismos venezolanos a través de sus redes sociales, no la están pasando tan bien como Nicolás Maduro dice.

Y lo mismo ocurre en todo el mundo. ¿Alguna vez dejaremos de migrar? Posiblemente nunca.








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ACTIVIDADES
1. Realiza un cuadro comparativo entre las distintas oleadas migratorias en nuestra historia, especificando el tiempo en que vinieron al Perú, su lugar de origen, motivos para emigrar, a qué se dedicaron y cómo fueron tratados
2.¿Cuál ha sido el legado o herencia de estos pueblos a la cultura peruana?
3. Elabora un organizador visual sobre el tema