domingo, 15 de octubre de 2017

Manuel A. Odría

MANUEL A. ODRÍA 

Retrato oficial del Presidente Manuel A. Odría 

Siempre lo conocí como Manuel Apolinario Odría Amoretti, militar tarmeño que se hizo del poder tras derrocar a José Luis Bustamante y Rivero y que se quedó por ocho años en el gobierno; periodo conocido como el Ochenio. Su gobierno fue una de los más exitosos de la  historia  en  términos  de infraestructura,  pues  construyó  más que muchos  presidentes pasados y actuales. Sin embargo, a raíz de unas láminas escolares y a la propia Wikipedia, me enteré que su segundo nombre, aquel que solo consignaba con una solitaria “A”, no era Apolinario, sino Arturo. La mencionada enciclopedia virtual asegura en una nota al pie de página que el nombre Arturo, figura en su partida de nacimiento como segundo nombre y cuya copia facsimilar aparece en el anexo de imágenes del libro General Manuel A. Odría, soldado y gobernante, editado en 1996 por la Comisión Nacional del Centenario del Ex Presidente Constitucional de la República General de División Manual A. Odría. Ante la imposibilidad de saber de dónde salió que su segundo nombre era Apolinario, optaré por referirme a él como Manual A. Odría, o simplemente, Odría.

A continuación, paso a reproducir un artículo que sobre él se publicó en el diario Perú 21, cuyas opiniones no comparto del todo, así que en determinados párrafos estaré haciendo algunos comentarios adicionales, los que aparecerán en cursiva.


  MANUEL ODRÍA(*)

“Odría nos legó una monumental obra pública sin endeudar irresponsablemente al país. Entre 1950 y 1955 el país registró superávits fiscales”.



La gestión económica de Odría fue excelente. Su gobierno es, después del de Leguía, aquel en que más creció la economía peruana en el siglo XX. Los datos son del BCRP, Bruno Seminario y Gustavo Pons Muzzo.


Cuando Leguía asume el poder en 1919, hereda un país sumido en la crisis económica y el caos social como consecuencia del final de la IGM, que golpéó duramente la economía nacional que dependía de las materias primas que las potencias occidentales compraban para afronrtar la guerra. Una crisis q acrecenta con las protestas sociales; tanto de de campesinos que reclamaban ante los abusos de los gamonales, como de los obreros, que protestaban exigiendo leyes laborales. 


Odría heredó una economía en recesión y con inflación galopante, cortesía de su inepto predecesor, José Luis Bustamante y Rivero. No solo redujo la inflación de casi 50% anual a menos de 6% sino que sentó las bases de 20 años de rápido progreso económico. Con Odría la economía creció a una tasa anual de 6.5%. Asimismo, el ingreso por habitante se expandió 36% entre 1948 y 1956. Las exportaciones se multiplicaron por dos. La productividad, que mide la eficiencia de trabajo y capital, aumentó 3.2% por año, más del triple de lo que había crecido entre 1930 y 1948.


Presidente Bustamante
José Luis Bustamante y Rivero gana las elecciones sorpresivamente, pues no era el candidato favorito. Con él pasa lo que ahora es muy común en nuestros procesos electorales, que el llamado "outsider", el "candidato sorpresa", termina ganado, gracias al apoyo brindado por el APRA y una serie de partidos con poca oportunidad de ganar. Una vez en el poder, tiene que afrontar un legislativo hostil, controlado por el APRA y la Alianza Nacional, que continuamente boicoteaban su gestión.  No es que haya sido un inepto como refiere el autor del artículo, digamos que pecó de ser excesivamente democrático. Cuando el APRA, su principal aliado en las elecciones, intenta cobrarse el favor tratando de manipular al presidente, éste, con ayuda de los militares disuelve el Congreso, manda a su casa a los parlamentarios oportunistas y forma un gabinete militar presidido precisamente por Odría, quien asume el Ministerio de Gobierno y Policía (hoy Ministerio del Interior), cargo que le permitirá realiza al poco tiempo un golpe de Estado contra el presidente que lo acercó al gobierno.



Arribe: Momento en que Odría toma el poder por la fuerza.
Abajo: Un diario local dando la noticia del golpe de Estado

El gobierno de Odría tuvo el viento a favor de la Guerra de Corea que incrementó el precio de nuestras exportaciones. Pero el desempeño económico del Perú superó con creces al de otros productores de materias primas. Así, entre 1948 y 1956 el Perú creció cada año 2.8% más que Chile y 1.7% más que América Latina.


Apenas cinco años después de finalizar la II Guerra Mundial, el mundo vivía una nueva amenaza a la paz cuando tropas de Corea del norte cruzan la frontera para atacar a su vecina del sur con la finalidad de unificar toda la península bajo el régimen marxista de Kim Il Sun. Como se vivía en plena guerra Fría, EE.UU. y URSS se involucran en este conflicto, dando la posibilidad de arrastrar a la humanidad a una nueva contienda de carácter mundial, que tendría como ingrediente adicional, el uso de armas nucleares. Esto motiva a EE.UU. a aprovisionarse de materias primas, necesarias para afrontar una guerra que podría durar mucho tiempo.

La política económica de Odría consistió en dejar libre la iniciativa privada desmantelando los controles cambiarios y de precios que tanta escasez y caos habían causado. La inversión privada, nacional y extranjera, fue el motor del crecimiento en el ochenio. Grandes minas, como Toquepala y Marcona, se iniciaron con Odría.


Casi una tradición es que el Estado sea el principal agente de la economía nacional, no solo controlaba los precios de los productos, sino que el empleo dependía directamente de él. Este modelo pocas veces ha sido exitoso, y el gobierno de Bustamante no fue la excepción; la inflación crecía y los sueldos perdía progresivamente su poder adquisitivo ya que los precios de los productos de primera necesidad aumentaban continuamente, por lo que empezó la especulación  y la escasez por parte de los malos comerciantes. Muchos de ellos se vendían solo en los estancos y en cantidades limitadas, por lo que la población hacía -desde la madrugada- largas colas para comprar azúcar, arroz, leche, aceite, etc. Para darle solución al problema, subsidió productos de primera necesidad importados, generando sin querer una ola de corrupción en la que sus aliados apristas estuvieron directamente involucrados, pues resultaron ser apristas los comerciantes especuladores o los que aprovechaban esos precios subsidiados para adquirir productos a bajos precios, para luego venderlos a mayor valor. (cualquier similitud con el gobierno aprista de 1985-1990 no es coincidencia). Odría cambió esta política asistencialista y controlista, apostando por la inversión privada.


Modernos edificios públicos empezaron a levantarse en la ciudad
La obra pública de Odría fue vasta y descentralizada. Edificó 31 grandes unidades escolares, 19 en provincias, más de 800 escuelas primarias en campo y ciudad, 37 escuelas bilingües, además de universidad de La Cantuta y muchos otros centros de formación docente. Construyó el Rebagliati, que sigue siendo nuestro más moderno e importante hospital, así como la planta de la Atarjea, de la que 60 años después bebemos agua potable en Lima. Modernizó el Estadio Nacional y promovió el deporte. Los integrantes del mejor medio campo de la primera ronda de Argentina 78, Cubillas, Cueto y Velásquez, nacieron durante el ochenio. Odría nos legó una monumental obra pública sin endeudar irresponsablemente al país. Entre 1950 y 1955 el país registró superávits fiscales. Además, en su gobierno los trabajadores empezaron a recibir gratificaciones y participación en las utilidades.



 Grandes Unidades Escolares
A diferencia de la mayoría de dictadores militares que ha tenido nuestro país, Odría realizó muchas obras, la mayoría de ellas de infraestructura, es verdad, al fin y al cabo, ese tipo de obras son las que garantizan el poyo popular, la posibilidad de triunfo en un posible proceso electoral y, a largo plazo, permanecer en la memoria de la gente y eventualmente, pasar a la historia como un gran gobernante. Eso, al parecer, lo sabía muy bien Odría, pues fue una de los presidentes que más ha construido en nuestro historia, y no solo en Lima. A diferencia de otro gran constructor de infraestructura, el presidente Augusto B. Leguía, que gran parte de sus obras las realizó en Lima (a tal punto que lo satirizaban diciendo que más parecía el Alcalde de Lima que el Presidente del Perú), Odría descentralizó sus obras. Lo que hacía en Lima, también lo hacía en provincias, aunque en menor número: Grandes Unidades Escolares, escuelas primarias y secundarias, hospitales, carreteras, obras de irrigación y más; aunque, valgan verdades, la mayoría se hicieron en las capitales provinciales, al menos es algo. Aún así, no se puede negar que su obra fue vasta e importante. Gracias a él, la mayoría de peruanos lograron tener atención médica con la creación del Seguro Social del Empleado, ampliando así una labor que iniciara tiempo atrás el Presidente Benavides con la creación del Seguro Obrero. Construyó grandes hospitales como el Hospital del Empleado (hoy conocido como Edgardo Rebagliati) y el Hospital Militar; construyó los modernos locales de las universidades nacionales más importantes: San Marcos, la UNI, Agraria y la Cantuta; levantó los locales de los ministerios de Hacienda (hoy Economía), en la avenida Abancay, el Ministrerio de Trabajo, en la avenida Salaverry y el Ministerio de Educación, que en su tiempo sería el edificio más alto y moderno del Perú. Además, consciente que en este país, gran parte de la población piensa en el fútbol desde que se levanta hasta que se acuesta (como se ve hoy por la posibilidad de clasificar al Mundial de Rusia del 2018), construyó el nuevo Estadio Nacional....Al fin el Perú tenía un escenario deportivo digno para grandes eventos internacionales. Mucho de lo que construyó aún sigue en pie, testigo de todo tipo de fenómenos naturales que han azotado al país, especialmente terremotos, que no han podido tumbarlos. Y si hablamos de vivienda, su política fue exitosa. Unidades vecinales como Matute, el Rímac, Mirones, y Angamos; modernas urbanizaciones de edificios multifamiliares construidas en terrenos de antiguas haciendas y fundos, que contaban con amplias áreas verdes, losas deportivas, mercado, local comunal, capilla, comisaría y colegio. Eran como pequeñas ciudades dentro de la ciudad. Aún existen -algo avegentadas y tugurizadas- pero han durado mucho más que gran parte de lo construido por presidentes posteriores.


Unidades vecinales, modelo de barrios planificados
Junto a las antiguas y tradicionales quintas y callejones de un solo caño, la masiva inmigración de provincianos a Lima dio origen a las entonces denominadas "Barriadas", que transformaron radicalmente el paisaje urbano de la capital
Odría le otorgó a las mujeres el derecho a votar en elecciones generales.

Odría no fue un príncipe del bien. Fue un feroz dictador. 
Ernesto Montagne Markholz
Como bien sabemos, Odría entró al gobierno por la puerta falsa de la dictadura, haciendo un golpe de Estado contra el presidente Bustamante,  con muchos errores y una situación interna difícil, pero democraticamente elegido al fin y al cabo. Y si bien, Odría ganó posteriormente las elecciones de 1950, que lo convirtieron en Presidente Constitucional, lo hizo en circunstancias sospechosas, pues el candidato opositor, el General Ernesto Montagne, (de gran trayectoria desde los tiempos de Sánchez Cerro), fue acusado de instigar una revolución en Arequipa, así que su candidatura fue anulada, se le apresó y desterró a Argentina. Regresa al poco tiempo, ya como civil, muriendo en Lima en 1954. Sin más candidatos que le puedan aguar la fiesta, Odría gana las elecciones. Así es fácil ganar. 


Alejandro Esparza Zañartu
Ya en el poder, se dedicó a perseguir a todo aquel que ose criticarlo. No había libertad de expresión y los partidos políticos como el APRA estaban proscritos. Las cárceles estaban llenas de apristas; sus locales partidarios fueron cerrados y sus líderes deportados o recluidos en prisión. El responsable de esta represión fue el Ministro de Gobierno Manuel Esparza Zañartu, el poder detrás del poder. Digamos que fue el Vladimiro Montesisnos de Odría, encargado del trabajo sucio del régimen hasta 1955, año en que Odría cedió a las presiones de las clases altas y de la población, pidiendo la renuncia del ministro Esparza, quien luego de renunciar partió al exilio en Europa. 


Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. El país se hundió cuando, entre 1968 y 1990, viramos hacia el socialismo velasquista dejando de lado las sensatas políticas económicas de Manuel Arturo Odría, el general de la alegría.

Juan Velasco Alvarado
El General Juan Velasco Alvarado es uno de los presidentes más polémicos de los últimos 50 años. Se le quiere o se le odia, se le idolatra o se le repudia; todo depende del lado en que se estuvo durante su gobierno. Si uno fue un campesino indígena beneficiado con tierras gracias a la Reforma Agraria, es lógico que considere a Velasco como el mejor presidente de nuestra historia, pero si uno fue un terrateniente al que se le expropió la hacienda o un empresario industrial, minero o de las telecomunicaciones al que le expropió la fuente de su riqueza, lógicamente que no hablará bien de Velasco. Para él, "el chino" como era conocido, fue el peor gobernante que haya tenido el Perú desde que se convirtió en República; el que por sus ideales socialistas, nos sumió en un crisis tal, que comprometió nuestro futuro como país, al menos hasta mediados de los 90. Incluso si uno fue rockero o hippie setentero, posiblemente odie a Velasco también, porque prohibió estos géneros musicales a los que consideraba extranjerizantes y alienantes, más todavía si es que uno había comprado su entrada para el concierto que Santana (el rockero más exitoso del momento) iba a dar en Lima. ¿El argumento?  que eran unos drogadictos que daban un pésimo ejemplo a la sana juventud peruana. Todo depende del cristal con que se mire.

Izquierda: Afiche publicitario del concierto que daría Santana en el estadio de la universidad San Marcos. Derecha: Preciso instante en que Santana y su banda es intervenida por la policía en el aeropuerto, para luego obligarles a regresar a en el mismo avión en que vinieron. ¿Y los que pagaron su entrada? Hasta donde tengo entendido, se quedaron con el boleto como recuerdo de un concierto que nunca se dio. El sueño de toda una generación arruinado por los prejuicios injustificados del presidente.

Para finalizar, sobe su apodo de "General de la Alegría", le vino de su carácter pero además porque en su gobierno se pusieron de moda alegres ritmos foráneos como el Mambo, de la mano del genial Dámaso Pérez Prado, quien trajo desde su natal Cuba, vía México, este  frenético ritmo, tachado de indecente por la Iglesia y los sectores conservadores de la sociedad de la época. La radio y el cine jugaron un papel importante en su difusión, pues el mambo y el bolero, eran los protagonistas de las grandes producciones de Cantinflas y Tin Tan.  Aparecieron los cabarets donde las chicas bailaban con escasas ropas llenas de plumas y "bobos"; con algo había que distraer a la población para que no reclame por la falta de elecciones. Incluso corre un rumor extraoficial, que Odría gustaba mucho de las "chicas de la vida alegre", y que precisamente se fracturó la cadera al caer por las escaleras mientras persiguía a una de esas chicas que acostumbraba llevar a su residencia privada en La Perla.



 El Mambo llegó al Perú vía las películas de los más importantes cómicos mexicanos de esos años, Cantinflas y Tin Tan.


Dámaso Pérez Prado, director de orquesta cubano, introdujo en toda América el Mambo, ritmo que escandalizó a la sociedad de la época por sus bailes frenéticos y llenos de sensualidad. Las principales bailarinas de la época como Tongolele y Anacaona, alborotaban a los caballeros con sus escasas ropas.


Resultado de imagen para Juan Mendoza,  diario Perú 21.
Juan Mendoza, autor del artículo.












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(*) Artículo de Juan Mendoza, publicado el 22/10/16 en el diario Perú 21.


sábado, 2 de septiembre de 2017

Los Estados Unidos del Norte y los Estados Desunidos del Sur

LOS ESTADOS UNIDOS DEL NORTE Y LOS ESTADOS DESUNIDOS DEL SUR
(Jorge Basadre Grohmann)



Las colonias inglesas  de América, dirigidas por protestantes, enemigos de la jerarquía eclesiástica y secular, fueron, al emanciparse, a la unidad política, o sea, a los Estados Unidos. En cambio, las colonias españolas de América, gobernadas directamente por la monarquía, e imbuidas durante tres siglos en los principios político-religiosos de ella, se sumieron en la dispersión, osea, formaron los Estados Desunidos. Y es que esa misma organización y poder fuertes del gobierno de América española sembraron, precisamente, varios núcleos de población, hondos intereses, poderosas fuerzas colectivas que estuvieron esparcidos a lo largo de todo el continente.

Estados Unidos de América Latina
Las Trece Colonias que dieron
origen a EE.UU.
Ganar la guerra de independencia en Norteamérica costó solo seis años en el norte, y no catorce como en el sur. La misma amplitud y extensión de las colonias españolas americanas las alejó entre sí. Las colonias inglesas, mucho más pequeñas y geográficamente más unidas, no tuvieron en el norte del continente las altas cordilleras, los espaciados desiertos y la inmensa selva como barreras y obstáculos. Bien  pronto, por otra parte, los Estados Unidos vivieron en el siglo XIX bajo la influencia de la preocupación por el aprovechamiento y el desarrollo de las fuentes de riqueza en los territorios que estaban a su alcance, dentro de una expansión de pleno tipo capitalista a la que no convenía el aislamiento de las distintas zonas, sino precisamente su alcance.

Hacia la mitad del siglo afrontó ese gran país el drama de la escisión cuando surgió la guerra del Norte contra el Sur separatista. El norte representó, como se sabe, el industrialismo en pleno desarrollo, ávido de conservar y consolidar la unidad. En la zona meridional dominaba, en cambio, una economía agraria y precapitalista, regionalista, destinada a morir en Estados Unidos, pero todavía no en América meridional. En ésta fue como si el sistema del sur de los Estados Unidos anterior a la Guerra de Secesión continuara vivo.

Tres proyectos político-territoriales que podrían ser considerados un intento de unir a Sudamérica: La Gran Colombia, La Federación de los Andes y la Confederación Peruano-Boliviana.
Al amparo de la unidad nacional inicial luego reforzada, fue más fácil en Estados Unidos el desarrollo de los medios de comunicación que, además, no tenía ante sí, los obstáculos geográficos existentes en Hispanoamérica; y así pudo consolidarse una estrecha relación entre materias primas e industrias y entre productos y mercado. Por el contrario, los Estados de la América desunida, a la zaga en el proceso capitalista del siglo XIX, casi no comerciaron entre sí; cada uno de ellos exportó sus materias primas y dependió del extranjero para obtener capitales y productos manufacturados. Ello fue, sin duda, otro factor favorable a su aislamiento.

Libro del Presidente argentino Juan Domingo Perón donde se exponen sus ideas de unión y acercamiento de los países sudamericanos basándose en sus similitudes históricas, lingüísticas, religiosas y costumbristas. Con su libro buscaba crear una conciencia latinoamericana.


Otros libros que abordan la temática. El primero es uno de los más antiguos, data de 1927.



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(*) Artículo tomado de la Nota Preliminar de la octava edición de "Historia de la República del Perú", tomo 1, de Jorge Basadre Grohmann.

lunes, 14 de agosto de 2017

¿Para qué se fundó la República?


¿PARA QUÉ SE FUNDÓ LA REPÚBLICA?(*)


Jorge Basadre Grohmann

PARTE I
La primera cosa que tiene que hacer toda auténtica juventud es aprender a no venderse. Nada más grave para el futuro y para la salud moral de una nación que las asambleas de pusilánimes y aprovechadores venales cuyo lenguaje común es tratarse mutuamente como respetables. No solo los políticos sino muchos grandes médicos y grandes abogados y profesores y aristócratas e intelectuales entran en esa lucrativa confraternidad.
El deber fundamental de un joven es el de la decencia substancial. Para construirla y sostenerla, ningún material mejor que la indiferencia necesaria para que las naturalezas subalternas importen poco. Hay que aprender a decir que no en contra de uno mismo. Será el mejor acto que se pueda realizar en un país enfermo de consentir. Si el espíritu de la nueva generación predomina la tendencia a decir que sí, hay que sospechar que la decadencia colectiva es tremenda. Pero nada tan sencillo aparentemente y tan difícil de hacer bien y tan delicado para realizar con rigor, nada tan arduo que requiere tanto coraje como ser hombres de afirmación y no de mera negación.
Sobre las ruinas de lo que se niega, hay que fundar lo positivo. La verdadera calidad de un espíritu depende del modo cómo prolonga hacia adelante su pensamiento y su acción bien parado en los pies propios, adherido con garras a las verdades sólidas y esenciales contra todos los elementos contingentes de la existencia exterior, sin confiar más que en el fruto de la dedicación de la vida a una labor clara y humana.
Chesterton ha dicho: “Yo no sabía lo que entendía por libertad hasta que la oí designar con el nuevo nombre de Dignidad Humana”. Más que nunca en este instante del mundo es preciso construirse por dentro como una voluntad y como una aspiración de Dignidad. No hay mejor que aquel que logra poseer de las cosas, aun de las más temporales, una concepción intemporal.
Quien no se sienta capaz de ser religiosamente honrado en su soledad se condenará fácilmente a la perdición y por sonora que sea su creencia proclamada, por ruidosos que suenen los golpes que se da en el pecho, se entregará fácilmente a la individual rapiña y a todo lo peor con tal de que le otorgue poder.

PARTE II
Hay quienes ven la historia republicana del Perú como una cueva de bandoleros o un muladar que solo merece desprecio o condena. Algunos, en cambio, se precipitan en su recinto para querer convertirlo en un santuario y venerar en él a los antepasados propios y ajenos. Y no faltan los que se embelesan, como ante un tesoro, ante el dato escueto. Aquí se ha buscado, ante todo, comprensión, objetividad, coordinación, ensamble, sin odio para nadie y sin adulación para nadie, tratando de superar el atolondramiento, la vehemencia, el encono, la suciedad y la mezquindad, pagas de la vida criolla.
Al procurar que se haga la “toma de conciencia” de un pasado tan turbulento y tan escabroso y al mismo tiempo tan peruano como es el del período de la república en nuestra historia, se está buscando, en realidad, una forma de maduración nacional.
Tomar conciencia de la historia es hacer del pasado eso: pasado. Ello lleva a aceptarlo como carga de gloria y de remordimientos; pero implica, además, percibir que lo muerto, por el hecho de haber vivido en forma irrevocable, ya dejó de ser y hay que asimilarlo al patrimonio del presente. Somos un producto del ayer y estamos viviendo en parte en lo que de él quedó al deslizarse para convertirse en presente, por todas partes nos rodea; pero a la vez tenemos que afrontar nuestra propia vida con sus propios problemas, como individuos, como generación, como pueblo, como Estado, como humanidad.
Los tres grandes enemigos del porvenir mejor son los podridos, los congelados y los incendiados. Los podridos han prostituido y prostituyen palabras, conceptos, hechos o instituciones al servicio exclusivo de sus medros, de sus granjerías de sus instintos, y de sus apasionamientos. Los congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no imitan sino a quienes son sus iguales, a quienes son sus dependientes, considerando que nada más existe. Los incendiados han quemado sin iluminar, se agitan sin construir.
Toda clave del futuro está ahí: Que el Perú no se pierda por la obra o la inanición de los peruanos.

PARTE III
¿Para qué se fundó la República? Para cumplir la promesa que ella simbolizó. Y en el siglo XIX una de las formas de cumplir esa promesa pareció ser, durante un tiempo, la preocupación ideológica por el Estado y el individuo y más tarde la búsqueda exclusiva del desarrollo material del país. En el primer caso, el objetivo propuesto fue el Estado eficiente; en el segundo caso, fue el país progresista. Los hombres del siglo XIX no lograron la estabilidad en las relaciones entre el Estado y el individuo ni el sistemático progreso del país. Mas en la promesa alentaba otro elemento que ya no era político ni económico. Era un elemento de contenido espiritual, en relación con las esencias mismas de la afirmación nacional. ¿Comprendieron y desarrollaron íntegramente y de modo exhaustivo ese otro matiz de la promesa los hombres del siglo XIX?

Recoger y proseguir, de acuerdo con el espíritu de cada momento histórico, lo que pudo haber de idealista, de progresista, de ímpetu de creación en quienes, en este suelo ungido por los siglos, dominaron a la naturaleza, fecundaron la tierra, fundaron sus hogares, crearon la Patria, dieron acento propio a nuestras cosas, simbolizaron, en suma, una actitud humanista, demócrata, liberal, social y creadora. ¡Ser conscientes de la inmensa tarea que falta por hacer; exigir para el planteamiento y la solución de cada caso, dos cualidades, justicia y eficacia, organizarse en línea de agresión contra todas las inmoralidades de nuestra vida criolla, desde los grandes o pequeños peculados, hasta los gritos radicales o reaccionarios, los desbordes primitivos y la mentira de nuestros convencionalismos! Querer un Perú en buena salud, no solo por la acción, que debe ser fundamental y primordial sobre sus flagelos biológicos y sociales, sino también por la honestidad cívica. Eso es comprender y eso es querer cumplir en nuestros días la promesa de la vida peruana.



Ernesto Yepes del Castillo

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(*) Selección de Ernesto Yepes del Castillo sobre el texto original de Jorge Basadre Grohmann, publicado en "Textos Esenciales". Fondo Editorial del Congreso, 2004. Págs. 97-99.
pág. totales 535. Artículo publicado por el diario La República entre el 27 y 29 de julio de 2017.



sábado, 29 de julio de 2017

Fiestas Patrias durante la Chilenización

LAS FIESTAS PATRIAS DURANTE LA CHILENIZACIÓN 

Representación de como pudo haber sido la celebración del 28 de julio en Arica durante la ocupación chilena. Se puede apreciar a soldados chilenos presto a reprimir a los peruanos que en ese momento escenifican el ingreso del Libertador José de San Martín a Lima. Las manifestaciones públicas de peruanidad estaban prohibidas y eran duramente silenciadas y sancionadas con pena de cárcel.

Aprovechando las Fiestas Patrias, reproduzco un interesante artículo publicado este 28 de julio por el diario La República, donde se explica con detalles cómo los peruanos de Arica pasaban las Fiestas Patrias en plena ocupación chilena.

UN POCO DE HISTORIA
Como es bien sabido, el 1879 Chile invade territorio peruano como consecuencia de una mala decisión política tomada por el Presidente boliviano Hilarión Daza, quien aplicó un impuesto de 10 centavos por cada quintal de salitre que los empresarios chilenos extrajeran de la provincia de Atacama. El precio no parece alto, pero si tomamos en cuenta que cada quintal equivale a 46 Kg y más aún, que se extraían toneladas de salitre por cada cargamento, el impuesto resulta elevado. Esto sirvió de excusa para que Chile le declare al guerra a Bolivia, una guerra deseada desde hace tiempo. Pero fue su irresponsable actitud de declararle al guerra a Chile sin consultar al gobierno peruano, con el que tenía pactada una alianza defensiva, lo que terminó por involucrarnos en una guerra aparentemente ajena; y digo aparentemente, porque se sabe que el gobierno chileno tenía como objetivo final apoderarse del sur peruano, hasta Arequipa, según la visión geopolítica de su ministro histórico Diego Portales. Esta alianza, en teoría secreta, y la intermediación en el conflicto de la Misión Lavalle, le dieron el pretexto que tanto buscaba Chile para declararle la guerra al Perú, la que se formalizó un funesto 5 de abril de 1879.

La guerra fue un desastre total para el Perú. No solo no estábamos bien preparados militarmente hablando, sino que estábamos divididos política y socialmente, cosa que se evidenció a lo largo de la guerra. El resultado peor de lo que se podía esperar; la quiebra económica, miles de muertos, heridos, discapacitados, desaparecidos, pérdida de una parte de nuestro patrimonio cultural y sobre todo, la pérdida de territorio, etc.

El 20 de octubre de 1883, se formaliza la derrota peruana con la firma del Tratado de Ancón, por el cual el gobierno peruano -en ese momento al mando del general Miguel Iglesias- entrega a perpetuidad a Chile la provincia de Tarapacá, con sus grandes yacimientos salitreros, además cedía temporalmente a Chile las provincias de Tacna y Arica, las cuales quedarían cautivas de Chile por un periodo de 10 años, al término del cual el gobierno chileno debería haber realizado un plebiscito para que la población de estos territorios votasen a favor o en contra de quedarse en Chile. Como es de suponer, en un tiempo tan corto, los habitantes de Arica y Chile no votarían a favor de Chile, así que el gobierno sureño optó por retrasar la consulta popular y aplicar una agresiva política de chilenización, destinada a -en un futuro- obtener un resultado favorable en caso se realice el plebiscito. 

Es precisamente en este periodo que se sitúa el artículo del diario La República.



FIESTAS PATRIAS PERUANAS EN LA ARICA TOMADA DEL AÑO 1893*



El 28 de julio que hoy celebramos tiene para Tacna y Arica una importancia especial. Los hijos de este departamento esperan y desean que este aniversario del natalicio de la República del Perú, sea el último que deje de celebrar fuera del seno de la patria. 

El editorial del quincenario El Morro de Arica, del viernes 28 de julio de 1893, expresaba el sentir de los peruanos que por la fuerza de las armas habían dejado de pisar suelo patrio. Habían pasado diez años del Tratado de Ancón (1883), por el que el Perú cedió Tarapacá a perpetuidad y se determinó la ocupación chilena durante diez años de Tacna y Arica.

 
El editorial de El Morro de Arica de ese día, escrito por Enrique Ward, incidía en que había llegado el momento de volver a la patria, y señalaba que las costumbres se mantenían, al igual que el amor por el país. El editorial continuaba así: (...) ¿Qué son 72 años? ¡Cortísimo período en la historia de la humanidad! Sin embargo, han bastado para hacer indisolubles los lazos que nos unen al Perú. (...) El día de hoy es para nosotros un día de esperanza y de anhelo patriótico, porque afianzando la idea de nuestra nacionalidad hace latir el corazón con más fuerza y rebosar los sentimientos de amor patrio.

Tenemos pues derecho perfecto para pedir a nuestros tribunos, que trabajen sin descanso por nuestra redención. Deben ocuparse de preferencia en esta magna, y no le negamos, difícil empresa. El país entero goza hace un decenio de paz completa. El orden, condición indispensable para llevar a feliz término esa labor, se ha afianzado. El trabajo, palanca potente, con que la civilización moderna opera sus grandiosas transformaciones, ha tomado general incremento, y levanta nuestro crédito paulatinamente.
(...) Por estas consideraciones, aunque la expectativa sea incierta, esperamos que nuestro ideal, el de una pronta redención sea una realidad.

Deseamos para el próximo 28 Julio, ver tremolar en el histórico Morro de Arica, la bandera bicolor que nos legaron los próceres de nuestra Independencia.Entonces repercutirá en el flanco de esa mole el grito unísono de un pueblo agradecido y gozoso, el grito de ¡Viva el Perú!

Publicaciones como El Morro de Arica y La Voz del Sur eran por entonces tribunas para que las noticias de interés peruano llegaran a la población. Enrique Ward Zegarra y Gerardo Vargas Hurtado dirigían estos bimensuales que se editaban en Arica. Mostraban amor por la patria ausente.

“En cada página del periódico están impresas las vivencias de los peruanos que habitaban Tacna y Arica cuando quedaron en manos de Chile. Ese valiente periódico ariqueño alentó a mantener viva la llama de la peruanidad”, señala el documentalista Luis Enrique Cam.

Precisamente, Cam lanzó hace poco el libro El Morro de Arica, donde relata la resistencia del periodismo peruano durante el cautiverio.

El quincenario era muy leído en el puerto de Arica, en Tacna y Tarapacá. Su primer número se publicó en 1890 y se mantuvo vigente hasta su violenta clausura por las autoridades chilenas en 1911.
“Los valerosos periodistas peruanos no doblegaron su pluma ante el invasor. Pedían al gobierno peruano que siga adelante con las negociaciones para que Arica vuelva al seno de la patria”, señala Cam.

FIESTA EN SILENCIO
Una muestra viva de la labor de Gerardo Vargas Hurtado es su bisnieta, Ana María Vargas Herrera, quien relata que los festejos de las Fiestas Patrias se realizaba en la casa de su pariente. En ese lugar servían un almuerzo y se reunían notables peruanos aún afincados en la Arica tomada.

"Llegó un momento que la celebraciones tuvieron que ser clandestinas. Antes había romerías, verbenas, festejaban el recuerdo al niño Alfredo Maldonado, héroe en la batalla de Arica, pero todo se prohibió. Eso sí, mi bisabuelo nunca dejó de celebrar las fiestas, siempre fue un gran patriota", recuerda Ana María.

El gobierno del sur permitía realizar ceremonias cívicas. De forma privada hacían un culto a la patria. A la vez, las instituciones chilenas doctrinaban a los niños con su currículo, tratando de dejar de lado la historia peruana, sus símbolos patrios.

"Siempre tendré en el corazón un dolor al recordar las Fiestas Patrias. Yo hubiera querido tener a mi familia ariqueña completa, pero la perdí por la guerra, el plebiscito y las persecuciones. Además, pienso en los hermanos tacneños, de Arica y Tarapacá, los abusos que se cometieron y lo que sufrieron nuestros ancestros", recuerda Ana María.

El antropólogo Michael Tapia, que investiga los hechos realizados por Gerardo Vargas y otros ariqueños y tacneños, manifiesta que la educación peruana se mantuvo en escuelas clandestinas y en la enseñanza de los padres; mientras que en los colegios fiscales chilenos buscaban desterrar cualquier símbolo patrio del Perú.

ACTOS CONTRA LA PATRIA
Pero a pesar de la chilenización violenta, se lograron actos de amor por la patria peruana, como colocarse la escarapela a sabiendas de que, solo por ese acto, los montoneros iban a atacar las viviendas que mostraban amor al Perú.

"En Fiestas Patrias se logró realizar la procesión de la bandera peruana en Tacna, que es punto de inicio para esta costumbre que se hace cada 28 de agosto, el día que vuelve al Perú. Pero tiene su punto de inicio en el 28 de julio de 1901", afirmó Michael Tapia.

Agregó que el pedido aceptado por el intendente chileno lo efectuó la Benemérita Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos 'El Porvenir', la cual se reunió con los connotados de la localidad tacneña para poder conmemorar las Fiestas Patrias peruanas.

"Realizaron un recorrido del estandarte peruano por las calles de Tacna. La gente estaba vestida de negro, en procesión, algunos derramando lágrimas. Finalmente realizaron una ceremonia civil de forma privada. Años después lograron llevar a cabo este acto cívico, pero luego fue censurado por la autoridad sureña", cuenta el antropólogo tacneño.

LA VUELTA AL PERÚ
Tras un plebiscito frustrado por la administración del sur, finalmente se firmó el Tratado de Lima. Se decidió que Arica quedaba en poder de Chile y Tacna se reincorporaba al Perú, luego de 49 años (Batalla del Alto de la Alianza 1880-Reincorporación de Tacna 1929).

De esta forma, aparecieron algunos héroes civiles, poco conocidos por la sociedad, quienes también lucharon contra la chilenización y gritaron: ¡Viva el Perú!

Como complemento al artículo principal, el diario publica las opiniones del conocido historiador sanmarquino Ernesto Yepes del Castillo, que reproduzco a continuación.

LA BANDERA Y EL DESFILE FUERON PROSCRITOS
Tacna fue mantenida cautiva por Chile desde la batalla del Alto de la Alianza, el 26 de mayo de 1880, hasta el 28 de agosto de 1929. Arica cayó definitivamente en poder de
Chile desde junio, un mes después.Para ambas poblaciones cada 28 de julio, durante casi 50 años, devino en un día de afirmación respecto a la patria lejana, añorada por los adultos y viejos, desconocida para los jóvenes y niños. Este drama tuvo, sin embargo, dos escenarios distintos. De 1880 a 1900 y de 1900 a 1929.

En el primero Chile se presentó generoso buscando mostrar las bondades de vivir bajo su bandera, a fin de ganarse la voluntad de la población cautiva. Como la lealtad al Perú se mantuvo férrea, Chile optó por la violencia y el callamiento de toda manifestación pro Perú. Esta segunda etapa fue más larga: fueron 30 años de feroz represión. Ni el 28 de julio se libró de esta mordaza.La bandera y el desfile fueron proscritos. Ante el tenaz requerimiento de miles de peruanos, Chile cedió con una condición: la marcha sería silenciosa, sin tumultos ni quejas. Entonces, el 28 de julio, Tacna personificó una de las epopeyas cívicas más vibrantes: mujeres, hombres, niños y viejos seguían el pabellón nacional cubriendo las calles con doloroso silencio. (Ernerto Yepes del Castillo)



































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(*) Tomado del artículo homónico de Eduardo Salinas, publicado en el diario La República, en su edición del 28 de julio del 2017.